Tras cansarse de la misma rutina de dos años, Jorge decide que ya no aguanta más estar así, pero una invitación inesperada hace que vea la verdad detrás de todo, ¿cambiará algo o todo seguirá siendo igual?
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Capitulo I
¡beep! ¡beep! ¡beep!
Suena la alarma y abro mis ojos al instante para luego desactivarla.
Me levanto y empiezo a vestirme mientras hago una orden en el café por teléfono, con el cepillo de dientes en mi boca corro hacia la cocina para poner pan en la tostadora.
No es como que tenga que correr mucho, mi departamento es pequeño, pero si tengo que darme prisa para no llegar tarde a mi trabajo.
Después de lavar mis dientes y terminar de acomodarme el traje, salgo del departamento y me subo al auto con el que trabajo, lo pongo en marcha y arranco hacia el café para buscar la orden que ya hice para luego ir al edificio donde vive mi jefa y esperar que ella baje.
Se preguntarán ¿por qué salgo tan deprisa si igual tengo que esperarla? pues la respuesta es muy sencilla, mi jefa es una loca desquiciada, la puntualidad es primordial, el orden también, hacer bien tu trabajo también, vestir "de acuerdo a la etiqueta'' tambien, básicamente es una psicópata.
- Buenos días -- dice ella secamente mientras se sube al auto.
- Buenos días, señorita Smith -- digo de manera cortés mientras le cierro la puerta y me subo enseguida - Aqui tiene su té frío de hierbas con jengibre -- agrego mientras cuidadosamente se lo doy en su mano.
Si están esperando que me dé las gracias o algo así, no lo esperen, nunca lo hace.
En un silencio rutinario, conduzco hacia el bufete dónde trabajamos, estaciono, me bajo para abrir su puerta y nos disponemos a subir.
El ascensor siempre está vacío cuando ella y yo subimos, eso no es casualidad, básicamente todo el mundo la evita.
Al llegar al último piso del edificio el ascensor se abre y salimos, ella va como siempre mirando su tablet y yo voy detrás de ella mirando su culo.
Porque sí, tiene un cuerpo de ensueño, piernas gruesas, nalgas redondas que van muy bien con ellas, cintura pequeña, espalda recta y lo que más me encanta son sus tetas, se ven tan jugosas, pero ella las cubre con varias capas de ropa bajo esa camisa blanca. Su cabello siempre está atado en un moño alto, me gustaría verla algún día con el cabello suelto, tal vez enredado en mi puño, pero que lo lleve así deja ver su hermoso rostro y sus labios provocativos.
Sí, se que es mi jefa y acabo de decir que es una loca psicópata, pero es una loca psicópata hermosa y no puedo mentir, siempre la veo y tal vez he fantaseado con ella un par de miles de veces.
- Y no olvides pasar por la farmacia -- dice ella sacándome de mis pensamientos.
- Eh, disculpe ¿qué? -- pregunto desorientado.
Ella para y voltea a verme, quita sus lentes de óptica y se acerca más a mí.
- ¿Estás aquí o no? -- pregunta.
- Sí, estoy aquí, discúlpeme -- respondo sabiendo mi error.
- Necesito mis pastillas y toallas femeninas -- dice ella en un tono bajo para luego alejarse de mí y seguir caminando.
Es extraño ver que se avergüence por eso delante de los demás y no conmigo, aunque me da ternura verla cuando siente vergüenza.
Yo la sigo y meto las manos en mi bolsillo, saco las pastillas.
- Aquí tiene, señorita Smith -- digo dejando las pastillas sobre su escritorio - En el cajón de la derecha están sus toallas femeninas -- agrego y ella abre el cajón y las ve.
Parece sorprendida, pero no dice nada, yo solo me retiro y la dejo en su oficina mientras me voy a mi escritorio.
Sí, la conozco muy bien y tengo un recordatorio en mi teléfono para saber cuando inicia su período, por las malas aprendí que estos días son cruciales para hacer bien el trabajo.
- Hola, Jorge, ¿cómo estás? -- pregunta Lilian, otra secretaria que trabaja para alguien del bufete.
Uno de los requisitos para obtener mi trabajo fue que las relaciones personales no interfieran con las laborales, al principio lo creí absurdo, pero al darme cuenta de que eso me ayuda a espantar mujeres como ella, la idea me agradó.
