Morir en una balacera de la mafia y despertar como la villana tonta de una novela de época no estaba en mis planes. Ahora soy Elara de Valois, y todos esperan que llore, que ruegue por el amor del Príncipe Heredero o que muera a manos de mi prometido, el temible Archiduque Killian.
Los rumores dicen que es un asesino despiadado, pero cuando cruzo miradas con él, solo veo a alguien de mi especie. Él cree que soy una damisela de cristal a la que puede romper fácilmente. Qué gran error. No sabe que bajo este vestido de seda se esconde la mente de una criminal profesional.
Dos lobos en un mismo territorio no pueden convivir en paz... a menos que decidan incendiar el imperio juntos.
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capítulo : 5
ELARA:
El aire fresco de la noche me golpea el rostro en cuanto cruzamos las pesadas puertas de cristal que guían a la terraza imperial.
El bullicio sofocante del salón de baile se transforma en un eco lejano, devorado por el susurro del viento entre los rosales artificiales del jardín.
Suelto el brazo del Archiduque Romanov y me apoyo contra la barandilla de mármol, contemplando las luces de la capital del imperio que brillan allá abajo y siento su presencia a mi espalda, pesada y abrumadora.
No necesita hablar para llenar el espacio; su aura oscura me envuelve como una caricia helada.
—¿No va a decir nada, Archiduque?
Pregunto sin darme la vuelta, dejando que una sonrisa divertida juegue en mis labios.
—Pensé que me daría un sermón sobre la diplomacia y el arte de no insultar a la realeza.
Escucho el crujido sutil de sus botas militares sobre las piedras mientras se acerca y se coloca a mi lado, apoyando una sola mano enguantada en la barandilla.
Él está tan cerca que puedo oler las notas de madera flotante, cuero y ese sutil aroma a metal limpio que lo acompaña.
—La diplomacia es para los débiles que necesitan esconderse detrás de las palabras, Lady de Valois.
Su voz es un susurro grave que vibra directo en mi columna vertebral.
—Lo que hizo allá adentro no fue un insulto, fue una declaración de guerra y el príncipe heredero no olvidará esta humillación.
—Que no la olvide, así tendrá algo en lo que pensar además de su propio ombligo.
Giro la cabeza lentamente sosteniéndole la mirada.
Sus ojos rubíes brillan en la penumbra de la noche, fijos en mí con una intensidad que me acelera el pulso.
—¿Le preocupa que tome represalias contra el Norte?
El Archiduque Romanov suelta una risa corta, un sonido ronco y oscuro que me estremece las entrañas de la mejor manera posible.
—El Norte ha sobrevivido a invasiones de monstruos, guerras civiles y traiciones imperiales, un heredero caprichoso no es una amenaza para mis tierras.
Se inclina levemente hacia mí reduciendo la distancia hasta que nuestras respiraciones casi se mezclan.
—Lo que me preocupa es usted… Hace una semana temblaba con solo escuchar mi apellido y hoy viste de rojo sangre, humilla al futuro emperador y me mira como si... Como si me estuviera analizando.
—El roce con la muerte cambia las perspectivas de una mujer Archiduque.
Respondo imitando su cercanía y no me muevo ni un milímetro hacia atrás.
Al contrario, acorto la distancia hasta que mi vestido rojo roza su uniforme negro.
— La antigua señorita de esta casa le tenía miedo a sus rumores, pensaba que usted asesinaba a sus prometidas.
—¿Y usted no lo piensa?
Pregunta él entrecerrando esos ojos de demonio y sus dedos enguantados se mueven sutilmente por la barandilla, casi rozando los míos.
La tensión es tan alta que parece que va a saltar una chispa en cualquier momento.
—A mí no me asustan los asesinos Archiduque Romanov. En mi mundo... Las cosas se resuelven con sangre, si sus anteriores mujeres murieron, es porque eran demasiado frágiles para el juego… Yo no me rompo con facilidad.
Noto cómo su mirada desciende por un segundo hacia mis labios antes de volver a clavarse en mis ojos y su expresión seria y hermética se quiebra dejando ver una fascinación salvaje.
Él sabe que no estoy mintiendo, sabe que hay algo oscuro y peligroso dentro de mí que encaja perfectamente con su propia naturaleza.
—Es peligrosa, Lady de Valois.
Murmura y por primera vez, su tono no es una amenaza, sino una promesa.
—Una mujer hermosa con garras de lobo.
—Y usted es el monstruo que gobierna el norte Archiduque, creo que hacemos una pareja excelente.
Le lanzo una mirada cargada de picardía estirando mi mano enguantada para acomodar, con total atrevimiento una de las condecoraciones doradas de su pecho.
—Casémonos... Firmemos ese contrato con el emperador, usted gana una esposa que no le teme a sus enemigos y luchará a la par con usted y yo gano el derecho a divertirme en su palacio sangriento. ¿Tenemos un trato?
El Archiduque Romanov atrapa mi mano justo cuando termino de tocar su uniforme.
Su agarre es firme, posesivo, pero no me lastima.
Siento el calor de su palma a través de la tela de los guantes.
—Tenemos un trato, mi futura Archiduquesa.
Dice en voz baja y su rostro a milímetros del mío.
— Pero recuerde esto: una vez que cruce las fronteras del Norte conmigo, ya no habrá marcha atrás, pertenece a mi territorio.
—Eso espero, Archiduque… Eso espero.
Respondo con una sonrisa lobuna.
El vals sigue sonando en el interior del palacio, pero aquí afuera, en la oscuridad de la terraza, acabamos de sellar un pacto mucho más peligroso que cualquier matrimonio político.
La jefa de la mafia y el monstruo del imperio están listos para jugar juntos.
necesito fotos de ese guardián 🤭