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PESADOS POR EL DESTINO

PESADOS POR EL DESTINO

Status: Terminada
Genre:CEO / Posesivo / Grandes Curvas / Completas
Popularitas:442.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

Ella tiene curvas que esconde y un promedio impecable. Él es el hombre perfecto que la observa en secreto. Una noche, un plan macabro los une. ¿El resultado? Una mentira, un bebé y un amor que lo arriesgará todo.

NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24

Geovanny

Desperté en un horno.

Esa fue mi primera conciencia antes de abrir los ojos. Un calor sofocante que no provenía del exterior sino de mi propio cuerpo, ardiendo desde los huesos hacia la piel. Intenté moverme y un dolor punzante me atravesó las sienes. Mi garganta estaba seca, arenosa, como si hubiera tragado vidrio molido durante la noche.

—Geovanny

la voz de Romina llegó desde muy lejos.

— Geovanny, ¿estás bien?

Quise responder que sí, que estaba bien, que todo estaba bien. Pero lo único que salió de mi boca fue un gemido ronco.

Sentí su mano en mi frente, fresca como un milagro, y luego escuché su voz, más cerca, con un dejo de preocupación.

—Estás ardiendo. No te muevas.

La cama se hundió ligeramente cuando se levantó. La oí caminar, abrir una puerta, susurrar algo con su madre. Intenté abrir los ojos, pero los párpados pesaban como plomo.

Cuando por fin logré entrever algo, la luz de la mañana se colaba por la ventana y Romina estaba a mi lado, con un termómetro en la mano.

—Mide treinta y nueve con cinco

anunció, con ese tono que usaba para los números, exacto, profesional.

— Tienes fiebre.

—Estoy bien

logré articular, aunque mi voz sonaba a grava.

— Solo un poco de frío.

—No estás bien. Estás enfermo. Te lo dije anoche, con esa ropa mojada y caminando bajo la lluvia... pero tú terco.

Quise sonreír, pero el gesto se convirtió en una tos seca que me sacudió entero.

—Voy a cuidarte

dijo, y no era una pregunta. Era una sentencia.

Así comenzó aquella mañana.

Romina se movía por la habitación con una determinación que me dejaba sin aliento. Bajaba, subía, traía mantas, preparaba infusiones, cambiaba el paño de mi frente. Cada vez que se acercaba, su olor ese perfume suyo mezclado con el jabón de su casa me envolvía como un bálsamo.

—Bebe esto

me ordenó en un momento, acercándome una taza humeante.

Era una infusión de jengibre, canela y miel. Caliente, picante, dulce. La bebí a sorbos lentos mientras ella me observaba con atención.

—Toma

dijo después, ofreciéndome unas pastillas.

— Bajará la fiebre.

Obedecí sin cuestionar. Era extraño dejarme cuidar. Toda mi vida había sido el que resolvía problemas, el que arreglaba todo, el que estaba para los demás. Nadie se había quedado a mi lado cuando estaba enfermo. Ni mi padre, ni las asistentes, ni las parejas ocasionales. Pero ella estaba ahí, con sus manos frescas y sus ojos preocupados.

—¿Cómo te sientes?

preguntó mientras me ayudaba a recostarme de nuevo.

—Mejor

mentí.

—Mentiroso.

Sonrió, y esa sonrisa valió más que cualquier medicina.

Pasaron las horas. La fiebre subía y bajaba. En los momentos de mayor calor, deliraba. No recuerdo bien lo que dije, pero ella después me contó que hablé de mi madre, de aquel día en el hospital cuando tenía nueve años, de lo mucho que la extrañaba.

—lo siento por lo de tu mamá.

dijo en uno de mis momentos lúcidos, mientras cambiaba el paño de mi frente.

—Fue hace mucho.

Le dije.

—Eso no importa. Una madre siempre se extraña.

Su voz se quebró apenas en la última palabra. Abrí los ojos y la vi, con el cabello recogido en un moño desordenado, las manos ocupadas con el paño, los ojos fijos en mí.

—Mi mamá dice que la fiebre baja con cuidado y con paciencia

dijo.

—Así que voy a tener paciencia contigo. Aunque seas el paciente más terco que he tenido.

—¿Has cuidado a muchos enfermos?

—A mis hermanos. Siempre se enfermaban juntos, los dos a la vez. Mi mamá trabajaba, mi papá estaba en el taller. Así que aprendí.

Esa imagen una Romina adolescente cuidando a dos gemelos con fiebre, dando medicinas, cambiando paños, preparando infusiones me golpeó con una ternura feroz.

—Eres increíble

dije, sin pensarlo. Ella se sonrojó.

—Solo sé cuidar. Eso es todo.

El mediodía llegó con la fiebre bajando lentamente. Romina apenas se había movido de mi lado. Su madre subió varias veces, dejaba comida, miraba con aprobación silenciosa, y se iba. Los hermanos asomaban la cabeza, curiosos, pero ella los ahuyentaba con un gesto.

En una de mis horas más lúcidas, la encontré dormitando en la silla, la cabeza apoyada en el borde de la cama, una mano sobre mi brazo como si incluso durmiendo necesitara asegurarse de que seguía ahí.

