En un mundo dominado por hombres, la legendaria maestra de artes marciales Mei Ling reencarna como un joven en la antigua Dinastía del Dragón. Ocultando su verdadera identidad femenina y su vasta experiencia, Mei Ling, ahora Huang Yi, debe navegar en una sociedad machista mientras se enfrenta a un carismático y sarcástico General, librando batallas internas y externas para sobrevivir, honrar a su familia y forjar un camino hacia la igualdad, todo mientras guarda un secreto que podría costarle la vida.
NovelToon tiene autorización de Lewis Alexandro Delgado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
2 PRIMER ENCUENTRO
Observé al general, mi mente hirviendo, una sonrisa sarcástica formándose en mis labios, que procuré ocultar.
Definitivamente, este hombre es un idiota, un creído, arrogante e insoportable. Cree que su tamaño y su linaje lo hacen invencible. Le voy a demostrar lo que es capaz una mujer del siglo XXI, ¡y se tragará cada una de sus palabras! ¡Soy más que una mujer, soy una viajera con un espacio especial que me permite sacar todas las armas que usé en mi antigua vida! Su presunción es casi tan grande como su estatura. Qué pena que su inteligencia no lo sea.
"General Feng Shang", respondí, inclinando la cabeza lo justo para mostrar respeto, pero mi voz cargada de un tono que solo él, con su aguda percepción, podría notar. "Me halaga que se preocupe por mi 'frágil' constitución. Supongo que la ligereza de mis huesos le impedirá ver la fuerza que encierran. Y en cuanto a decepcionarlo, no se preocupe. Mis habilidades son más discretas que su... tamaño. Acepto el duelo con su 'mejor' soldado." La palabra "mejor" la pronuncié con una leve, casi imperceptible, pausa, enfatizando mi escepticismo.
El general arqueó una ceja, una pequeña chispa de diversión o quizás irritación brillando en sus ojos. "Una lengua afilada, además de una figura delgada. Interesante combinación. Veremos si tu espada es tan punzante como tu ingenio, muchacho."
Acepté el duelo con Mu Yu, sin permitir que su menosprecio me afectara.
Saqué mi espada, una hoja que había traído de mi vida anterior, una réplica perfecta de mi antigua arma de esgrima, forjada con un metal ligero pero increíblemente resistente. Su hoja brillaba bajo el sol de la tarde, una promesa silenciosa. La batalla comenzó. Fue épica, un torbellino de movimiento y precisión. Ambos nos movíamos en el aire con una agilidad asombrosa, casi levitando, intercambiando patadas que rompían la quietud y el resonante choque de espadas que hacía eco en el patio. Mi Kung Fu, perfeccionado a lo largo de dos vidas, era fascinante de observar, una danza letal. Mi manejo del Jiao Di, una técnica de combate que involucraba todo el cuerpo, desde las puntas de mis dedos hasta la punta de mis pies, era magnífico. Cada movimiento mío era una obra de arte en movimiento, ejecutado con una elegancia felina, precisión milimétrica y una agilidad espléndida que desmentía mi "frágil" apariencia. Mis patadas voladoras y dobles patadas eran épicas, golpeando el aire con una fuerza asombrosa, capaces de desequilibrar a un hombre del doble de mi tamaño. La forma en que usaba la espada era como la de un maestro de alto nivel, cada estocada un relámpago, cada bloqueo un muro inquebrantable, un testimonio silencioso de años de práctica incansable.
