Emir Casper regresó del extranjero, sin imaginar que su ex novia y su mejor amigo, estaban celebrando un año de aniversario. Tal vez por venganza, o quizás porque en verdad ella lo cautivo, contrajo matrimonio con la prima de su mejor amigo, teniendo que convivir en la misma casa que su exnovia, y su mejor amigo.
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Capítulo 9
“Fui quien se metió con su novia, ya estaba apartada para él”.
—¿Entonces no amas a tu esposa?
—Al principio no, pero en el transcurso de este año que hemos convivido, ella se ha robado mi corazón por completo. Más que amarla, Maca se ha convertido en mi vida. Aquí sí resultó lo que mi tío y mi abuela decían: que el amor llega después; pero en la situación de Belly, no creo que ella pueda enamorarse.
—¿Y tu esposa? ¿También te ama?
—Por supuesto. Pero no he venido aquí a hablar de mi matrimonio con Maca, quiero que hablemos de Belly… Emir, eres el único que puede salvarla —suspira—. Yo sé que tu familia es muy diferente a la nuestra, que tienen otras costumbres, y que ustedes se casan por amor y no por conveniencia.
—¿Quieres que me case con tu prima? —Asiente.
—Así sea solo por un tiempo. Emir, sé que esto que te estoy pidiendo va en contra de tus creencias, pero necesito de tu ayuda; necesito salvar a mi prima, ya que por mi culpa está en esta situación.
—¿Por qué es tu culpa? Fue decisión nuestra salir del hotel e ingresar a la habitación.
—Sí, lo sé. Pero mi tío no se hubiera enterado si yo no le contaba a Maca que Belly no se encontraba en el hotel.
—Espera, ¿dices que tu esposa le informó al padre de Belly que no estaba en el hotel?
—Así es, Maca llamó a su madre y esta le contó a mi tío; por eso en cuestión de minutos ya había levantado un ejército para buscarla.
—¿Por qué hizo eso? —inquiero algo molesto.
—Bueno, ellas no se llevan desde siempre; desconozco los motivos a fondo de esa rivalidad entre ellas, pero el caso es que no se toleran.
—Eso lo sabía.
—¿Lo sabías? —suspiro porque tarde me doy cuenta de que hablé de más.
—Sí, Belly me lo contó anoche —miento, y me siento miserable porque desde anoche he empezado a construir una cadena de mentiras que no sé qué vaya a suceder una vez que se rompa.
—Emir, sé que sueno muy insistente, pero necesito saber si estás dispuesto a ayudar a Belly.
—Edson, debes saber que no creo en el divorcio; sueño con casarme y que sea para toda la vida y, sobre todo, que exista amor de por medio.
—Pero no será un matrimonio real; o sea, sí firmarán los papeles y ante la ley estarán casados. Pero no serán un matrimonio real, será así como un matrimonio de apariencias. Bro, lo único que quiero es que Belly pueda librarse de la oligarquía de mi tío, y la única opción es casándose con alguien que esté de acuerdo en que el matrimonio será solo de apariencia.
—¿Ella te pidió que hables conmigo? ¿Belly quiere que me case con ella?
—No, ella ni siquiera sabe que estoy aquí. Pero si aceptas se lo comentaré y sé que estará de acuerdo, porque está más que dispuesta a librarse de su padre.
Miro el reloj, vuelvo la mirada a mi amigo:
—Creo que este tema lo debemos hablar con más tiempo.
—Tienes razón, no es una decisión que puedas tomar así como así —suspira—. Bro, dame una pronta respuesta, que no pase de esta semana, porque escuché al tío que ese es el plazo máximo que te da para que pidas la mano de Belly —pasa su mano por la nariz y, sin despegar la mirada, acota—: No te sientas forzado a hacerlo, ni por mi amistad ni por las amenazas que recibas por parte de mi tío, porque lo conozco y sé que no tardará en buscar la manera de obligarte.
