Esta historia comienza con una joven recién graduada de la universidad, llena de sueños y esperanzas por comenzar su vida profesional. Su carrera es Secretaria Ejecutiva, y después de buscar durante días, finalmente consigue una entrevista en una importante empresa. Allí conoce a su jefe, un joven de apenas 23 años, serio, atractivo y exitoso, quien decide darle una oportunidad y contratarla. Con el paso del tiempo, ambos comienzan a compartir momentos, conversaciones y experiencias que los acercan cada vez más. Sin darse cuenta, ella se enamora profundamente de él. Y, poco a poco, él descubre que también la ama.
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Capítulo 3 Una oportunidad
Narra Abby
Al día siguiente me desperté temprano. Había dormido poco porque tenía la cabeza llena de pensamientos. Ya había terminado mi carrera y necesitaba encontrar un trabajo. Quería empezar a construir mi propio camino y demostrarme que todo el esfuerzo de esos años había valido la pena.
Me levanté de la cama, me bañé y me arreglé con cuidado.
Ese día decidí ponerme algo sencillo, pero bonito y profesional. Me puse una blusa rosada corta, acompañada de un blazer blanco abierto que le daba un toque elegante al conjunto. También escogí unos jeans ajustados de color azul oscuro y unos tacones negros de tiras.
Me dejé mi cabello largo, castaño oscuro y completamente suelto. Me hice un maquillaje sencillo: un poquito de base, rubor, máscara de pestañas y un tono rosado en los labios.
Me miré frente al espejo.
—Bueno, Abby, hoy sí toca conseguir trabajo —dije sonriendo.
Tomé mi bolso, mi hoja de vida y salí de mi habitación.
Cuando llegué a la sala, mi mamá estaba preparando el desayuno.
—Buenos días, mija. ¿Ya se va?
—Sí, mamá. Voy a buscar trabajo.
Ella me miró de arriba abajo y sonrió.
—Está muy bonita. Se ve toda una profesional.
—Gracias, ma.
—Tenga cuidado y me avisa cuando llegue.
—Claro.
Después de desayunar, me despedí de mis padres y salí de la casa.
Me dirigí hacia el centro de Cali. Mientras caminaba por las calles, veía a muchísima gente yendo de un lado para otro. Carros, buses, vendedores, personas entrando a los edificios... todo tenía ese movimiento típico de la ciudad.
Yo llevaba mi hoja de vida bien organizada dentro de una carpeta.
Entré a varios lugares preguntando si estaban recibiendo hojas de vida, pero en ninguno había una vacante que se ajustara a lo que buscaba.
Hasta que llegué frente a una empresa bastante grande.
El edificio era moderno y tenía varios pisos. En la entrada había un letrero con el nombre de la compañía y, junto a la puerta, un aviso que llamó inmediatamente mi atención.
“SE NECESITA SECRETARIA ADMINISTRATIVA.”
Me quedé mirando el anuncio unos segundos.
—Esta puede ser —murmuré.
Respiré profundo y entré.
Me acerqué a recepción.
—Buenos días.
La mujer que estaba detrás del escritorio levantó la mirada.
—Buenos días, ¿en qué le puedo ayudar?
—Vi el anuncio de que necesitan una secretaria administrativa y quisiera saber si todavía está disponible la vacante.
—Sí, señorita. Puede dejarme su hoja de vida.
Saqué la carpeta de mi bolso y se la entregué.
La recepcionista la revisó rápidamente.
—Tiene estudios de Secretariado Administrativo.
—Sí, señora. Ya terminé mi carrera.
—Perfecto. Espere un momentico.
Tomó el teléfono y realizó una llamada.
—¿Aló? Sí, señor Hugo. Hay una señorita aquí por la vacante de secretaria administrativa.
Hizo una pausa.
—Sí, tiene experiencia de prácticas y acaba de graduarse.
Luego colgó.
—El jefe quiere hablar con usted.
Sentí que el corazón me empezó a latir más rápido.
—¿Conmigo?
—Sí. Suba al segundo piso. La están esperando.
—Muchas gracias.
Subí las escaleras intentando mantener la calma.
Cuando llegué al segundo piso, una secretaria me indicó una oficina grande.
Toqué la puerta.
—Siga.
Abrí.
Y ahí lo vi.
Era un hombre joven. Bastante joven para ser el jefe de una empresa así.
Estaba sentado detrás de su escritorio revisando unos documentos.
Levantó la mirada hacia mí.
—Buenos días.
—Buenos días —respondí.
—¿Usted es Abby García?
—Sí, señor.
—Siéntese, por favor.
Me senté frente a él.
—Soy Hugo Olivares —se presentó—. Tengo 23 años y soy el encargado de esta empresa.
Yo asentí.
—Mucho gusto.
Hugo tomó mi hoja de vida y comenzó a leerla.
—Veo que acaba de graduarse como Secretaria Administrativa.
—Sí, señor. Terminé hace poco.
—¿Y por qué quiere trabajar con nosotros?
Pensé unos segundos antes de responder.
—Porque quiero comenzar mi vida profesional. Me gusta el trabajo administrativo, soy organizada y considero que puedo desempeñarme muy bien en el cargo.
Hugo levantó ligeramente las cejas.
—Eso está bien. Le voy a explicar cuáles serían sus funciones.
Dejó la hoja de vida sobre el escritorio.
—Necesitaría que me ayudara principalmente con la organización de mis agendas, reuniones y compromisos. También tendría que organizar documentos, atender algunas llamadas y mantener en orden diferentes asuntos de la empresa.
Yo asentí mientras escuchaba atentamente.
—Además —continuó—, yo doy clases virtuales en la Universidad de Cali. Necesitaría que me ayudara con la parte técnica de esas clases.
—¿Cómo así?
—Por ejemplo, preparar las reuniones virtuales, ayudarme a compartir pantalla cuando tenga que presentar algún documento, verificar que los archivos estén listos y apoyarme durante las clases si llegara a presentarse algún problema.
Sonreí.
—Entiendo. Durante mis estudios aprendí bastante sobre herramientas informáticas.
Hugo sonrió ligeramente.
—Eso me parece bien.
Continuó revisando mi hoja de vida.
Yo no sabía que aquella conversación sería el comienzo de una nueva etapa.
Mucho menos imaginaba que el joven que tenía frente a mí terminaría convirtiéndose en una persona demasiado importante en mi vida.
Pero en ese momento solamente estaba concentrada en una cosa:
conseguir mi primer trabajo.