Margot, es una veterinaria y muy sarcástica que ama lo que hace. Pero un día de trabajo una serpiente venenosa la muerde. Su muerte la llevó a una de las tantas historias que leyó. Sin embargo, tras los recuerdos difuso de ese cuerpo sabe que esta en aprieto al ser una Omega débil.
Pero todo cambia cuando el emperador alfa, Hazem toma interés en ella.
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Capitulo 4: “La prometida del alfa"
El silencio alrededor de Dafne seguía pesado.
Los nobles observaban la escena como si estuvieran esperando que alguien terminara arrastrándola fuera del salón por atreverse a hablarle así al emperador. Incluso los músicos parecían tensos mientras seguían tocando suavemente al fondo.
Dafne sostenía la mirada de Hazem aunque por dentro ya estaba cuestionando seriamente sus decisiones de vida.
Otra vez.
Porque claramente reencarnar no le había dado instinto de supervivencia.
Hazem seguía al frente de ella con aquella expresión tranquila que resultaba peor que el enojo. La observaba de arriba abajo sin ninguna prisa.
Entonces ocurrió algo extraño.
El emperador sonrió apenas.
No fue una sonrisa amable. Tampoco divertida. Fue lenta, sombría, casi peligrosa.
Como si acabara de encontrar algo que despertó demasiado su interés.
Dafne sintió un escalofrío incómodo.
Uno de los nobles habló rápidamente intentando romper la tensión.
—Majestad, la sirvienta claramente olvidó su lugar.
Hazem ni siquiera apartó la mirada de Dafne.
—Lo recuerdo mejor que muchos aquí.
—Debe castigarla.
Hazem lo fulminó con solo la mirada. Sus ojos ámbar brillaron con enfado.
—¿Acaso me estás dando órdenes?
El hombre quedó callado enseguida. Se disculpó enseguida.
Dafne frunció apenas el ceño.
Aquello no era lo que esperaba.
Sinceramente esperaba que la echaran del salón. O que alguien gritara.
O mínimo una amenaza elegante de noble poderoso.
Pero Hazem parecía... entretenido después de todo.
Y eso le gustó todavía menos.
El emperador finalmente tomó otra copa de vino.
—Vuelve al trabajo.
Dafne parpadeó una vez.
—¿Eso es todo?
La sonrisa sombría regresó apenas un poco.
—¿Querías un castigo?
—Preferiría que dejara de mirarme así.
Algunos nobles soltaron pequeñas expresiones de sorpresa. Lina parecía al borde de perder el conocimiento.
Hazem soltó una respiración baja que casi parecía una risa contenida.
—Eres una Omega extraña.
Dafne levantó apenas una ceja. No comentó aunque quería responderle. No deseaba tentar más su suerte.
El emperador la observó unos segundos más antes de finalmente apartar la mirada.
—Retírate.
Ella no esperó otra orden.
Tomó la bandeja nuevamente y caminó lejos de la mesa imperial sintiendo las miradas clavadas en su espalda.
Lina prácticamente la arrastró hacia una esquina del salón apenas estuvo suficientemente lejos.
—¿Qué te pasa? —susurró horrorizada—. ¿Quieres que nos ejecuten?
Dafne dejó escapar aire lentamente.
—No podía dejar a ese muchacho.
—¡Dafne!
—Estoy hablando en serio.
Lina la miró unos segundos y luego se llevó una mano al pecho.
—Cuando te vi responderle así al emperador pensé que iba a desmayarme.
—Yo también lo pensé.
—Entonces ¿por qué lo hiciste?
Dafne observó discretamente hacia la mesa principal.
Hazem estaba hablando con unos nobles otra vez, serio, distante, como si aquella conversación nunca hubiera ocurrido.
Pero varias veces sintió sus ojos volviendo hacia ella.
Y cada vez el brazo le ardía.
Algo estaba mal.
Muy mal.
—No me gusta cómo trata a los omegas —murmuró finalmente.
Lina bajó la vista enseguida.
—Nadie habla de eso.
—Pues deberían. Quiero cambiar eso.
—Dafne…
La voz de Lina sonó cansada.
—Aquí la gente sobrevive aprendiendo cuándo quedarse callada.
Ella no respondió enseguida.
Porque entendía eso.
De verdad lo entendía.
Pero aun así había algo dentro de ella que se negaba a aceptar aquel trato como algo normal.
El resto del banquete pasó lento y agotador. Los nobles bebían demasiado, hablaban demasiado fuerte y trataban a los sirvientes como muebles elegantes que servían vino.
Cuando finalmente terminó, Dafne sentía las piernas temblando.
Apenas entró al pequeño cuarto que compartía con Lina, se dejó caer sobre la cama.
—Si vuelvo a servir en otro banquete imperial, quiero que me golpees en la cabeza antes.
Lina soltó una risa cansada mientras se quitaba los zapatos.
—Nunca había visto al emperador mirar tanto a alguien.
Dafne cerró los ojos.
—No me recuerdes eso.
—Te habló diferente.
—Hazem le habla diferente a la gente antes o después de decapitarla.
—No bromees con eso.
—No estoy completamente segura de estar bromeando.
Lina se quedó callada un momento antes de acostarse también.
—Aun así... fue raro.
Dafne abrió apenas un ojo.
—¿Qué cosa?
—Cuando te miraba.
Ella suspiró.
Sí.
Había sido raro.
Y lo peor era que no entendía por qué.
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A la mañana siguiente, el palacio entero parecía alterado otra vez.
Sirvientes corriendo.
