Guiada por sueños inquietantes, Elara cruza el límite prohibido y encuentra a Kael, el hombre que ha visto en sus visiones. Lo que parece un encuentro imposible revela un lazo antiguo entre Luz y Sombra, despertando una profecía capaz de traer salvación... o destrucción. ✨🌙
NovelToon tiene autorización de Solecito87 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
-
Elara
Nunca había sentido mi propia piel tan consciente de sí misma. Como si cada vello, cada pulso, cada respiración fuera despertada por una mano invisible que me recorría sin tocarme. Era la magia… o era él.
No sabía distinguirlo.
Kael avanzaba un paso detrás de mí mientras nos internábamos en la zona más antigua del Claro de las Tres Lunas. Los árboles tenían troncos plateados y hojas negras, y emitían un susurro que parecía humano, como voces que querían contarnos secretos que nuestra mente no podría soportar sin romperse.
—No te alejes de mí —dijo Kael, su voz baja, ronca—. Este lugar siente. Y responde.
—¿Responde cómo? —pregunté, aunque parte de mí ya intuía la respuesta.
—A lo que proyectamos —susurró—. Y vos estás proyectando demasiado.
Sentí su mirada recorrerme como una mano cálida, lenta, casi… posesiva.
Tragué saliva.
—¿Demasiado qué?
Una hoja cayó sobre mi hombro. Apenas un roce, pero bastó para que una descarga eléctrica me recorriera desde la clavícula hasta la cadera. Mis piernas temblaron.
Kael se acercó por detrás y rozó mi espalda con la punta de sus dedos, apenas un contacto, pero suficiente para incendiar todo mi cuerpo.
—Deseo —murmuró cerca de mi oído—. Estás proyectando deseo, Elara… y este bosque lo absorbe, lo amplifica.
Me giré hacia él. Su cercanía era peligrosa, y sin embargo no quería alejarme. Quería… lo contrario.
—No estoy haciendo nada —susurré.
Sus ojos, que siempre parecían contener tormentas, ahora ardían.
—Sí estás —dijo—. Y no sabés cuánto.
El aire alrededor vibró. Literalmente vibró. Como si algo invisible respirara entre nosotros.
Y entonces, antes de que pudiera entender qué sucedía, una criatura salió de entre los árboles con un salto suave. Era pequeña, blanca como una luz líquida, con orejas largas y ojos grandes iridiscentes. Tenía un cuerpo redondeado y cálido, con manchas doradas que palpitaban como estrellas.
—Un Lumarin —dijo Kael sorprendido—. Hace décadas que no veía uno.
El animalito se acercó a mí directamente, ignorándolo a él. Olió mis manos, mi cabello… y luego apoyó su cabeza luminosa contra mi pecho. Sentí un calor suave entrar en mí, como una caricia desde adentro.
—Te eligió —murmuró Kael—. Solo se vinculan con almas que están despertando poder nuevo.
El Lumarin emitió un sonido suave, como un tintineo cristalino, y su luz se expandió alrededor nuestro formando un círculo brilloso sobre el suelo.
El bosque dejó de susurrar. Todo quedó quieto. Suspenso.
—¿Qué está pasando? —pregunté, con un hilo de voz.
Kael se puso rígido.
—Elara… es un círculo de revelación. Solo aparece cuando un vínculo está a punto de… intensificarse.
El Lumarin giró, dando tres vueltas a nuestro alrededor, cerrándonos dentro de la luz. Y luego desapareció como si se disolviera en aire.
El círculo quedó ahí. Vibrante. Ardiente.
Mis manos temblaban.
—Kael…
Él tragó duro.
—Si das un paso dentro… nada va a poder ocultarse. Ni lo que sentís, ni lo que siento yo.
Miré el borde luminoso. La magia pulsaba como un corazón.
Sabía que si cruzaba, si aceptaba… no habría vuelta atrás. Algo entre nosotros cambiaría para siempre.
—¿Y si ya no quiero ocultarlo? —susurré.
Kael dejó escapar un exhalación rota.
—No me provoques, Elara.
—No lo hago… —dije, dando un paso más cerca del círculo—. Solo estoy siendo honesta.
Él cerró los ojos un segundo, como si luchara consigo mismo.
—Si entramos ahí… puedo perder el control.
Sonreí suavemente.
—Tal vez yo también.
Mi pie cruzó el borde.
La luz subió por mi pierna como fuego líquido. En el mismo instante, Kael entró detrás de mí, casi instintivamente, como si no pudiera detenerse.
La magia nos envolvió a los dos.
Y lo que sentí…
Dioses.
Era como si mi corazón se encendiera. Como si mis deseos se volvieran materia. Como si todo en mí gritara su nombre sin pronunciarlo.
Kael abrió los ojos y me miró como si fuera un eclipse que solo él podía ver.
—Elara… —su voz era un rugido contenido—. Esto potencia todo.
—Lo sé —susurré—. Y no tengo miedo.
Sus dedos rozaron mi mejilla, despacio, ardientes.
—Deberías.
