Todo comenzó con un amor adolescente. Ella tenía 18 años y Adonis, 19. Estaban convencidos de que su relación era verdadera y soñaban con permanecer juntos. Sin embargo, sus vidas cambiaron cuando ella descubrió que estaba embarazada. Adonis, asustado por su juventud y por la responsabilidad que se acercaba, aseguró que no quería ser padre y terminó rechazándola. Al enterarse, los padres de la joven decidieron hablar con la familia de Adonis. Después de una difícil conversación, ambas familias acordaron un matrimonio arreglado para que asumieran juntos la responsabilidad. Al principio, ninguno estaba preparado, pero con el tiempo nació una inesperada cercanía entre ellos.
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Capitulo 7 _ Kiara conoce a mi padres
Capítulo 7
Narra Adonis
Había pasado un mes desde que Kiara y yo comenzamos nuestra relación. La verdad, estos últimos días habían sido bastante chéveres. Nos veíamos en el colegio, hablábamos por mensajes y salíamos algunas veces después de clases.
Todavía estábamos conociéndonos. Yo no iba a decir que estaba enamorado, porque no quería apresurar las cosas. Simplemente me gustaba estar con ella y cada día conocía algo nuevo de su personalidad.
Ese fin de semana decidí hacer algo diferente.
Quería llevar a Kiara a mi casa para presentársela a mis papás.
Desde que empezamos a salir, ellos sabían que tenía novia, pero todavía no la habían conocido personalmente.
Esa mañana le escribí:
—Hola, Kiara. ¿Qué hace?
Ella respondió casi de inmediato.
—Hola. Nada, apenas me estoy despertando. ¿Por?
—Quería preguntarle si quiere venir a mi casa hoy.
—¿A tu casa?
—Sí. Quiero presentarle a mis papás.
Tardó unos segundos en responder.
—¡Ay, no! ¿Ya voy a conocer a tus papás?
—Jajaja, sí. ¿Le da nervios?
—Pues tantito. ¡Imagínate! Nunca he conocido a los papás de un novio en Colombia.
—Tranquila, ellos son buena gente.
—Bueno… sí voy.
—Listo. Paso por usted.
Después de arreglarme, salí a buscarla. Cuando llegué, Kiara ya estaba esperando.
—Hola —dijo sonriendo.
—Hola. ¿Lista?
—Sí, aunque estoy un poquito nerviosa.
—No se preocupe. Todo va a estar bien.
Durante el camino hablamos de cualquier cosa para que ella se sintiera más tranquila.
Cuando finalmente llegamos a mi casa, estacioné el carro y bajamos.
—Respira —le dije.
—¡Estoy respirando! —respondió ella entre risas—. Pero sí estoy nerviosa.
Abrí la puerta.
—¡Mamá! ¡Papá! Ya llegamos.
Mi mamá salió de la sala.
—Hola, mijo.
Después me miró y vio a Kiara.
Yo sonreí.
—Mamá, papá, ella es Kiara, mi novia.
Kiara dio un pequeño paso hacia adelante.
—Mucho gusto. Soy Kiara Hernández.
Mi mamá sonrió y se acercó a saludarla.
—Mucho gusto, Kiara. Bienvenida.
—Muchas gracias.
Mi papá también se acercó.
—Mucho gusto, Kiara. Hemos escuchado bastante de usted.
Kiara me miró sorprendida.
—¿Ah, sí?
Yo me reí.
—Pues sí, alguna vez les he contado de usted.
Mi mamá intervino.
—Adonis nos ha contado que usted es mexicana y que llegó hace poco a Bogotá.
—Sí. Mi familia se mudó porque a mi papá lo cambiaron de trabajo.
—¿Y cómo le ha ido con el cambio? —preguntó mi papá.
—Al principio estuvo medio difícil, porque extrañaba México. Pero ya me estoy acostumbrando. La gente ha sido muy buena conmigo.
—Eso nos alegra —dijo mi mamá.
Nos sentamos todos en la sala.
Mi mamá comenzó a hacerle preguntas sobre México, su familia y el colegio. Kiara respondía con mucha tranquilidad, aunque de vez en cuando soltaba alguna expresión mexicana que hacía sonreír a mis papás.
—¿Y qué es lo que más extraña de México? —preguntó mi mamá.
Kiara pensó un momento.
—Mi familia extendida, mis amigos y algunas comidas. Hay cosas que aquí no saben igual.
—Eso pasa cuando uno se va de su ciudad —dijo mi papá—. Pero Bogotá también tiene cosas muy buenas.
—Sí, ya me he dado cuenta.
Después de un rato, mi mamá nos llamó para almorzar.
—Bueno, muchachos, vengan a comer.
Nos sentamos todos juntos en la mesa.
Durante el almuerzo hubo muchas conversaciones y risas. Mi papá contó algunas historias de cuando yo era pequeño y mi mamá aprovechó para contar otras.
—Mamá, no cuente eso.
Kiara comenzó a reírse.
—¡No manches! Ahora sí quiero escuchar.
—No le haga caso a mi mamá.
—Pues yo sí quiero saber.
Mis papás se rieron.
Después del almuerzo, Kiara ayudó a mi mamá a llevar algunos platos a la cocina.
Yo me quedé observándola desde la sala.
Me gustaba ver que se estaba sintiendo cómoda.
Cuando llegó la hora de que regresara a su casa, la acompañé hasta la puerta.
—¿Y? —pregunté—. ¿Sobrevivió a conocer a mis papás?
Kiara soltó una carcajada.
—Sí. Y la verdad me cayeron súper bien.
—Me alegra.
—Tu mamá es muy linda.
—Sí, es la mejor.
—Y tu papá también es muy buena onda.
—Se lo voy a decir.
Kiara sonrió.
—Gracias por invitarme.
—Gracias a usted por venir.
La acompañé hasta el carro y después emprendimos el camino de regreso.
Mientras manejaba, pensé que había sido un día importante.
Kiara ya no era solamente mi novia.
Ahora también había entrado un poquito más en mi vida y había conocido a las personas más importantes de mi familia.
Y aunque todavía estábamos descubriendo qué tan lejos podía llegar nuestra relación, me alegraba haber dado aquel paso con ella.