- No desórdenes mi escritorio -- digo de manera fría mientras dirijo mi atención a mi teléfono donde veo la agenda de hoy.
- Sabes que mientras más odioso seas más me gustas -- dice ella coqueta, yo la ignoro y se va.
Sigo deslizando el dedo por la pantalla de mi teléfono cuando mi jefa me llama, rápido voy a la oficina.
- Dígame, señorita Smith -- digo en cuanto entro.
- Lleva esto para que Aguilar lo firme y pasa por la oficina de Montero para que te entregue unos documentos... -- dice ella, ordenandome hacer un montón de cosas.
Mis ojos parecen hundirse en mi rostro por la frustración, sí, se que este es un trabajo que tengo que hacer, pero realmente son cosas que no tienen importancia y ella me hace hacerlas solo para fastidiarme el día.
No entiendo por qué actúa así, una mujer tan bella y deslumbrante, con esas curvas y esa majestuosidad, debería ser un amor de mujer y no una loca amargada.
He pasado dos largos años trabajando para ella, aguantando sus cambios de humor, sus caprichos y todo eso tipo de cosas, ¿que por qué lo hago? pues ella me paga muy bien, gano más que cualquier otro secretario en el bufete.
Fui avaricioso en realidad, el dinero al principio me caía de maravilla, pero luego de recibir más y más trabajo no me quedó tiempo de gastarlo. Vivo en un departamento pequeño y deteriorado y tengo tanto dinero guardado en mi cuenta que cualquiera me diría que soy un loco por seguir aguantandome esto en vez de renunciar y empezar algún negocio propio u otra cosa.
Después de hacer todo lo que mi jefa me ordenó, mi smartwatch empieza a vibrar en la parte interna de mi muñeca.
- ¡Mierda! -- exclamo en voz baja al ver la hora, son las 11:50 y se me ha hecho tarde para ir por los almuerzos.
Termino de ordenar unos papeles y guardarlos en una carpeta y me apresuro a salir del edificio, cuando estoy subiendo al auto mi teléfono empieza a sonar en mi bolsillo, al ver el nombre en la pantalla rápidamente contesto.
# El almuerzo está casi listo -- es lo primero que digo al contestar sin importar que sea mentira.
# Cancelalo, hoy quiero almorzar afuera -- dice ella calmadamente.
Es algo que siempre me alivia, aunque ella nunca ha gritado, todo lo que me ordena hacer o todo lo que me dice siempre ha sido en un tono de voz normal, pero por alguna razón siempre pienso que podría gritarme.
# Eh...sí, ya mismo cancelo y paso por usted, señorita Smith -- digo.
# Voy bajando por el ascensor, te veo afuera -- dice ella y cuelga.
Yo lanzo la carpeta al asiento trasero y suspiro pesadamente, si hubiese sido verdad que estaba en el restaurante esperando el almuerzo tendría que haberme regresado volando para esperarla aquí cuando terminara de salir del edificio.
Tal vez sea hora de irme de aquí, la cosa es que no tengo ni puta idea que hacer con mi vida.
Ya en el restaurante noto que su teléfono no deja de encenderse con notificaciones, pero por alguna razón ella lo ignora y sigue comiendo los trozos de su carne bien cocida.
Yo continuo comiendo, pero cierta incomodidad se esparce por mi cuerpo y cada vez noto que ella no está bien.
No es la misma Velery Smith que conozco desde hace dos años, no, esta mujer que está sentada frente a mí en este instante está a un par de notificaciones más de ponerse a llorar. Lo puedo ver en sus ojos a través de sus lentes y no sé si mi cara me esté delatando de lo jodidamente sorprendido que estoy de verla vulnerable por primera vez.
- Puedo contestar por usted si lo desea, señorita Smith -- digo y ella para en seco sus movimientos dejando de cortar su filete.
Sus ojos tristes me miran y solo ahora noto una pizca de temor en ellos, eso me hace sentir una sensación extraña por dentro, como si quisiera tomar la razón por la que está así y molerla a golpes.
- Ven conmigo a una boda -- dice ella y mi boca se abre por la sorpresa.
Valery Smith
Jorge Adams