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Casada con el tío millonario de mi ex

Casada con el tío millonario de mi ex

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / La mimada del jefe / Enfermizo / Amante arrepentido / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:988.6k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Dupi

A Renata la traicionaron el día más importante de su vida.

Mientras se probaba sola su vestido de novia, un mensaje anónimo le reventó el mundo: su prometido, Patricio, se estaba casando con Daniela —la hija postiza que le robó su lugar en la familia Bracamonte— en una boda de ensueño. Cuando llegó, escuchó a los invitados reírse de ella: «la sorda», «la arrimada», «en la cama ha de ser un pez muerto». Patricio ni se inmutó: «Es normal en este círculo. Seguirás siendo mi esposa legal».

Renata rompió el compromiso ahí mismo. Y esa misma tarde, ante todos, hizo lo único que nadie esperaba: **se casó con Maximiliano Lazcano… el tío de su ex.**

Frío, intocable, dueño de uno de los imperios más grandes del país, Max era el hombre que la sociedad entera deseaba y temía. Lo que Renata no sabía —y lo que Patricio descubriría demasiado tarde, llamándola noche tras noche para suplicarle que volviera— es que ese magnate de hielo la amaba en silencio desde que ella tenía dieciséis años. Y ahora que por fin era suya, no pensaba dejarla ir.

Él la cubrió de joyas y la defendió en público cuando la élite la despreciaba. Curó en secreto el oído que ella creía perdido. La eligió, una y otra vez, frente a todos. Pero entre ellos seguía en pie un secreto enterrado en cenizas: el incendio que la dejó sorda, el trauma que lo persigue a él… y una verdad que cambiará quién es el culpable y quién la víctima.

Mientras Renata se levanta de la nada hasta convertirse en la diseñadora más codiciada del país, los que la humillaron caen uno a uno. La hija postiza pierde su corona. El ex que la cambió por su hermana lo entiende cuando ya no hay vuelta atrás. Y la verdad sobre su sangre, su pasado y el hombre que siempre la amó saldrá a la luz.

La despreciaron por ser «la hija perdida, la sorda, la naca».

Se equivocaron con la mujer.

NovelToon tiene autorización de Dupi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22

Capítulo 22: Llévame a casa

Augusto se tragó la humillación como pudo, pero no se fue. Al contrario. Cambió de táctica con una rapidez que solo da la desesperación.

—Renata, hija, no te lo tomes así, era una broma. —Soltó una risita falsa y se volvió hacia Max, untándose de respeto—. Licenciado Lazcano. Qué bueno encontrarlo. Justo quería hablarle de un asunto entre caballeros. De negocios.

—Lo escucho —dijo Max. Estaba apoyado en la barra, con esa pesadez del alcohol encima, pero los ojos los tenía afilados.

—Verá. —Augusto bajó la voz, nervioso—. Tecnologías Astrum, mi empresa, firmó hace dos meses un contrato de proveeduría con el Grupo Lazcano. Un contrato a la medida, con penalizaciones altas si no entregamos a tiempo. Y… bueno, hemos tenido contratiempos. No vamos a llegar a la fecha. Le pido, de hombre a hombre, que nos dé una prórroga. Por la familia, ahora que somos… parientes.

Max ladeó la cabeza, fingiendo pensarlo.

—Un contrato a la medida —repitió—. Con penalizaciones que, si no me equivoco, equivalen a más de la mitad del valor de Astrum. Firmado libremente por usted hace dos meses. —Le dio un trago a su copa—. Dígame, señor Bracamonte, ¿por qué firmó un contrato con cláusulas tan duras si no estaba seguro de poder cumplirlas?

—Porque… porque las condiciones de precio eran muy buenas, y…

—Eran buenísimas. Demasiado. —Max sonrió apenas—. ¿Nunca se preguntó por qué el Grupo Lazcano, de un día para otro, le ofreció a una empresa mediana como Astrum un contrato tan generoso, con penalizaciones tan brutales? La gente codiciosa nunca se pregunta por qué le va tan bien. Solo firma.

