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Pecado Clandestino

Pecado Clandestino

Status: En proceso
Genre:Romance / Posesivo
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

Julián Zaragoza lo tiene todo bajo control, excepto su propia vida. A sus 30 años, es el frío y respetado director de una firma de administración aduanera internacional, viudo y padre soltero de una rebelde joven de 18 años. El estrés corporativo y la rutina lo están asfixiando por dentro.
​Entonces conoce a Esther Molina.
​Ella tiene 27 años, una hija pequeña a la que proteger y un pasado oscuro que dejó atrás: años atrás, trabajó en un prostíbulo. Cuando Julián descubre su secreto, no la juzga. Ve en ella la vía de escape perfecta.
​La propuesta de Julián es tan directa como indecente: una relación puramente física. Sin citas, sin preguntas sobre sus vidas personales, sin involucrar a sus hijas y, sobre todo, sin enamorarse. Un pacto donde la única regla es el placer absoluto para olvidar el mundo exterior.

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Nada me detiene

La mansión de los Zaragoza, una imponente estructura de piedra y cristales oscuros en la zona más exclusiva de la ciudad, se sentía esa noche como una tumba de lujo. El silencio era sepulcral, pero era el tipo de silencio que precede a las catástrofes, cargado de una tensión tan densa que dificultaba respirar.

El sedán negro de Julián frenó en seco sobre la grava del patio delantero, haciendo chirriar las llantas en un eco violento que rompió la paz del vecindario. Él bajó del auto sin siquiera apagar las luces. Su caminar ya no era el de un director ejecutivo elegante; era el andar errático, pesado y letal de un depredador herido que buscaba una presa para descargar su furia. Había pasado todo el día en un infierno flotante, revisando archivos de recursos humanos, llamando a contactos de la policía, buscando desesperadamente un rastro, una dirección, cualquier maldito cabo suelto que le explicara por qué Esther Molina se había esfumado de la faz de la tierra. Pero no había nada. Lo había bloqueado. Lo había borrado de su mapa con una frialdad que le estaba destrozando las entrañas.

Estaba obsesionado, al borde de la locura, sintiendo el vacío del aroma a vainilla en sus manos. Y necesitaba respuestas.

Abrió la puerta doble de roble de la casa con un golpe seco que resonó en todo el vestíbulo. Se quitó el saco negro y lo arrojó al suelo, desabrochándose los tres primeros botones de la camisa con manos torpes y desesperadas, sintiendo que las paredes de su propia casa lo asfixiaban.

—¡Victoria! —el rugido de Julián retumbó en la planta baja, haciendo que las lámparas de cristal del techo vibraran ligeramente. Su voz ronca, rota por la contención de tantas horas, contenía un peligro que habría hecho retroceder a cualquiera de sus socios comerciales.

En lo alto de la escalera de caracol, la silueta delgada de su hija apareció. Victoria vestía un conjunto de seda negro, manteniendo su postura rígida, pero en cuanto sus ojos grises se cruzaron con la mirada inyectada en rabia de su padre, un destello de puro terror cruzó sus facciones. Sin embargo, el orgullo y el resentimiento por el luto de su madre la mantuvieron firme. Bajó los escalones despacio, cruzándose de brazos.

—¿Qué pasa, papá? ¿Por qué gritas de esa manera? —preguntó, intentando forzar una voz altiva que delatara indiferencia.

Julián esperó a que llegara al último escalón. Se plantó frente a ella, imponente, con el pecho subiendo y bajando de forma errática bajo la tela de la camisa blanca. El magnetismo oscuro que usualmente dominaba las oficinas se había transformado en una energía destructiva.

—¿Qué le dijiste a Esther? —siseó, bajando el tono a un susurro letal que cortaba el aire como un cuchillo—. Sé que estuviste en el pasillo del ala norte ayer. Sé que la interceptaste antes de que terminara su turno. ¿Qué maldita cosa le dijiste para que renunciara y desapareciera de esa manera?

Victoria retrocedió un paso, pero de inmediato alzó la barbilla, la rabia acumulada de meses estallando en sus propios ojos.

—¡Le dije la verdad! —gritó la adolescente, con la voz quebrándosele por el dolor—. Le dije que sé perfectamente quién es. Que sé que es una trepadora, una muerta de hambre del personal de limpieza que se mete en tu cama solo por tu dinero. La seguí, papá. La vi entrar a tu departamento secreto. ¡La vi!

Un silencio violento cayó entre los dos. Julián contuvo el aliento, con los puños cerrados a los costados de sus muslos con tanta fuerza que sus nudillos crujieron. La revelación de que su propia hija se había rebajado a espiar su santuario, a romper la delgada línea que separaba su vida corporativa de su adicción clandestina, le quemó las venas.