—Ya lo hizo, envió una nota a mi padre.
—¡Qué infeliz! No te preocupes por eso, hoy llamaré a mi padre y le informaré de esto. Aunque estará fuera del país un mes, espero poder encontrar la forma de ayudarnos.
Me levanto:
—Yo te escribo cuando tenga una respuesta. —Él se levanta y estrecha mi mano—. Otra cosa, no comentes nada de esto con tu esposa, no vaya a ser que quiera arruinar todo para lastimar a Belly.
—No, no le diré nada. De darse, será un secreto entre Belly, tú y yo.
Salgo del bar para volver a casa. De camino a esta no dejo de pensar en el gran engaño de Maca; ella debía saber que estaba comprometida y nunca me lo hizo saber. Ella conocía a su prometido, y cuando se lo enseñé en la fotografía debió reconocerlo; sí, claro que lo reconoció, por eso dejó caer el helado sobre el teléfono cuando le mostré la foto de Edson.
Si tan solo hubiera sabido que ella era su novia, su prometida o lo que fuera, jamás le habría pedido que fuera mi novia, jamás hubiera salido con ella y, a pesar de que me gustaba, la hubiera desechado de mi cabeza, porque ante todo Edson era mi amigo y yo respetaba las creencias de su familia.
Ahora entiendo por qué ella no quería que nos viéramos fuera del instituto, mucho menos que nos tomáramos fotografías. Jamás quiso regalarme una porque sabía que podría enviársela a Edson comentándole de que ella era mi novia. Y decía que todo era por miedo a su padrastro, el general, y yo, de estúpido, le creí.
Golpeo con impotencia el volante, porque por sus engaños podría perder la amistad de Edson.
Al llegar a casa, estaciono el auto y me quedo un rato dentro pensando en aquella frase: “el amor llega después del matrimonio”. Si del amor al odio hay un solo paso, ¿por qué no podría surgir el amor entre Belly y mi persona? Emilia se casó con Lanús sin él amarla y, con el pasar del tiempo, lo volvió loco; ahora son una pareja feliz, envidiable, ¿por qué no podría sucederme a mí también?
Con ello en mente ingreso a casa. Ya para ese entonces toda la familia se encuentra en casa; los pequeñines corren hasta mí, se envuelven en mis piernas y los más grandes gritan por los regalos.
Hoy hay otra personita, más pequeña que mi adorada sobrina, y es mi hermosa prima, la cual ayer no vi porque se encontraba dormida en brazos del tío. Pero véanla aquí, pidiendo su regalo y llamándome tío en vez de primo; y es entendible que me llame así, ya que escucha a los trillizos hacerlo.
Entrego los regalos a cada uno, luego me siento con los tres hombres que se encuentran en la parte exterior de la casa; ahora ya puedo compartir con ellos.
—Emir, ¿puedes explicarme qué fue lo que pasó anoche con Brandon Rossetti?
—¿No le has contado? —Él niega—. Te lo cuento después —digo al levantarme porque ya están llamando para la cena.
Todos nos dirigimos al comedor; al sentarnos hacemos una oración y, después de ello, empezamos a degustar de mi plato preferido. Tan bella que es mi madre. Siempre consintiendome.
Cuando ya todos los adultos han terminado de comer y los niños se han marchado a la sala de juegos, comunico:
—¡Voy a casarme! —La sonrisa que había en todos se ha disipado; papá me mira con el ceño fruncido y niega.
—¿Qué dijiste? —Mamá es la primera en cuestionar, y para que asimile lo que he dicho, vuelvo a repetirlo—. Nos habías dicho que no tenías novia.
—Pues mentí.
—Emir está bromeando, no le hagan caso.
—No es broma, papá, me voy a casar —suspiro—. Quiero que mañana me acompañen a pedir la mano de mi novia.
—No voy a permitir eso —reprocha él y se levanta—. Te espero en el despacho.