En las heladas tierras de Rusia nació un hombre destinado a conocer el verdadero significado del sufrimiento. Desde su infancia fue arrojado a un mundo de violencia, traición y muerte, donde cada día era una batalla por sobrevivir. Las cicatrices que cubrían su cuerpo eran solo una pequeña muestra de las heridas que consumían su alma. Después de perder todo aquello que alguna vez amó, se convirtió en una sombra de sí mismo: un guerrero despiadado que caminaba entre cadáveres y campos de batalla sin sentir miedo, compasión o esperanza. Para él, el mundo era un infierno interminable, y él mismo era uno de sus demonios. Sin embargo, cuando el destino parecía haber sellado su condena, una mujer apareció en su vida. A diferencia de los demás, ella no vio al monstruo que todos temían, sino al hombre roto que se ocultaba tras años de dolor. Con paciencia, valentía y una determinación inquebrantable, comenzó a derribar los muros que protegían su corazón.
NovelToon tiene autorización de Black_Dragon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 20: El incendio
La felicidad...
Era extraña.
Durante años pensé que nunca existiría para alguien como yo.
Y cuando por fin la encontré...
Comencé a creer que quizá podía durar para siempre.
Qué equivocado estaba.
---
Aquella mañana comenzó como cualquier otra.
La madre de Rose preparaba el desayuno.
Los gemelos discutían por quién había terminado la leche.
El padre intentaba poner orden.
Rose se reía de ellos.
Y yo observaba aquella escena con una pequeña sonrisa.
Entonces...
Toc, toc.
Llamaron a la puerta.
El padre fue a abrir.
Un hombre cubierto por un grueso abrigo entregó una carta.
—Traigo un mensaje urgente del pueblo vecino.
El hombre hizo una ligera reverencia y se marchó.
El padre cerró la puerta.
Todos dirigimos la mirada hacia la carta.
La abrió cuidadosamente.
Su expresión fue cambiando conforme leía.
Finalmente levantó la vista.
—Parece que el pueblo vecino necesita ayuda.
Rose inclinó la cabeza.
—¿Qué ocurrió?
—Hablan de un grupo de bandidos.
—Dicen que han comenzado a rondar el camino principal.
La habitación quedó en silencio.
El padre volvió a leer la carta.
Luego me miró.
—Leon...
Asentí antes incluso de que terminara la frase.
Comprendía lo que iba a pedir.
—¿Podrías ir?
No necesité pensarlo.
—Sí.
Si realmente había personas en peligro...
Debía ayudar.
---
Preparé rápidamente algunas cosas.
Mi viejo cuchillo.
Un abrigo grueso.
Un poco de comida.
Nada más.
Cuando salí de la casa...
Escuché unos pasos detrás de mí.
Me giré.
Era Rose.
Había salido corriendo.
Su respiración estaba ligeramente agitada.
Se detuvo frente a mí.
Me observó unos segundos.
Después levantó un dedo hacia mi rostro.
—Tengo una orden.
Sonreí.
—¿Cuál?
Ella respiró profundamente.
—Cuídate mucho.
Su voz tembló un poco.
—Y...
No apartó la mirada.
—Tienes que volver con vida.
Sentí una calidez recorrer mi pecho.
Asentí lentamente.
—Lo prometo.
Rose sonrió.
Aunque en sus ojos seguía existiendo una pequeña preocupación.
Le acaricié suavemente la cabeza.
Después...
Comencé a caminar.
---
El viaje duró varias horas.
La nieve hacía más pesado cada paso.
Pero conocía el camino.
Había ido al festival hacía no mucho tiempo.
Al llegar...
Fruncí ligeramente el ceño.
Todo estaba completamente tranquilo.
Los niños jugaban.
Las personas caminaban con normalidad.
No había señales de combate.
Ni de saqueos.
Ni de bandidos.
Pensé que quizá ya era demasiado tarde.
Me dirigí inmediatamente hacia la casa del jefe del pueblo.
El anciano me recibió con una expresión amable.
—Buenos días.
—Buenos días.
Incliné ligeramente la cabeza.
