Cuando sus mundos chocan, la atracción es inmediata, explosiva y peligrosa. Lo que comienza como una misión para Scarlett se convierte en una obsesión mutua donde la línea entre el deber y el deseo se desdibuja peligrosamente.
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CAPÍTULO 23
La declaración de Giuseppe cambio todo.
El antiguo contable de Vittorio Moretti habla durante tres horas frente a la cámara del periodista. No omite detalles, las cuentas secretas, los sobornos, los asesinatos encubiertos. Y lo más importante, la verdad sobre la madre de Alejandro.
Cuando termina, hay silencio en la habitación.
Soila llora en silencio. Damián aprieta los puños. Scarlett mira a Alejandro, que permanece inmóvil, procesando cada palabra.
—¿Estás bien?
pregunta ella en voz baja.
—No lo sé.
Su voz es ronca.
— Toda mi vida creí que mi madre había muerto por celos. Que mi padre era un monstruo, pero un monstruo con motivos. Ahora sé que la mató por intentar hacer lo correcto. Por intentar salvarnos.
—Lo siento mucho.
—No lo sientas.
La mira.
— Ahora sé la verdad. Y la verdad nos hará libres.
—si
—Libres de él. De su sombra. De su maldición.
Toma sus manos.
—Mi madre murió luchando contra mi padre. Ahora nosotros vamos a terminar lo que ella empezó.
La entrevista de Giuseppe se publica al día siguiente.
Es un bombazo.
Las redes sociales explotan. Los noticieros lo repiten una y otra vez. Los periódicos cambian sus portadas. La opinión pública, antes dividida, ahora se vuelca completamente contra Vittorio.
—Mira esto
dice Damián, mostrando su teléfono.
— Hay manifestaciones frente a todas sus propiedades. Gente pidiendo justicia. Los socios están retirando su apoyo uno por uno.
Scarlett lee los titulares: EL IMPERIO MORETTI SE DERRUMBA, EL CONTABLE QUE DESENMASCARÓ AL DON, VITTORIO MORETTI, CAZADO POR SU PASADO.
—Es increíble
murmura.
—En cuestión de horas, todo cambió.
—Todavía no ha terminado
advierte Alejandro.
—Mi padre no se rendirá así nomás. Tiene recursos, tiene hombres leales, tiene...
—¿Tiene qué?
interrumpe Scarlett.
—¿Apoyo, Credibilidad? Acaba de perderlo todo. Lo único que le queda es el poder de la violencia. Y contra eso, también tenemos recursos.
—¿Como cuáles?
—Como el FBI. Como la policía. Como todos los que durante años quisieron atraparlo y ahora tienen una oportunidad.
El teléfono de Scarlett suena.
Es un número que reconoce, las oficinas centrales del FBI.
—¿Diga?
—Agente O'Connor
la voz de Williams suena al otro lado.
—He visto las noticias.
—Ya no soy agente, Williams. Usted mismo me suspendió.
—Las suspensiones se pueden levantar. Especialmente cuando tienes en tus manos la clave para derribar al hombre más buscado de las últimas décadas.
Scarlett mira a Alejandro. Él asiente, comprendiendo.
—¿Qué ofrece?
—Protección total para ti, para Alejandro, para Solia, para Giuseppe. Testimonios protegidos, nuevas identidades, todo lo que necesiten. A cambio, queremos a Vittorio. Vivo.
—¿Y si no podemos entregarlo vivo?
—Preferimos vivo. Pero muerto también sirve.
Scarlett piensa rápidamente. Es una buena oferta. Demasiado buena, quizás.
—¿Por qué ahora?
pregunta.
—¿Por qué no antes?
—Porque antes no teníamos pruebas. Ahora las tenemos. Giuseppe es creíble. Soila es creíble. Y tú, agente O'Connor, eres la guinda del pastel. La agente que se infiltró, que se enamoró, que lo arriesgó todo. Tu historia vende. Tu historia convence.
—No soy un producto.
—Lo sé. Pero eres efectiva. ¿Aceptas?
