NovelToon NovelToon
El Secreto Del Faro De Las Sombras

El Secreto Del Faro De Las Sombras

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Amor prohibido / Mitos y leyendas
Popularitas:298
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Nadie debía entrar al Faro de las Sombras.
Elena lo hizo.
Allí encontró a Dante, el último guardián… y descubrió que su llegada estaba relacionada con un secreto que llevaba treinta años oculto.
- Una leyenda.
- Dos familias enfrentadas.
-Un amor que podría cambiarlo todo.
Pero… ¿por qué el faro parecía estar esperándola?

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: La noche de la tormenta

El cielo se oscureció de golpe, como si una inmensa cortina de plomo hubiera descendido sobre la costa en cuestión de minutos. El viento, que hasta entonces solo soplaba constante y fresco, se transformó en un rugido profundo que sacudía los cimientos de la mansión, aullando entre las paredes, girando alrededor del faro y golpeando cada ventanal con la furia de algo que quería abrirse paso hacia adentro. Las olas crecían hasta convertirse en muros de agua gris y espuma blanca, estrellándose contra los acantilados con estruendo que hacía vibrar el suelo bajo los pies.

Elena cerró con fuerza la ventana de su habitación, pero el frío húmedo ya se había filtrado en toda la estancia, metiéndose en los huesos. Desde que regresó del pueblo y encontró sus cosas revueltas, no había podido calmarse: cada crujido de la casa le parecía un paso extraño, cada sombra en el pasillo una presencia escondida. Alguien había entrado, había revisado todo y le había dejado ese mensaje silencioso y amenazante. Y aunque pensó en avisar a Dante, algo la detuvo: ¿quién podía asegurarle que no fuera alguien cercano a él, alguien que actuaba bajo sus propias reglas dentro de la propiedad?

Bajó al gran salón buscando calor y luz, pero la casa entera parecía haber cambiado de temperamento con la tormenta. Las luces vacilaban, la llama de las velas se inclinaba hacia un lado como si algo invisible las empujara, y el sonido de la lluvia golpeando el techo y las paredes formaba un estruendo casi continuo. Se sentó cerca de la chimenea, donde el fuego ardía con fuerza, y envolvió sus manos en su abrigo, mirando las llamas bailar mientras su mente volvía una y otra vez a las palabras del viejo Julián: “Hay enemigos cerca… y nadie sabe dónde están ni cuánto llevan esperando”.

De repente, un golpe fuerte y resonante sacudió la puerta principal, tan fuerte que hizo temblar los marcos de madera. Luego vino otro, y otro más, acompañados por el sonido de la madera cediendo bajo la fuerza del viento o de alguien que insistía con desesperación.

Elena se puso de pie de un salto, el corazón golpeándole con fuerza en el pecho. Nadie visitaba la mansión, nadie se acercaba voluntariamente… ¿quién podría estar afuera en medio de una tormenta así, arriesgándose a ser arrastrado por el viento o caer por los desfiladeros?

Se acercó despacio hasta el vestíbulo, con la mano temblando sobre el cerrojo, y preguntó con voz firme aunque temblorosa:

—¿Quién está ahí?

—¡Abre, Elena! —gritó una voz ronca, rota por el frío y el viento, pero que ella reconoció al instante: era Dante—. ¡Rápido, abre!

Giró la cerradura y tiró de la pesada puerta hacia adentro. Él entró de golpe, empujado por la ráfaga que se coló en el vestíbulo llevando consigo chorros de agua salada y hojas arrancadas de los árboles. Cerró la puerta con un golpe seco y aseguró los cerrojos con manos rápidas y temblorosas, apoyando la espalda contra la madera como si necesitara detenerse a sí mismo para no caer.

Elena lo miró y contuvo el aliento: estaba empapado hasta la médula, el agua le corría por el cabello oscuro pegado a la frente, por la cara, por la ropa pesada que se le pegaba al cuerpo goteando sin parar sobre el suelo de piedra. Tenía el rostro pálido, más de lo habitual, y en el brazo izquierdo, a través de la tela rasgada de la manga, se veía una herida profunda y abierta que sangraba despacio, teñiendo el agua que caía de él de un rojo oscuro. Respiraba con dificultad, entrecortado, y en sus ojos grises brillaba una mezcla de dolor agudo, rabia contenida y una alerta intensa que ella nunca había visto antes.

—¡Dante! —exclamó ella acercándose de inmediato, olvidando toda distancia y desconfianza—. Estás herido… ¿qué te pasó? ¿Quién te hizo esto?