Guardias acomodándose en posiciones específicas.
Decoraciones nuevas.
Dafne apenas estaba terminando de acomodarse el uniforme cuando Brina apareció abriendo la puerta con fuerza.
—Muévanse rápido. Hoy llega la futura emperatriz.
Lina se incorporó enseguida.
—¿Lady Selene?
—Sí, y quiero todo impecable. Si algo sale mal, no pienso cargar sola con las consecuencias.
Brina salió igual de rápido.
Dafne frunció el ceño apenas escuchó el nombre.
Selene.
Algo dentro de la cabeza de Dafne se movió de repente.
Imágenes rápidas. Una casa enorme. Vestidos elegantes.
Una niña llorando. Y una voz fría diciendo:
—Llévensela.
Dafne llevó una mano a la sien.
El dolor apareció apenas unos segundos. Lina la miró preocupada.
—¿Otra vez te sientes mal?
—No… solo…
Tragó saliva lentamente.
—¿Quién es Selene exactamente?
Lina abrió los ojos sorprendida.
—¿De verdad no recuerdas nada? La familia Varek es una de las más importantes del imperio. Lady Selene será la esposa del emperador.
La cabeza de Dafne dolió otra vez.
Varek.
Ese apellido le revolvió algo incómodo en el pecho.
Y entonces otro recuerdo ajeno apareció rápidamente.
Una niña pequeña observando desde lejos a otra más grande vestida con ropa bonita y destacaba por ser albina protegida por lo que eran sus padres.
Dafne respiró hondo.
—Qué agradable sensación, tener traumas desbloqueándose antes del desayuno.
Lina claramente ya estaba acostumbrándose a sus frases extrañas.
—Deberías descansar más.
—Necesito un sorbo de café.
El patio principal del palacio estaba lleno cuando la familia Varek finalmente llegó.
Nobles, guardias y sirvientes observaban el enorme carruaje detenerse frente a las escaleras imperiales.
Dafne sostenía una bandeja junto a otros empleados mientras intentaba ignorar el extraño malestar dentro de ella.
La puerta del carruaje se abrió lentamente.
Y Selene Varek apareció. Albina de pie a cabeza. Ojos grises con tono morados.
Era hermosa.
Eso fue lo primero que Dafne pensó.
Caminaba con seguridad, como alguien acostumbrado a que todos la admiraran apenas entraba a un lugar.
Los nobles comenzaron a saludarla inmediatamente.
Selene sonreía con gracia ensayada. Hasta que sus ojos llegaron a Dafne. Y todo cambió apenas un segundo.
Muy rápido.
Pero Dafne lo vio.
Selene la reconoció inmediatamente. El corazón de Dafne latió más fuerte.
Porque ella también lo supo al instante. Esa mujer tenía relación con la antigua Dafne.
Y no una buena.
Selene recuperó la compostura tan rápido que casi parecía imposible notar el cambio. Continuó caminando elegantemente mientras varios nobles hablaban con ella.
Pero Dafne seguía sintiendo aquella presión rara en el pecho.
Entonces Selene se detuvo justo frente a la fila de sirvientes.
Su mirada pasó lentamente sobre todos hasta llegar otra vez a Dafne.
—Tú.
Dafne levantó apenas la vista.
—Sí, mi lady.
Selene observó la bandeja que llevaba entre las manos.
—¿Eres nueva?
La pregunta sonó suave.
Demasiado suave. Dafne sintió algo incómodo detrás de esas palabras.
—No, mi lady.
Selene inclinó apenas la cabeza fingiendo pensar.
—Qué extraño. No recuerdo haber visto una sirvienta tan descuidada aquí.
Varias miradas se movieron hacia Dafne enseguida.
Lina tensó los hombros. Dafne permaneció callada.
Selene dio un paso más cerca.
—Mírate. Tu postura es terrible.
Dafne sintió algo helado dentro del pecho. Porque aquella mujer no estaba improvisando crueldad.
Había costumbre en eso.
—Discúlpeme.—no quería decir eso. Pero su lengua se movía sola.
Selene sonrió ligeramente.
—Los omegas deberían esforzarse más por verse agradables. Después de todo, es lo mínimo que pueden ofrecer.
Dafne levantó la vista lentamente.
Y durante un segundo sintió algo extraño.
Dolor. Uno viejo. Ajeno.
Como si el cuerpo recordara miedo incluso cuando ella no entendía completamente por qué.
“Maldita sea. No recuerdo muy bien el pasado de la Dafne original"
Selene seguía mirándola.
Y debajo de aquella sonrisa elegante había algo oscuro. Desprecio.
Pero también nervios. La futura emperatriz estaba incómoda.
Dafne lo notó enseguida. Porque aunque fingía no conocerla…
La estaba observando demasiado. Entonces Selene habló otra vez.
—¿Cuál dijiste que era tu nombre?
Silencio. Dafne sostuvo su mirada.
—Dafne.
La sonrisa de Selene se congeló apenas un instante.
Muy pequeño. Pero suficiente. Y después respondió suavemente:
—Qué coincidencia tan desagradable.
Selene se volteó y exclamó con esa elegancia suya.
—¿Dónde está mi prometido?
Pero dentro de Dafne. El dolor de cabeza no se iba. Recuerda poco. Solo lo necesario y su pasado era confuso. Lo único que sabe es que fue vendida de niña a este castillo por ser solo una Omega débil. Del resto, el rostro de su antigua familia era borroso.
porque hazem es el emperador y darbe la luna Omega
así que ya todos en regla derechitos💪💪💪