NovelToon NovelToon
El magnate dormido despertó… y juró no soltarme

El magnate dormido despertó… y juró no soltarme

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Matrimonio contratado / Posesivo / Novia sustituta / Completas
Popularitas:442.8k
Nilai: 4.5
nombre de autor: Dupi

Renata creció siendo "la hija recuperada" de una familia que solo la quería para pagar sus deudas. Cuando la constructora de los Beltrán se hunde, el trato es simple: una boda con los Vargas a cambio de un rescate millonario. La novia debía ser Camila, la consentida de la casa. Pero Camila huye… y empujan a Renata al altar de un hombre que ni siquiera puede decir "sí": Maximiliano Vargas, el empresario más temido de México, lleva meses en coma.

Renata acepta sin pelear. Tiene sus propias razones —y una herida que nadie conoce—. Lo que no imagina es que, bajo esa apariencia de hombre dormido, Max está despierto. La oye. La observa. Y por primera vez en su vida, alguien la ve de verdad.

Cuando Max abre los ojos, el imperio entero contiene la respiración esperando el divorcio. En cambio, el hombre al que llaman "témpano de hielo" la toma de la mano frente a todos y se niega a soltarla. Mientras tanto, Renata empieza a mostrar quién es en realidad: una cirujana brillante que esconde más de un nombre, más de un secreto y un pasado que la persigue desde un hotel, cinco años atrás.

Entre suegras venenosas, una falsa primera dama del corazón, traiciones de familia y dos niños que aparecen donde menos se espera, Renata tendrá que decidir si se atreve a creer en el único hombre que la eligió cuando nadie más lo hizo.

Porque algunos secretos no se entierran. Regresan. Y este tiene los ojos de Max.

¿Y si el hombre que la compró fuera también el que perdió con ella lo que más amaba?

NovelToon tiene autorización de Dupi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2

Capítulo 2: Siete años de deuda ajena

La doble puerta del quirófano se abrió con un suspiro de aire frío y Renata salió quitándose el gorro. Tenía la nuca empapada y las manos todavía firmes, esa firmeza rara que solo le quedaba después de cerrar bien.

El doctor Horacio Zamora la esperaba apoyado en la pared, con una sonrisa que en él equivalía a un abrazo.

—Cuarenta minutos —dijo—. Yo le dije a los de arriba que se podía. Dos de tus colegas firmaron que el paciente era inoperable, ¿lo sabías? Lo mandaron a cuidados paliativos esta mañana.

—Lo sé. —Renata se bajó el cubrebocas hasta el cuello—. Por eso lo subí al quirófano antes de que alguno cambiara de opinión.

Zamora soltó una risa baja y caminó a su lado por el pasillo. Bajó la voz.

—Sigue pendiente tu nombramiento. Jefa de la unidad. El consejo se reúne en quince días y hay dos que te tienen ganas, así que de aquí a entonces no le des municiones a nadie. Yo te estoy cubriendo, pero cúbrete tú también.

—Gracias.

Lo dijo seca, sin adornos. En otra persona habría sonado a ingratitud. Zamora la conocía desde que era residente y sabía leerla: aquella sequedad no era desprecio, era una costumbre vieja, una manera de no deberle nada a nadie. No se molestó. Le apretó el hombro un segundo y la dejó ir hacia los vestidores.

Renata se cambió en silencio. Colgó la bata, abrió el casillero y sacó el teléfono.

Una llamada perdida. Un mensaje de voz.

El nombre en la pantalla decía Papá.

Lo miró tres segundos exactos. No más. Después puso el dedo sobre el buzón y se llevó el aparato a la oreja mientras se abrochaba el reloj con la otra mano.

"Hola, soy yo. Necesito que vengas a la casa hoy en la tarde. Es… Es por la familia. Te necesito aquí. Eres nuestra hija."

Esa última frase. Renata se quedó mirando el interior del casillero sin verlo. Siete años llevaba escuchando la misma fórmula. Cada vez que Hugo Beltrán decía "es por la familia", a alguien le tocaba pagar algo, y casi siempre le tocaba a ella. La familia era una cuenta abierta a su nombre que nunca terminaba de saldarse.

Devolvió la llamada. Contestó al primer tono, como si hubiera estado con el teléfono en la mano.

—Renata. Qué bueno que llamas. —Hablaba rápido, en ese código suyo que evitaba decir las cosas por su nombre—. Necesito que vengas hoy. Es urgente. No es por teléfono. Es por la familia, ya sabes, una cosa que solo podemos resolver entre nosotros.

—Estoy saliendo de cirugía.

—En la tarde. A las siete. ¿Puedes?

Renata cerró el casillero. Sin darse cuenta, su mano izquierda se había cerrado en un puño, los nudillos blancos, la cicatriz pálida que le cruzaba el pulgar tensándose con el resto de la piel. No sabía por qué su cuerpo hacía eso cada vez que esa casa la llamaba. O sí lo sabía, y prefería no mirarlo de frente.

—Voy en una hora —dijo, y colgó antes de que él agradeciera.

Salió de los vestidores con el saco al brazo. El pasillo de neurocirugía daba al vestíbulo grande del hospital, y el vestíbulo estaba más lleno de lo normal: tripiés, una pantalla reflectante, una chica de producción con un fólder. Una sesión de fotos. Una de esas campañas benéficas que el hospital armaba para salir en las revistas.