La observé un largo rato. Su rostro relajado, sus pestañas largas, sus labios ligeramente entreabiertos. El sol de la tarde entraba por la ventana y pintaba su cabello con tonos cálidos.

Moví la mano con cuidado para no despertarla y toqué suavemente sus dedos. Ella suspiró en sueños, se movió apenas, pero no despertó.

Supe en ese momento, con la fiebre cediendo y la claridad volviendo a mi mente, que no había vuelta atrás. Que ella era la única mujer que podría cuidar de mí, que podría estar a mi lado en las horas bajas, que podría sostener mi mano cuando la vida pesara demasiado.

Y supe también que yo quería cuidar de ella. De ella y de nuestro hijo. Que quería ser el que estuviera despierto cuando ella enfermara, el que preparara infusiones, el que cambiara paños, el que la mirara dormir y sintiera que el mundo tenía sentido.

Cuando despertó, la fiebre había bajado casi por completo.

—Treinta y siete con dos

anunció, después de medirme.

—Ya pasó lo peor.

—Gracias a ti.

Ella negó con la cabeza.

—Gracias a tu cuerpo. Eres fuerte.

—No es mi cuerpo. Eres tú. Estuviste aquí todo el tiempo.

Se quedó callada, mirando sus manos.

—No podía dejarte solo

dijo al fin, con una honestidad que me partió el alma.

— Nadie debería estar solo cuando está enfermo.

—Mi madre decía lo mismo

susurré.

Nuestras miradas se encontraron. En sus ojos marrones vi algo que no había visto antes. No era lástima, no era obligación. Era algo más profundo, más antiguo. Algo que se parecía peligrosamente a lo que yo sentía desde hacía cuatro años.

—Romina

dije.

— Lo que siento por to...

—No

me interrumpió.

— No ahora. No cuando tienes fiebre. No cuando estás vulnerable. Después. Cuando estés bien. Cuando vuelvas a ser el Geovanny terco que llegó a mi casa bajo la lluvia.

Sonreí. Me rendí.

—Está bien. Después.

Pero esa noche, cuando ella volvió a acostarse a mi lado en esa cama demasiado pequeña, cuando su cuerpo se pegó al mío como buscando calor a pesar de que mi fiebre ya había cedido, supe que el después ya había llegado.

Y que ella también lo sabía.

Continuara....

1
Maru
Al contrario 🤔💭el silencio 🤫 te hace cómplice
Maru
Geovanny me parece un hombre apocado a su edad y con su preparación académica debería estar blindado sobre el minúsculo afecto de su padre buscar la aprobación paterna a esas alturas es un absurdo; en otro orden de ideas, nadar entre dos aguas me parece mal si tanto ama y desea a Romina que luche por ella y no le de esperanzas a la otra
Maru
Romina muchacha tienes el suficiente potencial para gustarle a tu jefe a tu suegro y todos los que te conocen pero... debes empezar gustando de ti misma 🤩
Maru
🤔💭Las piezas del rompecabezas 🧩 empiezan a encajar
Francisca Letycia MirandaGarcia
para mí estuvo perfecta su historia, es muy raro que un ceo renuncie a todo lo que tiene, por lo regular siempre tratan de salvar su éxito que han logrado, gracias por su tiempo
Francisca Letycia MirandaGarcia
aquí lo triste es que el padre de Giovanni no lo fue a buscar, prefirió su orgullo
Francisca Letycia MirandaGarcia
y su otro abuelo lo irá a conocer, Giovanni ya no lo hace presente en su vida, será pq en realidad nunca estuvo
Francisca Letycia MirandaGarcia
quer hermoso con los ojos grises
Edith Villamizar
me gustó mucho la historia
El final estuvo bueno, no siempre tiene que ser final de ricos y herederos
fué diferente ellos construyeron una familia humilde pero llena de amor
No me gustó que el papá no se le ocurrió visitar a su hijo y pedir una oportunidad para ser abuelo ya que no fué buen padre
Edith Villamizar
Ni porque se fueron lejos, los dejan ser felices juntos
Son malos, inventan que el papá está grave y llevárselo quien sabe que pensaban hacer con Giovanni
Francisca Letycia MirandaGarcia
hasta que tomó esa determinación, darle una lección a su padre y probar que él no lo necesita para salir adelante
Francisca Letycia MirandaGarcia
no es posible que el padre haya pedido eso, por eso los hijos son asi
Francisca Letycia MirandaGarcia
lo importante que tiene unos padres comprensivos
Francisca Letycia MirandaGarcia
pues haber si no se la pone difícil Camila
Francisca Letycia MirandaGarcia
debería estar feliz pq la ama y a su bebé también
Maria Gudiño
que paso con el papá de Geovanny,por lo demás una excelente novela, felicitaciones para la escritora 👍👌👏👏
Francisca Letycia MirandaGarcia
por muy dormida que este como no darse cuenta que nos están dando duro contra el colchón jajajaja
Liliana Flores
me gusta la trama, pero la estás haciendo demasiado inocente a está chica no puede pensar que es un sueño 🤭🤭
Liliana Flores
hasta ahora me está pareciendo muy interesante y me intriga lo que seguirá sucediendo
Francisca Letycia MirandaGarcia
el padre no puede quedar sin interarse de la fichita que es su hijo leon
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