—Yo… —Augusto tragó saliva—. Pensé que era una oportunidad.

—Pensó que era gratis. —Max negó con la cabeza, casi con lástima—. En los negocios, señor Bracamonte, lo que parece gratis siempre lo paga uno carísimo más adelante. Usted firmó un contrato que solo se sostiene si entrega a tiempo. No va a entregar a tiempo. La penalización es legal, está firmada por usted ante notario, y la puedo ejecutar mañana mismo. Si lo hago, Astrum no quiebra: pasa a ser mía por una fracción de su valor. Y usted se queda sin el trabajo de toda su vida. —Se encogió de hombros—. Pero podríamos hablarlo. Depende.

—¿De qué depende? —Augusto se aferró a esa palabra como a un clavo ardiendo—. Dígame de qué, licenciado, y lo hago.

Vi a Augusto empezar a sudar. Y vi, de golpe, lo que él todavía no veía.

Hace dos meses. Hace dos meses yo había dejado la casa de los Bracamonte. Hace dos meses don Ignacio me había ofrecido a su hijo. Y hace exactamente dos meses, el Grupo Lazcano —el imperio de Maximiliano, que jamás se fijaba en una empresa tan pequeña— había tendido un contrato envenenado, dulce por fuera y mortal por dentro, justo a la empresa de mi padre.

No era casualidad. Nada con Max era casualidad.

Lo había planeado desde antes de conocerme. Desde el día que dije "acepto" por teléfono, este hombre había empezado a tejer, en silencio, la red con la que podría apretar el cuello de la familia que me había despreciado, el día que yo quisiera. Me había estado construyendo un arma, sin decírmelo, por si algún día me hacía falta. Mientras yo lo creía indiferente, mientras dormía en el sillón del estudio, él movía piezas en un tablero enorme cuyo único propósito era que nadie volviera a humillarme sin pagarlo.

No supe si asustarme o conmoverme. Acabé, como siempre con él, en un punto raro entre las dos cosas.

Me volví a mirarlo, y él me sostuvo la mirada un segundo, apenas, lo suficiente para confirmarme que sí, que lo había hecho por mí, y que no pensaba decirlo en voz alta. Y supe que sabía que yo había entendido.

Y entendí algo más, algo que me apretó el pecho de una manera nueva. Max no había hecho esto por venganza propia. A él los Bracamonte le daban igual; eran hormigas en su mundo. Lo había hecho porque la noche que aceptamos casarnos, una desconocida con un moretón en la cara le dijo por teléfono que solo quería dejar de depender de gente que no la quería. Él se había tomado esa frase en serio. Más en serio que nadie en toda mi vida. Y se había puesto, calladito, a construirme una salida.

Augusto, ajeno a todo, seguía rogando.

—Licenciado, por favor. Una prórroga. Sin esa penalización me hundo. Astrum es el trabajo de toda mi vida. Piense en la familia, en el qué dirán…

—El qué dirán. —Max soltó una risa seca—. Es curioso cómo a usted solo le importa la familia cuando le conviene un favor. Cuando se trataba de cuidar a su hija, el qué dirán nunca le quitó el sueño.

Max se separó de la barra, se tambaleó apenas —el alcohol, real esta vez— y, para sorpresa de todos, en lugar de contestarle a Augusto, se giró hacia mí. Y el témpano, el terror de Polanco, puso una cara de niño cansado que yo no le había visto en público jamás.

—Renata —dijo, alargando mi nombre, recargándose un poco en mí—. Ya me aburrí. Llévame a casa. ¿Sí? Llévame a casa.

Se me colgó del brazo con un descaro tierno, apoyando la cabeza en mi hombro, que hizo que medio salón nos mirara y empezara a murmurar. El gran Maximiliano Lazcano, derretido, pidiéndole a su esposa que lo llevara a casa. Augusto se quedó con la palabra en la boca, mirando la escena sin terminar de creerla, sin entender todavía que su destino, el de su empresa y el de toda su familia, acababa de cambiar de manos y de pasar, justamente, a las manos de la hija que él había considerado un estorbo.

