Enya una humana trasmigrada al mundo animal despierta en el cuerpo de una hembra leopardo de las nieves raza casi extinta en ese mundo, marginada por ser considerada fea, pero al ser víctima de las intrigas de su media hermana Enya al caer al agua descubre que no es fea solo está sucia, un día en su cueva toma un baño y descubre que posee una belleza hechizante conoce a sus maridos bestia, guiada por su guía bestial para ganar fuerza en esa tierra extraña dónde las bestias tienen forma humana formara vínculos con los machos más fuertes,descubriendo su verdadera forma bestial y su verdadero origen en las tierras nevadas de las montañas ocultas.
tendrá la opción de quedarse con la vida que construyo en el mundo de las bestias con sus maridos o regresar a su mundo original donde era una chaebol de primera generación
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Descubrimiento.
Enya Le Rose es mi nombre; era hija de una reconocida empresaria en Seúl; era una chaebol de primera generación. Siempre fui extrovertida, fuerte y aventurera. Mientras mi madre hacía negocios para hacer crecer la empresa familiar, yo me dedicaba a hacer viajes y exploraciones a lugares extraños, escalar riscos o exploración de cuevas subterráneas.
En una reunión de amigos oí hablar de una cueva que recientemente había sido descubierta por el padre de mi mejor amigo.
Max dijo: "Enya, ¿sabías que mi padre recientemente descubrió una cueva en una de sus excavaciones?
Respondí en serio, ¿dónde es? Quiero explorarla yo misma
Claro que sí, Enya, podemos ir mañana mismo; mi padre regresa a la exploración.
Perfecto, mañana te veo, entonces. Sonreí ampliamente y salí casi corriendo a casa a hacer todos los arreglos necesarios.
Llegado el día, viajamos a la cueva misteriosa y al día siguiente emprendimos el viaje. Yo me puse lo más cómoda posible: botas cómodas, short corto y una playera cómoda, recogí mi cabello en una coleta y salí dispuesta a lo desconocido.
Llegamos a la cueva y Max me dijo: "Enya, no te separes de mí; es una cueva extraña, así que no sabemos qué encontraremos aquí.
Le sonreí cálidamente. —Max, no te preocupes, soy una exploradora profesional; llevo casi desde niña haciendo esto y aquello
Max me sonrió y dijo: "Está bien, entremos".
Entramos todos juntos: 5 en total, Max, su padre, dos instructores y yo
La cueva era húmeda y olía a moho. Estuvimos caminando por mucho tiempo sin encontrar nada más hasta que a lo lejos vimos una luz resplandeciente. Pensamos que habíamos encontrado una salida, pero, sorpresa, al llegar era un gran árbol muy alto y tan ancho que necesitarían al menos 30 personas juntas para rodearlo
Corrí más cerca; era tan hermoso, irradiaba una luz tenue y su brisa era fresca, aunque no se sabía cómo era posible dentro de una cueva.
Sentir el aire y la presencia de aquel hermoso árbol.
Decidí seguir explorando cerca del gran árbol y descubrí detrás un altar con vasijas e inscripciones extrañas, unos platos de barro y una estatua de piedra de una mujer extraña con orejas y cola. Era tan hermosa que me quedé observándola por mucho tiempo.
¿Qué descubriste? —dijo Max.
Algo extraño. Mira, hay símbolos que nunca había visto.
Estuvimos revisando por mucho tiempo a ver si descubríamos algo más que nos ayudara a saber qué era ese extraño altar y la chica de la estatua, pero solo encontramos más vasijas, instrumentos y dibujos extraños en la pared de la cueva: el dibujo era la representación de un bebé bajando del cielo como rayo de luz y abajo de él, muchas personas con orejas y colas, extendiendo sus brazos para recibirlo. Era extraño. En fin, decidimos descansar y acampar debajo del gran árbol. Instalamos el campamento y nos preparamos para dormir.
Estaba tan cansada que, al recostarme, me dormí casi inmediatamente.
Eeeennyaaaa oi un débil susurro.
Abrí los ojos parpadeando lentamente. Miré a mi alrededor, pensando que era Max con sus bromas, pero él estaba profundamente dormido junto a su padre
Eeeeenyaaaaaaaa, volví a escuchar el mismo susurro como si el viento susurrara mi nombre.
Asustada, seguí la voz que escuchaba susurrar mi nombre hasta que llegué al pie del gran árbol y vi que en una de sus ramas más altas había algo moviéndose, como una fruta que se movía al compás del viento.
Escalé el árbol hasta casi llegar a la fruta; casi pude tocarla. Era de un dorado casi como oro; su aroma era tan dulce como una manzana madura lista para comer. Solo la rocé con mis dedos y no me di cuenta de que una rama crujió y caí al vacío. —ENYAAA —oí la voz desesperada de Max al caer; después todo se oscureció.