Pero no lo decía como advertencia. Lo decía como alguien que está a punto de perderse.
El círculo brilló más fuerte cuando su pulgar acarició mi labio inferior.
Y sentí el calor subir de una forma tan intensa, tan dulce, tan peligrosa, que tuve que apoyar mis manos en su pecho para no caer.
Su pecho… firme, cálido, latiendo rápido.
Mis dedos temblaron sobre su camisa.
—Kael…
Él bajó la cabeza hasta quedar a un suspiro de mí.
—Si seguís así no voy a poder detenerme.
—Entonces no te detengas —contesté, sin pensar, sin razón. Solo sintiéndolo.
Su respiración chocó con mi boca.
Y entonces…
Kael
Si los dioses quisieran castigarme, usarían exactamente esto. Esta mujer. Esta luz. Este deseo que me quema desde adentro.
Elara temblaba bajo mis dedos, pero no por miedo.
Sino por la misma necesidad que me estaba rompiendo a mí.
El círculo de revelación ardía alrededor nuestro, amplificando cada impulso, cada emoción, cada vibración entre nuestros cuerpos.
Y lo que sentía por ella… no era suave. Ni tranquilo. Era voraz.
La agarré de la cintura, lento pero firme, y la atraje contra mí. Su cuerpo encajó perfectamente en el mío, como si hubiera sido hecho para eso.
Un gemido suave escapó de sus labios, casi imperceptible, pero suficiente para hacerme perder la poca cordura que me quedaba.
—Elara… —murmuré contra su cuello—. Vas a enloquecerme.
—Quiero hacerlo.
Cerré los ojos.
Dioses.
Ella no sabía lo que decía.
O tal vez sí. Y eso lo hacía peor… o mejor.
Mi mano subió lentamente por su espalda, delineando su columna, sintiendo cómo arqueaba su cuerpo hacia mí. Su piel ardía bajo mis dedos, como si la magia la hubiera vuelto fuego.
—Decime que te detenga —susurré, aunque en realidad no quería que lo hiciera.
—No.
Esa palabra…
Me atravesó.
La tomé del rostro y la miré directamente.
Sus pupilas estaban dilatadas. Sus labios entreabiertos. Sus mejillas encendidas.
Mi nombre vibraba en el círculo como un eco silencioso.
—Elara… si cruzamos este límite… no vas a ser la misma. Yo no voy a ser el mismo. Nuestro vínculo se va a sellar. Para siempre.
Ella apoyó su frente contra la mía.
—Tal vez eso es lo que ya está pasando.
La besé.
Fue un beso profundo, pero lento. Ardiente, pero contenido. Un beso que prometía un incendio, pero que todavía lo sostenía con una sola mano temblorosa.
Sus manos se aferraron a mis hombros.
Mi cuerpo entero se tensó.
El círculo respondió.
La luz subió como llamas doradas alrededor nuestro.
La magia entró en mí como un latido poderoso.
Sentí su energía mezclarse con la mía, como dos ríos chocando, como un hilo invisible uniéndose desde nuestros corazones.
Era demasiado.
Y al mismo tiempo, no suficiente.
Cuando me separé apenas para respirar, la vi…
Dioses, la vi.
Su magia brillaba bajo su piel, una luz suave en su pecho, justo donde el Lumarin la había tocado. Una marca. Una apertura.
—Estás despertando —susurré, tocando esa luz con la punta de mis dedos—. Y yo… estoy respondiendo.
Elara se estremeció.
Y entonces lo sentí.
Un tirón.
Un lazo.
Una unión que no había sentido nunca.
Como si su alma golpeara la mía desde adentro.
Di un paso atrás, jadeando.
No por rechazo.
Sino porque la intensidad era brutal.
—Elara… si seguimos… voy a sellar el vínculo. Y cuando eso suceda… ya no vas a poder apartarte de mí. Ni yo de vos.
Ella dio un paso hacia mí.
—¿Y quién dijo que quiero apartarme?
Mi respiración se detuvo.
Era mía.
Y lo sabía.
Me acerqué de nuevo, despacio, con el control colgando de un hilo.
Mi mano se deslizó por su cintura.
Su piel tembló.
La mía también.
—Entonces… —dije contra sus labios, apenas rozándolos— seguimos.
Su sonrisa fue pequeña. Peligrosa. Hermosa.
Pero justo cuando iba a besarla de nuevo…
El círculo explotó en una llamarada dorada.
Elara gritó, no de dolor, sino de sorpresa.
La magia la envolvió, girando alrededor de su cuerpo.
Y de pronto, sus ojos se iluminaron completamente.
Mi alma se detuvo.
—Elara… —dije, sintiendo cómo la energía me perforaba el pecho también—. Lo desataste.
Ella me miró con ojos que ya no eran los mismos.
Había algo nuevo.
Algo salvaje.
Algo mío.
—Kael… —susurró—. ¿Qué… qué está pasando?
La tomé antes de que cayera.
—Lo inevitable —dije—. Nuestro vínculo… empezó.
Y ya no había vuelta atrás.