Él apenas la miró, apretando los dientes mientras se desabrochaba el abrigo pesado y lo dejaba caer al suelo con un golpe sordo.

—No fue el viento… no fue una caída —respondió con voz baja y tensa, casi un gruñido—. Me esperaban en el camino, cerca del límite norte. Dos hombres, cubiertos, armados. No querían solo asustarme… venían a hacer daño. Vinieron a buscar algo que saben que protegemos aquí.

Elena sintió que el aire se le escapaba. Las advertencias ya no eran historias lejanas: el peligro había llegado hasta los senderos de la mansión, y habían atacado directamente a él. Lo tomó del brazo sano y lo guió hacia el salón donde el fuego seguía encendido, sin dudar ni un segundo:

—Ven, siéntate aquí. Tengo que limpiar y cerrar esa herida, no puedes dejarla así.

No se opuso. Se dejó caer pesadamente sobre una silla de madera, apoyando la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos un instante, mientras ella corría a buscar lo necesario: agua limpia, telas, un poco de vino y hierbas secas que Marisa le había enseñado a usar para curar golpes y cortes. Al volver, se arrodilló a su lado, con cuidado levantó la tela rota y vio la herida: larga, profunda, hecha con algo afilado y sucio, que debía doler con cada movimiento.

—¿Quiénes eran? —preguntó ella mientras lavaba la zona con delicadeza, sintiendo cómo él se tensaba pero no se quejaba ni se apartaba—. ¿Sabes quién los mandó?

—Sospecho… —respondió él con voz ronca, sin abrir los ojos—. Sospecho quién mueve los hilos detrás de todo esto. Alguien que lleva años esperando que el guardián se debilite, que el vínculo se rompa… Alguien que cree que lo que custodia esta casa es un tesoro para apropiarse y usar a su antojo. No importa quién sean ahora… lo importante es que saben que estamos más débiles, que hay cambios, y van a seguir intentándolo hasta lograrlo o hasta que se lo impidamos.

Elena limpió, desinfectó y empezó a vendar con firmeza pero suavidad, trabajando con manos seguras mientras el sonido de la tormenta afuera parecía aumentar cada vez más, como si el propio mar estuviera golpeando las rocas con toda su fuerza. Mientras lo hacía, notó cosas que antes no había visto: cicatrices viejas en el pecho, en los hombros, en los brazos… marcas de golpes, cortes y heridas que se repetían durante años, una tras otra. Entonces comprendió con el corazón apretado: él había vivido así toda su vida. Solo, defendiendo, cargando todo el peso, enfrentando peligros que nadie más veía, sin tener a nadie que lo ayudara, que lo cuidara o que siquiera supiera lo que sufría.

—Siempre has estado solo… —dijo ella en un susurro, sin darse cuenta, con la voz llena de ternura y dolor a la vez—. Todo este tiempo… siempre solo frente a todo esto.

Dante abrió los ojos de golpe y la miró fijamente, muy cerca, sus rostros separados apenas por unos centímetros. Su mirada era intensa, profunda, cargada de emociones que mantenía encerradas siempre: cansancio, soledad infinita, y algo más que empezaba a salir a la luz, aunque él luchara contra ello.

—Así debía ser —respondió suavemente, casi con tristeza—. El guardián no puede tener debilidades. No puede tener a nadie que puedan usar contra él. Si te acercas demasiado… si te importo demasiado… te conviertes en el blanco más fácil. Esa es la razón por la que siempre intenté mantenerte lejos, por la que te di reglas estrictas, por la que quise que supieras lo menos posible… No quería que terminaras envuelta en esto. No quería que te hicieran daño a ti también.

—Pero ya estoy aquí —replicó ella con firmeza, sin apartar la mirada—. Ya estoy en medio, Dante. Ya encontré cartas, símbolos, historias, ya vi huellas que salen del mar y ya sé que alguien entró a mi habitación para amenazarme. No puedo irme como si nada hubiera pasado, y tampoco quiero. Mi abuela dejó esto preparado, yo acepté venir… y ahora sé que no vine solo para cumplir un trato. Vine porque necesitamos estar juntos. Tú no puedes hacerlo solo, y yo no puedo hacerlo sin ti.

Él se quedó callado, respirando despacio, mientras sus ojos grises recorrían cada rasgo de su rostro, como si estuviera grabándolo para siempre.

—No debiste venir… —murmuró bajito, casi para sí mismo—. No debiste venir… pero ahora que estás aquí… no te dejaré ir. No permitiré que nadie te toque. No permitiré que nadie te haga daño. Aunque tenga que enfrentarme a todo el mundo, a todo el mar y a todo el pasado… te protegeré con mi vida.

