Ella reencarna en otra época.. y ahora tiene magia.. tiene su destino ya trazado y decidido por su familia.. ¿podrá cambiar su destino? ¿o seguirá siendo la hija obediente que siempre fue?
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Templo 3
El Gran Salón quedó completamente en silencio cuando la ceremonia comenzó oficialmente.
Los aspirantes permanecían alineados frente al altar central.
Vestidos con las mismas túnicas blancas.
Con expresiones nerviosas.
Esperanzadas.
Temerosas.
Grace mantenía la cabeza ligeramente inclinada.
Las manos unidas frente a ella.
Respirando lentamente.
Había esperado aquel momento durante años.
Y aun así, su mente seguía traicionándola.
[Ojalá estés bien.]
El pensamiento apareció nuevamente.
[Aaron.]
Grace cerró los ojos durante un instante.
Luego volvió a concentrarse.
En la plataforma elevada, el mago encargado de las admisiones dio un paso al frente.
Era un anciano de cabello completamente blanco.
Su voz resonó con claridad por todo el salón.
—Convertirse en aspirante del Gran Templo no es un honor vacío.
Su mirada recorrió a todos los presentes.
—Es una responsabilidad. Significa dedicar vuestra vida al estudio del maná. Significa servir a quienes sufren. Significa renunciar a comodidades y ambiciones personales para proteger y ayudar a otros.
Muchos aspirantes tragaron saliva.
Algunos familiares lloraban discretamente entre el público.
Grace escuchó cada palabra con tranquilidad.
Porque ella ya había aceptado todo aquello.
Mucho antes de llegar allí.
—Aquellos que no estén preparados para asumir este compromiso aún pueden retirarse.
Nadie se movió.
—Entonces comenzaremos.
Uno a uno, los aspirantes fueron llamados.
El primero subió a la plataforma.
Los magos midieron cuidadosamente la cantidad y calidad de su maná.
Después realizaron una prueba complementaria.
Una pequeña gota de sangre cayó dentro de un cuenco plateado grabado con antiguos símbolos mágicos.
El líquido emitió un suave brillo.
—Aceptado.
El joven lloró de alegría.
Su familia aplaudió emocionada.
El segundo aspirante avanzó.
La evaluación fue más breve.
Los magos intercambiaron miradas.
—Lo lamentamos. Su afinidad y reserva de maná no alcanzan los requisitos mínimos.
El muchacho bajó la cabeza.
—Rechazado.
El silencio volvió a apoderarse del salón.
Y entonces...
—Lady Grace Gartner
El corazón de Grace dio un pequeño salto.
Respiró profundamente.
Y caminó hacia la plataforma.
No miró hacia los invitados.
No vio cómo Aaron se incorporaba ligeramente en su asiento.
No vio cómo sus ojos seguían cada uno de sus movimientos.
Grace simplemente avanzó.
Los magos comenzaron la evaluación.
El anciano levantó una mano.
—Por favor.
Grace obedeció.
La luz apareció alrededor de sus dedos con una naturalidad hermosa.
Cálida.
Pura.
El resplandor dorado iluminó la plataforma.
Los murmullos comenzaron inmediatamente entre los asistentes.
—Qué afinidad tan alta...
—Increíble.
—Una verdadera maga de luz...
Los magos asintieron.
Tomando notas.
—Excelente control.
—Gran cantidad de maná.
—Apta.
Grace no sintió alivio.
Porque ya esperaba aquel resultado.
Después de todo, había nacido para aquello.
El anciano tomó el cuenco plateado.
—La última verificación.
Grace extendió la mano.
Una pequeña aguja mágica rozó apenas uno de sus dedos.
Una gota de sangre cayó lentamente.
El salón permaneció en silencio.
Y entonces...
El cuenco comenzó a brillar.
Pero no con el mismo resplandor suave que había mostrado antes.
La luz cambió.
Se intensificó.
Los símbolos grabados comenzaron a expandirse.
Uno de los magos abrió los ojos con sorpresa.
Otro se acercó rápidamente.
—¿Qué sucede?
Preguntó alguien entre los invitados.
El anciano observó el cuenco.
Luego llamó a otros dos magos.
Los tres intercambiaron miradas.
Nadie hablaba.
El murmullo del público aumentó.
Grace frunció ligeramente el ceño.
—¿Hay algún problema?
Nadie respondió inmediatamente.
Entre los invitados, Aaron se puso lentamente de pie.
Su corazón comenzó a latir con violencia.
El silencio del altar se volvió insoportable.
Finalmente, el anciano levantó la mirada.
Y observó directamente a Grace.
La expresión de su rostro ya no era severa.
Parecía desconcertada.
Casi incrédula.
—Lady Grace Gartner.
Grace sintió una extraña inquietud.
—Sí.
El anciano respiró profundamente.
—No puede ingresar al templo.
El salón entero estalló en murmullos.
Grace parpadeó.
—¿Qué?
—No puede ser admitida como aspirante.
La confusión apareció en su rostro.
—¿Por qué?
El anciano guardó silencio unos segundos más.
Como si intentara encontrar una forma adecuada de explicarlo.
Finalmente respondió.
—Porque está embarazada.
El tiempo se detuvo.
El salón entero quedó en absoluto silencio.
Grace dejó de respirar.
—...¿Qué?
El cuenco seguía brillando intensamente.
Uno de los magos confirmó la lectura.
—No hay error.
Otro asintió lentamente.
—La sangre reaccionó claramente.
Grace bajó la mirada hacia sus propias manos.
Pálidas.
Temblorosas.
Su mente quedó completamente en blanco.
[¿Embarazada?]
[No.]
[No.]
Eso no tenía sentido.
O quizás sí.
La nieve.
La cabaña.
Aaron.
Sus besos.
Aquellos días robados al destino.
Todo regresó de golpe.
Sus piernas cedieron ligeramente.
—No...
Susurró.
Entre los invitados, Aaron seguía de pie.
Tan inmóvil como una estatua.
Los ojos completamente abiertos.
El rostro desprovisto de toda expresión.
Por primera vez desde que Grace lo conocía, parecía incapaz de formular una sola respuesta ingeniosa.
Solo podía mirar.
Mirarla.
A ella.
Al altar.
Al cuenco brillante.
Y comprender lentamente lo que aquello significaba.
Mientras tanto, Grace llevó una mano temblorosa hasta su vientre.
Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos.
Porque durante semanas había creído que debía elegir.
Su familia o Aaron.
El deber o el amor.
El templo o la libertad.
Y ahora, frente a todo el reino reunido en aquel salón sagrado, el destino acababa de responder por ella de la manera más inesperada posible.
Mala actitud la de los padres