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Polvo Y Promesas

Polvo Y Promesas

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Amor-odio
Popularitas:11k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

La familia de Valentina está al borde de la ruina. Para salvar el apellido y las empresas familiares, ella acepta —o es prácticamente obligada— a casarse con un ranchero millonario de un pequeño pueblo del sur. Ella esperaba un hombre viejo y desagradable. En cambio encuentra a: Ethan Blackwood Treinta y pocos. Alto. Callado. Brutalmente atractivo. Dueño de miles de hectáreas, ganado premiado y medio pueblo. Un hombre que vive con botas embarradas, monta caballos al amanecer y odia todo lo que representa la alta sociedad de la ciudad. Y ahora tiene una esposa que llega al rancho con tacones, maletas de diseñador y cero idea de cómo sobrevivir lejos del wifi.

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Ver el otro lado

El desayuno continuó entre comentarios sarcásticos y miradas incómodamente largas.

Valentina Rossi

seguía intentando convencerse de que no estaba empezando a relajarse allí.

Porque eso sería peligrosísimo.

—Entonces —comentó

Noah Blackwood

entrando al comedor medio dormido—, ¿escuché bien o Valentina ya intentó ahogarse antes del amanecer?

Valentina tomó café lentamente.

—Voy a empujarte al estanque también.

—Definitivamente me cae mejor cada día.

Noah se dejó caer en una silla mientras Martha le llenaba otro plato absurdo de comida.

¿Cómo comían tanto y seguían vivos?

—¿Ya le mostraste el rancho? —preguntó Noah mirando a Ethan.

—Acaba de llegar.

—Exacto. Hay que traumatizarla rápido.

—Estoy aquí mismo —murmuró Valentina.

Ethan tomó café tranquilamente.

—Hoy tengo trabajo.

Noah sonrió con malicia.

—Cobarde.

Valentina observó a Ethan por encima de su taza.

Y aunque jamás lo admitiría…

una pequeña parte de ella sí quería ver el rancho.

Tal vez para entender dónde demonios había terminado.

O tal vez porque la curiosidad estaba empezando a ganarle al miedo.

Lo cual era preocupante.

Martha apareció nuevamente con más pancakes.

Valentina abrió los ojos.

—¿Eso nunca termina?

—No hasta que tengas color en las mejillas, querida.

—¿Estoy muriendo y nadie me avisó?

—Estás flaquita.

Ethan levantó apenas la vista hacia ella.

Y de forma totalmente innecesaria dijo:

—Tiene razón.

Valentina lo miró indignada.

—No opines sobre mi cuerpo.

—Difícil ignorarlo cuando parece que el viento puede llevarte.

Noah soltó una carcajada tan fuerte que casi se ahoga con café.

Valentina tomó una fresa y se la lanzó directamente.

Le golpeó el hombro.

—¡Violencia! —dramaticó Noah.

—Y recién comienza —murmuró Ethan.

Ese hombre realmente disfrutaba provocarla.

Valentina volvió a concentrarse en el desayuno antes de terminar diciendo algo homicida.

Pero entonces notó algo extraño.

Fuera de las enormes ventanas del comedor, varios hombres movían caballos cerca de los establos mientras el cielo gris seguía cubriendo las montañas.

Todo parecía… vivo.

El rancho entero despertaba como una pequeña ciudad propia.

Trabajadores hablando.

Caballos corriendo.

Camionetas pasando.

Nada que ver con el silencio muerto que imaginó.

Y aunque jamás lo admitiría en voz alta…

era interesante.

—¿Nunca habías visto un rancho de verdad? —preguntó Ethan de pronto, como si hubiera leído su expresión.

Valentina apartó rápido la mirada de la ventana.

—No todos crecimos jugando vaqueros.

—No jugábamos.

Eso hizo que lo mirara otra vez.

Porque su tono cambió apenas.

Más serio.

Más profundo.

Ethan apoyó los brazos sobre la mesa.

—Esto es trabajo real para mucha gente aquí.

La culpa le golpeó un poco.

Porque sí.

Ella había estado viendo todo como una caricatura enorme del campo.

Pero para ellos era hogar.

Vida.

Familia.

Valentina jugueteó lentamente con la taza.

—No intentaba burlarme.

Silencio corto.

Y entonces Ethan asintió apenas.

Como si entendiera que esa pequeña disculpa no le salió fácil.

Martha rompió la tensión segundos después.

—Perfecto. Ahora que dejaron de pelear, Ethan puede mostrarle el establo.

Valentina casi escupe el café.

—¿Qué?

Ethan la observó con una calma sospechosa.

—¿Te dan miedo los caballos también, princesa?

Error.

Grave error.

Porque inmediatamente ella levantó la barbilla.

—Claro que no.

Noah sonrió.

—Ah, cayó.

Valentina lo ignoró completamente.

Ethan se puso de pie lentamente.

Demasiado alto.

Demasiado seguro de sí mismo.

—Entonces termina el desayuno.

Sus ojos claros se encontraron con los de ella otra vez.

Y esa pequeña sonrisa peligrosa apareció apenas.

—Voy a enseñarte cómo sobrevivir aquí.

1
Marina Mendoza
no entiendo a qué fue ella allá. no fue a un matrimonio
Chela Guidoni
me gusta cuando pones fotos
Chela Guidoni
para cuando un besito por lo menos
Andrea Sarrabat
muy buena me encanta
Andrea Sarrabat
me encanta tu novela kisiera q sigas escribiendo es muy divertida Valentina y Ethan ni q hablar🤭
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