En el centro de las luces, con una bata blanca que nunca había usado para nada, posaba Julián Ríos.

Renata no aminoró el paso.

Él la vio. Claro que la vio; Julián siempre sabía exactamente quién entraba a un cuarto y qué tan importante era. El maquillista todavía le retocaba la frente cuando se enderezó, separó los labios y dio medio paso fuera de la marca de cinta en el piso.

—Renata.

Lo dijo con esa entonación cuidada que usaba para los reencuentros, la que daba por hecho que del otro lado había ganas de detenerse.

Renata no se detuvo. Pasó a tres metros de él, sin girar la cara más de lo necesario.

—Tengo prisa, Julián.

Y dobló la esquina hacia la salida antes de que él alcanzara a montar la segunda frase. Atrás quedó el clic de una cámara y la voz de la chica de producción pidiendo silencio en el set.

—————

La puerta automática la escupió al mediodía caliente de la calle. El ruido de los coches, un organillero a media cuadra, el olor a elote asado de un puesto en la esquina. Renata buscó las llaves en el bolso y avanzó hacia el estacionamiento.

El teléfono volvió a sonar. Esta vez el nombre era otro, y la cara de Renata se aflojó medio grado.

—Ximena.

—¿Por qué tienes esa voz? —La pregunta llegó directa, sin saludo, como llegaban todas las de Ximena Toledo—. Te oigo rara. ¿Otra vez te hablaron de esa casa?

Renata no se molestó en negarlo. Su comadre llevaba quince años leyéndole los silencios y no le quedaban mentiras nuevas que contarle.

—Me hablaron.

—¿Qué quieren ahora?

—Voy para allá a averiguarlo.

Del otro lado hubo una pausa cargada, ese resoplido tan suyo.

—Renata, esa gente no te merece. Lo digo en serio. El día que dejes de contestarles el teléfono te invito un tequila. —Bajó la voz—. ¿Quieres que te acompañe?

—No hace falta —dijo, sin dejar de caminar—. Yo me encargo.

—Eso dices siempre. —Otro silencio—. Me marcas saliendo. Aunque sea para insultarme. ¿Me oíste?

—Te oí. —Y antes de colgar, casi sin querer, lo más parecido a un gracias que le salía—: Yo te marco.

Guardó el teléfono.

Pasó frente a una farmacia. En el aparador, entre los protectores solares y las básculas de baño, alguien había montado una promoción de temporada: ropa de bebé. Mamelucos diminutos colgados de ganchos diminutos. Un par de calcetas del tamaño de dos dedos. Un gorrito blanco con orejas.

Renata se detuvo.

Fue un segundo. Menos. El tiempo que tarda un cuerpo en olvidar que iba caminando.

Después apartó la mirada, ajustó el bolso al hombro y siguió de frente hacia el coche, sin volver a mirar el aparador, como quien aprieta los dientes sobre algo que duele exactamente igual que hace cinco años.

1
Antonia Pulido
hasta aquí leo la novela. chao
Antonia Pulido
porque la familia Vargas trata con tanta confianza a Damián? parece una película de la KGB
Antonia Pulido
otra incógnita,que es la orden? y porque la cuidan?
Antonia Pulido
cada vez la novela se vuelve más enredada y misteriosa,nada de besos sexo nada. ah no hace falta emoción
Antonia Pulido
quien es la maestra el Olimpo,Rafa y el otro? estos actúan como si pertenecieram a una organización secreta ,estilo FBI CIA que se yo.
Antonia Pulido
no entiendo,si ella tenía a su mamá,porque esos delincuentes la adoptaron? la mamá no sabe que ella le robaron los hijos?
Antonia Pulido
está novela todo es un misterio una incógnita.
Monica Liliana Broudiscou
la verdad que empezó muy buena pero ya se pone muy densa para seguir leyendo, ez una lástima
Monica Liliana Broudiscou
la verdad que empezó muy buena pero ya se pone muy densa para seguir leyendo, ez una lástima
Antonia Pulido
exactamente amiga Ruiz,así pienso yo ,está xul ra me tiene enrrollada
Antonia Pulido
que emoción despertó!
Antonia Pulido
será que Renata tiene hijos y se los quitaron?me gusta la culebra
Mirna Lobo
la historia en sí, me gustó, pero aparte de muy larga hubieron detalles que no cuadraban muchas inconsistencias , muy buena trama pero muy mal ejecutada, poco romance, es mi opinión
Mirna Lobo
hay cosas que no cuadran, será que ésta historia fué escrita por dos personas diferentes /Grimace/ pareciera que sí y no se leían lo que él otro escribió anteriormente /Smug/
Mirna Lobo
por lo que veo falta poco para el final, espero que no queden cosas en el aire sin resolver después de leer tanto /Smug/
Mirna Lobo
sí, le coloca una edad y al siguiente capítulo se la cambian, será que no lee lo que escribió anteriormente /Right Bah!/
Mirna Lobo
de quién más iban a ser hijos, /Smug/
Mirna Lobo
si habían dicho que ella no llegó a verlos, sólo los conoció por fotos que una enfermera le había tomado /Grimace/ y entonces cambiaron la trama /Smug/
Mirna Lobo
al fin 💋👏👏
Mirna Lobo
pareciera que fueran dos historias distintas y las unieron para alargarla 😜
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play