—No te atrevas a volver a llamarla así —advirtió Julián, y su mandíbula se apretó tanto que una vena comenzó a latirle en la sien—. Tú no sabes nada de esa mujer. No sabes nada de su vida, ni de lo que ha tenido que pasar. No tenías ningún derecho a meterte en mis asuntos personales.

—¡Tengo todo el derecho! —estalló Victoria en lágrimas, descargando toda la frustración del luto—. ¡Eres mi papá! ¡El esposo de mi mamá! No ha pasado ni un año desde que ella murió y tú ya estás revolcándote con una cualquiera en un ático de lujo, gastándote el dinero de la familia en comprarle cosas y esconderla como si fuera tu juguete. ¿Crees que no me duele verte actuar como un adolescente caliente? Estás manchando el apellido, estás destruyendo lo poco que nos quedaba de respeto.

Las palabras de Victoria cortaron la última línea de contención que mantenía al león bajo control. Julián dio un paso al frente, acortando la distancia de tal manera que su sombra cubrió por completo a su hija. El dolor, la culpa del viudo, la frustración de la pérdida y la desesperación de haber perdido a la única mujer que le encendía la sangre colisionaron en su pecho en un estallido salvaje.

—¡Suficiente! —rugió Julián, y el golpe que le dio a la columna de madera del pasamanos hizo eco como un disparo en la mansión—. ¡Tú no entiendes nada! ¿Crees que esto es un juego? ¿Crees que Esther es un capricho?

Victoria se encogió en su lugar, asustada por la violencia emocional que desprendía su padre, una faceta que jamás le había visto. El director implacable estaba completamente roto, desnudado por sus propios sentimientos.

—Llevo meses viviendo en un maldito cementerio, Victoria —continuó Julián, con la voz rota, ronca, cargada de una sensibilidad que le desgarraba la garganta. Sus ojos grises brillaban con lágrimas de frustración que se negó a dejar caer—. Llevo meses despertándome en una cama fría, manejando una empresa vacía, pretendiendo ser el hombre de hierro que todos esperan que sea mientras por dentro sentía que me estaba muriendo palmo a palmo. Mi vida se terminó el día que tu madre se fue, ¿es eso lo que querías escuchar? Estaba muerto. Era un maldito cadáver que firmaba contratos.

Julián se pasó una mano por el cabello desordenado, dando una vuelta sobre su propio eje antes de volver a clavar su mirada letal en su hija.

—Hasta que llegó ella —confesó, y el peso de esas palabras hizo que el aire se volviera irrespirable—. Esther es la única... la única maldita mujer en este planeta que logró devolverme la vida. Su cuerpo, su risa, la forma en que me miraba en la oscuridad... Ella me sacó del fango en el que estaba metido. No es ninguna interesada, Victoria. Le compré un departamento para protegerla de la miseria y me lo arrojó a la cara porque tiene más orgullo y dignidad que cualquiera de las personas ricas con las que nos juntamos. No quería mi dinero. Solo me quería a mí.

Victoria miraba a su padre con la boca entreabierta, las lágrimas corriendo libremente por sus mejillas. El odio que sentía hacia la "mujer de la limpieza" comenzó a tambalearse al ver la cruda verdad: su padre no estaba teniendo una aventura sucia; estaba profundamente, perdidamente enamorado.

—Y tú la corriste —siseó Julián, y su tono bajó a un registro de pura frialdad asesina, una promesa de distancia que a Victoria le heló la sangre—. Usaste tus prejuicios de niña consentida para humillar a la mujer que amo, para hacerla sentir como una basura y obligarla a huir con su hija a mitad de la noche. Me quitaste lo único que me hacía querer despertar por las mañanas.

—Papá... yo no sabía... yo solo quería proteger la memoria de mamá —sollozó Victoria, intentando acercarse, buscando al padre que siempre la había cuidado.

—No vuelvas a buscarme para tus caprichos, Victoria —dictaminó Julián, dándole la espalda de forma definitiva y caminando hacia la salida—. Te di todo el lujo del mundo, pero veo que eso solo te sirvió para volverte cruel.

Abrió la puerta de roble una vez más, permitiendo que el aire frío de la noche portuaria le golpeara el rostro. Antes de salir, se detuvo, sin mirarla, dejando que sus últimas palabras sellaran la peor pelea de sus lives.

—Voy a encontrar a Esther. Y cuando lo haga, espero que tengas la decencia de recordar este día, porque no voy a permitir que nadie, ni mi propia sangre, se vuelva a interponer entre ella y yo.

Julián Zaragoza salió a la oscuridad, subiendo a su auto con el motor rugiendo de nuevo. El león había despertado de su luto, y el mundo entero iba a tener que temblar hasta que lograra recuperar a la mujer que le había devuelto el fuego a su existencia.

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Rita Coba
cómo está es embarazo de aldo riesgo no pueden tener relaciones sexual 🤣
Rita Coba
ojalá ke se estén cuidando si embarazo en la puerta 🤣🤣
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