Mu Yu era formidable, un guerrero experimentado, un torbellino de golpes rápidos y una defensa impenetrable. Sus movimientos eran como los de un tigre, feroces, directos, cada embate buscando un punto vital. Pero yo era una serpiente, escurridiza y letal. Él atacó con una serie de golpes descendentes, su espada silbando en el aire. Bloqueé con mi propia hoja, el impacto haciendo vibrar mis brazos, pero mi postura se mantuvo firme. Esquivé una patada alta que buscaba mi cabeza, girando sobre mi propio eje con una gracia inhumana y contraatacando con una patada baja que le hizo tambalear, forzándolo a retroceder un paso. Sus ojos, antes llenos de confianza, se abrieron en sorpresa, no esperaba tal agilidad y resistencia de un joven tan "pequeño". Nuestras espadas chocaron una y otra vez, las chispas volaban como luciérnagas en la tarde, llenando el aire con el sonido metálico de nuestra danza de acero. Sentía la adrenalina bombear por mis venas, una sensación familiar y embriagadora que me conectaba con mi vida pasada. Vi una apertura, un instante fugaz en su defensa: mientras él se preparaba para un golpe descendente con toda su fuerza, me deslicé por debajo de su guardia con la rapidez de una sombra. Mi espada silbó en un arco rápido y preciso, no buscando herir, sino desarmar. El sonido metálico de su arma al caer al suelo rompió el silencio tenso. Antes de que pudiera reaccionar, la punta de mi espada ya estaba rozando su garganta, una amenaza fría y contundente.
Derroté y humillé al mejor hombre de Feng Shang en cuestión de minutos.
"Y dígame, general", pregunté, mi voz tranquila pero con un toque de desafío bien medido, mi mirada fija en la suya, "después de esta 'actuación mediocre', ¿todavía cree que un 'soplo de viento' podría derribarme?"
El general me miró con una mezcla indescifrable de sorpresa, respeto a regañadientes y una pizca de irritación palpable, su mandíbula tensa. "Te felicito, Huang Yi. Eres un digno hijo de tu padre, a pesar de tu... tamaño. Tus habilidades marciales superan, debo admitir, a las de mis hombres. Un espectáculo bastante... inesperado. Sin embargo, no te confíes. Aún te falta mucho por recorrer. Estás muy por debajo de mí, muchacho. Además, tienes que fortalecer tus músculos para ser un hombre de verdad. Eres muy delgado y pequeño, como máximo mides 1.65 metros. Eres ridículamente pequeño comparado con mis soldados. En su gran mayoría miden 1.98 metros, el más bajito mide 1.89. Todos hombres rudos y altos, letales. Es sorprendente que un 'mocoso' de tu tamaño tenga tanta fuerza y agilidad. Quizás deberías comer más para llenar ese esqueleto."
Mi sonrisa se volvió aún más imperceptible. "Agradezco su 'preocupación' por mi dieta, General. Quizás mi ligereza me permite moverme con una velocidad que hombres de su... robusta constitución, podrían encontrar difícil de igualar. No todo es músculo, General. La mente y la técnica también cuentan, aunque algunos lo olviden."
El General Feng Shang resopló, un sonido que podría haber sido una risa ahogada o un gruñido. "Veremos qué tan 'ligero' te sientes cuando tengas que marchar por días con la armadura de un soldado. Pero por ahora, reconozco tu... peculiar talento. Has demostrado ser más que un simple 'mocoso'."
Los niños, ajenos a la batalla de ingenios que acababa de librarse, corrieron a abrazar a su padre, trepando por sus piernas macizas. Mi madre, con una expresión de orgullo apenas disimulada, le dio una cálida bienvenida al general, ofreciéndole té y una toalla fresca.
Esa noche, el general y algunos de sus hombres que lo acompañaban fueron a beber a un burdel cercano, donde se decía que estaban las mejores cortesanas y las más hermosas. Los soldados, compañeros del general, se acostaron con las cortesanas, buscando consuelo y distracción. Pero el general no lo hizo. Se decía que era un hombre correcto, que no le gustaban ese tipo de promiscuidades, una reputación que, a pesar de los rumores sobre su "tercera pierna", se mantenía intacta. Mientras tanto, yo regresé a la casa, el sabor de la victoria en mi boca, pero también la conciencia de la ardua tarea que tenía por delante: mantenerme como "Huang Yi", un joven guerrero de lengua afilada y cuerpo ágil, y algún día, cambiar este mundo. El secreto de mi verdadera identidad como mujer, celosamente guardado, era mi mayor arma y mi mayor vulnerabilidad, una carta que no podía revelar.