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El Precio Del Mañana

El Precio Del Mañana

Status: En proceso
Genre:Terror / Aventura / Apocalipsis
Popularitas:329
Nilai: 5
nombre de autor: Anthony Medina

La guerra terminó, pero la pesadilla acaba de despertar.

NovelToon tiene autorización de Anthony Medina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 2: EL UMBRAL DE LAS TIERRAS VIVAS

El siseo de la esclusa hidráulica de la Puerta Oeste de Aegis sonó como el último suspiro de un gigante moribundo. Era un sonido seco, metálico, que marcaba la frontera entre el mundo que Alexia intentaba salvar y el infierno que Elías sabía que nunca dejaría de arder. A medida que las placas de acero de tres metros de grosor se deslizaban hacia los lados, el aire acondicionado de la Ciudadela

—ese aire estéril y procesado

— fue succionado por la atmósfera pesada y rancia del exterior.

Elías ajustó la correa de su mochila táctica. El peso de los suministros le hundía las correas en los trapecios, pero ese dolor era una ancla que lo mantenía enfocado. A su lado, Jake mantenía el Acorde Magnético en posición de guardia, con los nudillos blancos de tanto apretar el agarre.

—Recuerda lo que te dije, Jake

—susurró Elías. Su voz no era más que un aliento dentro de la máscara de filtrado

—No respires por la boca. El filtro se satura más rápido con la humedad del habla. Solo ojos, solo oídos.

Cruzaron el umbral. El suelo bajo sus botas dejó de ser rejilla metálica para convertirse en una mezcla de asfalto pulverizado y una alfombra de micelio grisáceo que crujía como huesos secos. La visibilidad era escasa; una bruma espesa, cargada de esporas en suspensión, teñía el mundo de un amarillo enfermizo.

No habían caminado ni un kilómetro cuando el silencio fue interrumpido por un sonido que a Elías le heló la sangre un chasquido rítmico, como el de una mandíbula desencajada golpeando contra el pecho.

—Alto

—ordenó Elías, levantando el puño.

De entre los restos de un autobús escolar volcado, una figura emergió lentamente. No era una horda, era un solo individuo, pero no se parecía a nada de lo que Elías recordaba de las etapas iniciales. Era un Fase 4 errático. El hongo no solo lo había cubierto, lo había esculpido. Su piel era una costra de color violeta oscuro, y de sus cuencas oculares brotaban filamentos que vibraban con el viento, buscando calor, buscando vida.

Jake, preso del pánico, levantó su Acorde Magnético y apretó el gatillo antes de que Elías pudiera detenerlo.

—¡Espera, Jake, no!

—gritó Elías.

El dispositivo emitió un quejido agudo, una chispa de energía azulada que golpeó el pecho de la criatura. Pero en lugar de colapsar el sistema nervioso del infectado, el pulso simplemente se disipó en la capa fúngica. El dispositivo emitió un humo negro y el zumbido murió por completo.

El indicador de batería pasó de verde a un negro muerto en un segundo.

El Fase 4 emitió un alarido gutural, un sonido que desgarraba el aire, y se lanzó hacia el chico con una velocidad inhumana.

—¡Se ha quedado frito!

—gritó Jake, retrocediendo y tropezando con los escombros.

Elías no perdió un segundo. No buscó su propio Acorde; sabía que era chatarra. En su lugar, desenvainó el cuchillo de trinchera que Marco le había regalado años atrás: una hoja de acero al carbono, pesada y sin tecnología que pudiera fallar.

El soldado se interpuso entre el monstruo y el aprendiz. El Fase 4 saltó, con las garras

—que antes fueron dedos humanos

—extendidas. Elías esquivó el ataque con un movimiento lateral preciso, sintiendo el aire fétido de la criatura pasar a milímetros de su rostro. Con la mano izquierda, agarró al infectado por la nuca, donde la médula fúngica era más densa, y con la derecha hundió el acero en la base del cráneo.

Sintió la resistencia de la carne mutada, el crujido del cartílago endurecido. La criatura se sacudió con una fuerza violenta, golpeando a Elías en el hombro, pero él no soltó. Giró la hoja, buscando destruir el nudo principal del virus. Un fluido negro y viscoso salpicó sus guantes, quemando levemente el cuero.

Finalmente, el cuerpo de la criatura se desplomó, convirtiéndose en un peso muerto sobre el asfalto. Elías se quedó jadeando, con el cuchillo goteando aquel veneno oscuro. Sus músculos temblaban, no por miedo, sino por el esfuerzo físico puro de un hombre que solo cuenta con su propia fuerza.

Miró a Jake, que seguía en el suelo, mirando su Acorde Magnético inútil con una expresión de absoluta traición.

—Te lo dije

—dijo Elías, guardando el cuchillo con un movimiento seco, sin limpiar la sangre

—La tecnología de Alexia es para el mundo que ella quiere construir. Pero para el mundo que hay aquí fuera... solo sirves tú y lo que seas capaz de hacer cuando el motor se apaga.

Jake levantó la vista, el miedo en sus ojos empezaba a convertirse en una comprensión amarga.

—Pensé que las armas magnéticas eran la solución definitiva... Kael decía...

—Kael está bajo tres metros de hormigón, Jake. Y sus juguetes se están pudriendo con él

—Elías le tendió la mano y lo levantó con un tirón brusco

—Tira esa basura. Si quieres llegar vivo a San Francisco, vas a usar el fusil que te di. A partir de ahora, cada bala cuenta. Y cada error es una tumba.

Elías miró hacia el Oeste. La bruma parecía cerrarse sobre ellos. A lo lejos, el pulso neuronal que Alexia había detectado volvió a resonar en su mente, no como una mutación, sino como un instinto de presa que sabe que el cazador está cerca.

—Vamos

—sentenció Elías

—El ruido del Acorde habrá avisado a todo lo que haya en cinco kilómetros a la redonda. Y dudo mucho que los próximos sean tan lentos como este.

1
Isabel Ortega
gracias por actualizar Escritor muy bueno.
Isabel Ortega
me equivoqué de nombre Celina
Isabel Ortega
Elías fiel a Alexia espero qué puedan escapar de Celia
T.gaitán
eso jake, aprende que no estás cultivando flores.
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