Scarlett mira a Alejandro. Luego a Soíla, que asiente con esperanza. Luego a Giuseppe, que ha arriesgado su vida por esto.
—Aceptamos. Con condiciones.
—Dígame.
—Protección para todos. Nuevas identidades. Y que Alejandro quede limpio. Sin cargos, sin juicios, sin nada.
—Eso es mucho pedir.
—Es mi condición. Tómela o déjela.
Larga pausa.
—Trato hecho
dice Williams finalmente.
—Enviaré un equipo a recogerlos. Estén listos.
Cuelga.
Scarlett exhala, sintiendo que una montaña se levanta de sus hombros.
—Lo hicimos
susurra.
—Realmente lo hicimos.
Alejandro la abraza, la levanta, la hace girar.
—¡Eres increíble, Lo lograste!
—Lo logramos
corrige ella, riendo.
— Todos lo logramos.
Pero la alegría dura poco.
El equipo del FBI tarda en llegar. El tráfico, dicen. Las calles cortadas por las manifestaciones. Scarlett empieza a inquietarse.
—Algo no va bien
murmura.
—¿Qué quieres decir?
pregunta Alejandro.
—Vittorio no ha hecho ningún movimiento. No ha declarado, no ha contraatacado, no ha hecho nada. Eso no es normal.
—Quizás está esperando.
—¿Esperando qué?
Antes de que Alejandro pueda responder, la puerta del departamento explota.
Hombres armados irrumpen, disparando. Scarlett se lanza al suelo, protegiendo su vientre. Alejandro la cubre con su cuerpo.
—¡Damián, Soila, al suelo!
grita.
Los disparos cesan tan rápido como empezaron. Cuando Scarlett levanta la vista, ve a Vittorio Moretti en el umbral, rodeado de hombres armados.
—Buenas tardes, familia
dice con una sonrisa fría.
—Siento lo de la entrada. La emoción me pudo.
—¿Cómo nos encontraste?
pregunta Alejandro, poniéndose de pie lentamente.
—¿Cómo crees?
Vittorio mira a Giuseppe.
— Siempre supe que eventualmente hablarías.
Giuseppe palidece.
—Lo siento
murmura.
—No sabía...
—Claro que no sabías. Por eso eres útil.
Vittorio avanza hacia el centro de la habitación.
—Ahora, hablemos. Tú, hijo, vas a venir conmigo. La federal y los demás...
se encoge de hombros.
—Ya veremos.
—No voy a ningún lado sin ella.
—Sí, vas a ir. Porque si no vienes, la mataré aquí mismo. Y luego mataré a la esa niña. Y luego al contable. Y luego a tu amigo Damián. Todos muertos, uno por uno, hasta que aprendas a obedecerme.
Alejandro mira a Scarlett. Ella lo mira a él.
—No lo hagas
susurra ella.
— Prefiero morir a que vuelvas con él.
—Y yo prefiero morir a que tú mueras.
—Alejandro...
—Te amo. Pase lo que pase, te amo.
Se besan, un beso desesperado, sabiendo que puede ser el último.
—Muy conmovedor
interrumpe Vittorio.
— Pero suficiente. Hombre, sujétenlo.
Mientras se llevan a Alejandro, Scarlett grita su nombre. Pero él no puede hacer nada. Está esposado, inmovilizado, siendo arrastrado hacia la puerta.
—Volveré
alcanza a decir.
— Te lo juro, volveré.
La puerta se cierra.
Y Scarlett queda sola con los demás, en medio del caos, el corazón roto pero la determinación intacta.
—No va a volver
dice Soila, llorando.
—Sí lo hará.
Scarlett se toca el vientre.
—Porque tiene a su hijo esperando. Porque me tiene a mí.
—Pero Vittorio...
—Vittorio subestima a su hijo. Y ese será su error.
Se levanta, sacudiéndose el polvo.
—Vamos. El FBI llegará pronto. Y cuando lo haga, vamos a contarles todo. Y luego vamos a ir a por Alejandro.
—¿Cómo?
—Como sea. Como siempre.
En sus ojos verdes, arde la misma determinación que la ha mantenido viva hasta ahora.