—Vengo por la carta.
El hombre frunció el ceño.
—¿Qué carta?
—La petición de ayuda.
Su expresión cambió inmediatamente.
—¿Petición?
Negué lentamente.
—Decía que tenían problemas con unos bandidos.
El anciano permaneció varios segundos completamente inmóvil.
Después negó con firmeza.
—Nosotros no enviamos ninguna carta.
Sentí un ligero escalofrío.
—¿Qué?
—Y tampoco hay bandidos cerca del pueblo.
El silencio cayó entre ambos.
Comencé a pensar.
¿Entonces...?
¿Quién había enviado aquella carta?
Después de unos segundos suspiré.
Quizá...
Solo era una broma pesada.
Una muy extraña.
Me despedí del anciano.
Y emprendí el camino de regreso.
---
El sol comenzaba a desaparecer detrás de las montañas.
La temperatura descendía rápidamente.
La nieve reflejaba la tenue luz del atardecer.
Todo estaba en silencio.
Solo se escuchaban mis pasos.
Hasta que...
Levanté la vista.
A lo lejos.
En dirección a mi pueblo.
Había una enorme columna de humo negro elevándose hacia el cielo.
Me detuve.
La observé durante unos segundos.
Podría ser...
Un incendio en el bosque.
O alguna quema controlada.
No era algo imposible.
Continué caminando.
Aunque...
Por alguna razón.
Mi corazón comenzó a latir un poco más rápido.
---
Conforme avanzaba...
El humo aumentaba.
Cada vez era más espeso.
Cada vez más oscuro.
Mis pasos comenzaron a acelerarse.
Algo no estaba bien.
Lo sentía.
Entonces...
Un olor.
Madera quemándose.
Corrí.
Cada vez más rápido.
La nieve saltaba bajo mis botas.
Los árboles desaparecían a mis lados.
Mi respiración comenzó a acelerarse.
"Por favor..."
"Que no sea el pueblo."
Salí del bosque.
Y el mundo se detuvo.
El pueblo entero estaba envuelto en llamas.
Los techos ardían.
Las casas se derrumbaban.
El humo cubría el cielo.
Los gritos apenas podían distinguirse entre el rugido del fuego.
Sentí que mi pecho se vaciaba.
Solo pensé en una persona.
Rose.
Sin detenerme un solo instante...
Corrí.
---
Atravesé las calles envueltas en humo.
Apenas podía respirar.
Mis ojos ardían.
Las llamas impedían ver con claridad.
Tropecé varias veces.
Pero seguí corriendo.
Solo había una casa que importaba.
Solo una.
Finalmente apareció frente a mí.
Nuestra casa.
O lo que quedaba de ella.
La puerta estaba abierta.
Parte del techo había colapsado.
Y frente a la entrada...
Había una persona tendida sobre la nieve.
Cabello oscuro.
Vestido claro.
Completamente inmóvil.
Sentí que el mundo desaparecía.
—¡¡ROSE!!
Mi grito rompió el ruido del incendio.
Corrí desesperadamente hacia ella.
No veía nada más.
Solo quería llegar.
Solo quería comprobar que respiraba.
Que estaba viva.
Que todo era un error.
Di otro paso.
Y entonces...
¡CRACK!
Un golpe brutal impactó la parte posterior de mi cabeza.
Todo giró.
Mis piernas dejaron de responder.
Caí violentamente sobre la nieve.
El mundo comenzó a volverse borroso.
Intenté incorporarme.
No pude.
Mi vista temblaba.
Las llamas se mezclaban con la oscuridad.
Apenas distinguía las siluetas.
Entonces la vi.
Rose.
Seguía allí.
Apenas a unos centímetros de mí.
Extendí lentamente una mano hacia ella.
Mis dedos arañaban la nieve.
Un poco más.
Solo un poco más.
"Rose..."
Intenté pronunciar su nombre.
Pero mi voz ya no salió.
La oscuridad comenzó a cubrirlo todo.
Lo último que sentí...
Fue el frío de la nieve bajo mi mano extendida.
Y después...
No quedó nada.