Por un segundo dudé si seguirle el juego. Pero entonces me acordé de la puerta con cerrojo, de la cachetada, del vestido descosido, de "una niña que apoyamos". Y se me quitó la duda.

—El asunto de su contrato —le dije yo entonces, despacio, saboreándolo—, parece que ya no lo decide el licenciado Lazcano. —Le acomodé a Max el cuello del saco, como a un niño—. Lo va a tener que hablar conmigo. Otro día. Cuando yo tenga tiempo.

Y me llevé a mi marido, colgado de mi brazo, fuera de ese salón, dejando a Augusto Bracamonte blanco como el papel.

—Renata, hija, ¡espérate! —lo oí llamar a mis espaldas, con una desesperación nueva—. ¡Hablemos! ¡Soy tu padre!

No me volví. Padre. Esa palabra, en su boca, valía lo mismo que las penalizaciones que tan alegremente había firmado: nada, hasta que le tocaba pagarlas. Toda la vida me había recordado que yo dependía de él, de su apellido, de su techo. Y ahora, por una vuelta de la fortuna que ni en mis mejores sueños había imaginado, era él quien dependía de mí. De si yo decidía, algún día, tener piedad.

Caminé hacia la salida con la cabeza alta y a Max colgado de mi brazo como un gato grande y satisfecho, y por dentro me repetí, saboreándolo: la rueda. Por fin gira la rueda. Y esta vez, por primera vez en mi vida, giraba a mi favor.

1
Kayra Villavicencio
😳🤯
Ana Castillo
Hola tenía tiempo que no leia una novela así me gusta .he leído unas cuantas todas son buenas 👏
Ana Castillo
Hola tenía tiempo que no leia una novela así me gusta .he leído unas cuantas todas son buenas 👏
Cliente anónimo
Yo me doy por vencida leyendo esta novela me aburrió solo hay problemas 🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️
Cliente anónimo
🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️
Cliente anónimo
Nose si yo soy tonta por seguir leyendo la historia
Cliente anónimo
Hay noooo😨😨😨😨😨😱😱😱😱😱
Cliente anónimo
Estoy perdida en esta historia
Maria del Carmen Herrera
La historia estuvo técnicamente bien narrada. Con un argumento interesante. Pero adolecio de muchos errores por lo cual quedó deslucida. Ya destaqué varios en comentarios anteriores. No me decido cómo calificarla. Creo que si la autora hubiese releído antes de publicar habría logrado un excelente material
Maria del Carmen Herrera
Cómo? El padre de Renata había dicho que ella si era su hija biológica pero no de Patricia, ya que era estéril. Y ¿cuando la vendió? Muchos errores...
Maria del Carmen Herrera
En los comentarios de los protagonistas, antes de la confirmación por los análisis, que un embarazo era posible. Y ahora vuelven a asumir que nunca consumaron el matrimonio. Verdaderamente no se entiende tamaño error de la autora. Y no es que haya esperado un detalle explícito de una relación íntima, como sucede en otras novelas y que en muchos casos hasta resulta obsceno. Simplemente ser coherente
Maria del Carmen Herrera
Otro absurdo. Ese comentario es del medioevo 😂
Maria del Carmen Herrera
Otro capítulo muy triste. Por palabras que no se dijeron y acciones que no se demostraron😢
Maria del Carmen Herrera
Que capítulo triste!
Maria del Carmen Herrera
La crítica se realiza con argumentos, no con insultos. A quien no le gusta el contenido de una historia deja de leerla. Y, si le parece oportuno, fundamenta el motivo. Agresiones ¡NUNCA!
Johana Mairena
está historia se fue por la chingada
Maria del Carmen Herrera
Que tristeza 😢...un amor infinito
Johana Mairena
está mujer esta cagada de popo me tiene harta con tanta cosas y ya está por finalizar la historia y nunca con tanto pedo hicieron el delicioso 🤣
Johana Mairena
se embarazo del aire 🤣🤣
Maria del Carmen Herrera
Creo que este capítulo debería titularse "La redención de Patricio"
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