Sus palabras salieron cargadas de una promesa absoluta, profunda, que resonó en todo el salón por encima del estruendo de la tormenta. Elena sintió cómo su corazón se aceleraba con fuerza, y entendió en ese instante que la barrera que habían puesto entre los dos desde el primer día se había roto para siempre. Ya no había distancia, ni frío, ni solo un contrato firmado en papel: había confianza nacida en el peligro, reconocimiento mutuo, y un lazo que se hacía más fuerte cuanto más oscuro se ponía todo a su alrededor.

Cuando terminó de vendarle, él no se apartó. Se quedaron así, cerca el uno del otro, mientras el fuego bajaba su intensidad y la tormenta rugía afuera como una bestia encadenada. Nadie se movió, nadie habló mucho rato, pero ninguno de los dos sentía ya el frío ni el miedo. Por primera vez desde que se conocieron, compartían algo real: la certeza de que estaban en esto juntos, contra todo y contra todos.

Poco después, Dante se recostó un poco, agotado por el esfuerzo y la pérdida de sangre, pero no se fue a su habitación. Se quedó allí, cerca del fuego, y Elena se sentó en el sillón contiguo, vigilando su sueño, escuchando el estruendo del mar y pensando en todo lo que estaba por venir. Sabía que esa noche era solo el comienzo de algo mucho más grande: el ataque en el camino, la intrusión en su cuarto, las historias antiguas… todo indicaba que el enemigo se acercaba cada vez más, que el equilibrio se estaba rompiendo y que pronto tendrían que luchar no solo por el secreto de su familia, sino por sus propias vidas.

Y mientras miraba al hombre que dormía con el ceño fruncido y la mano cerrada en puño como si incluso descansando siguiera defendiendo lo suyo, comprendió con claridad absoluta: ya no era simplemente la esposa por conveniencia que llegó buscando respuestas. Era su compañera, su igual, la otra mitad de aquel antiguo pacto que nadie había logrado cumplir bien en siglos. Y esta vez… sería diferente. Esta vez no habría huidas, ni silencios, ni soledad.

Fuera, el viento cambió de tono, y por un momento, entre el ruido de la lluvia, creyó ver a través de la ventana una luz potente y clara girar en lo alto del faro, iluminando toda la bahía como nunca antes. Una luz que no estaba apagada, como todos decían… sino que había estado esperando justo este momento para encenderse de verdad.

1
Eliana Angulo
El consejo de Elena cambia todo el tono.. no es una invasión, es una petición sabia decisión
Eliana Angulo
el secreto más grande no estaba escondido… estaba en ellos mismos. Qué revelación tan perfecta, nadie puede quitarles lo que llevan dentro… esa fuerza es invencible.
Eliana Angulo
siempre ahí, siempre callada… hasta que todo encaja de golpe, siempre el más cercano traiciona 😡
Eliana Angulo
Lo que esperaban que se rompiera… salió más fuerte que nunca🤭 llegaron tarde, pensaron ganar fácil… y se encontraron con algo imparable. 👏
Eliana Angulo
no están solos… siempre hay ojos y oídos escondidos. Qué tensión, me pongo tensa solo de leer y por fin se abren hay peligro acechandolos
Eliana Angulo
Cada vez que ella indaga, él se cierra… pero también se rompe un poquito más por dentro.
Eliana Angulo
Lo que se hereda no siempre se elige… pero sí se puede decidir cómo llevarlo.
Eliana Angulo
Se cierra, se protege… pero ella ya le está tocando la fibra sensible🔥
Eliana Angulo
Pasos, ruidos, puertas… pero nadie aparece, yo hace rato me hubiera ido
Eliana Angulo
Sabe cosas, calla más… y advierte por lealtad.
Eliana Angulo
Es solo el principio… y ya se siente que nada volverá a ser igual. Valiente y decidida
Eliana Angulo
En su mirada hay pena… es prisionero también él..todo es mucho más grande de lo que parece
Eliana Angulo
Valentía y miedo al mismo tiempo… buena forma de empezar el cuestro de ambos protagonistas 🫶
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: La valentía no significa no tener miedo… sino avanzar a pesar de él.. Gracias por verlo así
total 1 replies
Eliana Angulo
Nadie sale bien de ahí… qué se esconde de verdad en esa mansión
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Exacto! Esa mansión guarda secretos oscuros… Nadie sale igual de ahí ... te invito a que sigas leyendo para descubrirlo 😉
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play