Una historia sobre las cicatrices del pasado, las decisiones imposibles y la dolorosa lección de que, a veces, incluso el amor más intenso necesita ser Cuestión de tiempo.
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Capitulo 17 Emboscada de amor
Liam estaba perdiendo la cabeza. El silencio del otro lado del océano Atlántico lo estaba consumiendo vivo. Había pasado las últimas setenta y dos horas intentando marcar el número de Zoe, enviando mensajes que nunca se entregaban y estrellándose contra la fría realidad de que ella lo había bloqueado de absolutamente todos lados. No tenía cómo saber de ella; Zoe ni siquiera le daba la hora. Estaba completamente fuera de su alcance, y esa falta de control lo estaba volviendo un hombre peligroso y desesperado, practicamente estaba que mataba y comía del muerto.
Por eso, cuando vio que su amigo Dominic deja el celular sobre el escritorio de la oficina para ir al baño, Liam no lo pensó dos veces. Aprovechó el descuido en un segundo. Tomó el teléfono de Dominic, desbloqueó la pantalla con rapidez y salió de la oficina a pasos agigantados, directo hacia su auto. Necesitaba una vía de escape, un rincón a solas donde Dominic no pudiera arrebatarle el aparato de inmediato.
En Londres, la tarde transcurría con una paz que yo creía haber ganado a pulso. Estaba en la sala de mi apartamento, repasando unos apuntes del posgrado, cuando mi teléfono comenzó a sonar. Al mirar la pantalla y ver la foto de Dominic, sonreí de inmediato. Pensando que era mi querido hermano llamando para ponerse al día y contarme los chismes de Nueva York, deslicé la pantalla y acepté la videollamada sin dudarlo.
—¡Hola, Dom! Qué milagro que llamas... —comencé a decir con alegría, acomodando el teléfono frente a mí.
Pero la sonrisa se me congeló en los labios y el aire se me escapó de los pulmones.
La pantalla no mostraba la oficina de Dominic. Mostraba el interior de un auto, y el rostro que apareció en primer plano era el de Liam. Tenía las ojeras marcadas, la mandíbula rígida y una mirada oscura, hambrienta y desesperada que pareció atravesar el cristal del celular.
—Zoe... Al fin te dejas ver —pronunció con esa voz ronca que solía debilitarme las piernas, pero que ahora solo me encendió las alarmas de inmediato.
—¿Liam? —mi voz salió en un hilo, una mezcla de profunda sorpresa y rabia—. ¿Qué es esto? ¿Dónde está Dominic? ¡Pásame a mi hermano!
—Dominic no está, Zoe. Tuve que quitarle el teléfono porque a mí me tienes bloqueado de todos lados —dijo Liam, apretando el volante con una frustración evidente—. ¿En serio pensaste que un estúpido botón me iba a detener? ¿Que me ibas a dejar en el olvido así de fácil sin darme ni una sola explicación?
La indignación me recorrió el cuerpo. Me levanté del sofá, sintiendo que la sangre me hervía.
—¡No tengo nada que explicarte, Liam! Te bloqueé porque no tienes derecho a invadir mi vida. Estás casado, tienes una esposa allá, ¿qué parte de que ya no formo parte de tu presente no has logrado entender? —le recriminé, con las manos temblándome por la furia.
Liam clavó sus ojos oscuros en la cámara, completamente desarmado, mostrando una vulnerabilidad que me encogió el estómago.
—¡No puedo entenderlo, porque te amo, Zoe! —exclamó, y sus palabras resonaron con fuerza en la soledad de mi apartamento—. Este matrimonio es un infierno... Cada noche me acuesto odiándome por no haber tenido el valor de detenerte en el aeropuerto. Me di cuenta tarde, sí, pero ahora lo sé. Te amo. Dime la verdad mirando a la cámara... ¿Ya me olvidaste? ¿Ese inglés con el que andas ya te hizo olvidarme?
Me quedé muda, con el corazón golpeándome el pecho como un animal enjaulado. Su confesión llegaba como un huracán tardío, justo cuando yo intentaba reconstruirme.
Y como si el destino se burlara de nosotros, el timbre de mi apartamento sonó con insistencia en ese preciso instante. Dos golpes firmes en la madera. Era Oliver, que venía a buscarme para ir a la biblioteca del campus.
Liam escuchó el sonido a través de la llamada y sus ojos se entrecerraron con una furia celosa y renovada.
—Es él, ¿verdad? Es el inglés —dijo Liam, pegando el rostro al teléfono—. No le abras, Zoe. No te atrevas a colgarme otra vez. No me dejes con esta maldita desesperación.
No soporto estar un minuto más al lado de Tiffany, Zoe. Estoy moviendo cielo y tierra para encontrar la forma de divorciarme sin que ella sea un obstáculo. Le doy dinero a manos llenas solo para comprar mi paz y que no me fastidie, pero cada día es una tortura. Sigo allí únicamente por mi hijo, por protegerlo hasta que nazca, porque si no fuera por esa responsabilidad, ya habría firmado los papeles y estaría cruzando el mundo solo para buscarte. "No me importa nada más que tú".