¡Que escuchen los hombres, que escuchen los reyes y que escuchen los cielos! ¡Si la moralidad del mundo exige que renuncie a ti, destruiré el mundo! ¡Y si el cielo mismo intenta separarnos, le declararé la guerra a los mismos dioses! ¡Mi único reino es tu corazón, Elysian!
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Introducción
—¡Que escuchen los hombres, que escuchen los reyes y que escuchen los cielos! ¡Si la moralidad del mundo exige que renuncie a ti, destruiré el mundo! ¡Y si el cielo mismo intenta separarnos, le declararé la guerra a los mismos dioses! ¡Mi único reino es tu corazón, Elysian!
Descripcion de los Personajes de la historia
• Kaelen Draven (El Príncipe Maldito / El Rey de Hierro): Legítimo heredero de Valdorian. Traicionado, torturado salvajemente y desterrado por su propio tío. Para el mundo es un tirano implacable y temido; para Elysian, un hombre herido y eternamente devoto.
• Elysian Vane (El Sanador del Templo): Un joven sanador de belleza serena y corazón compasivo que posee la Sanación del Alma (absorbe el dolor físico y espiritual de otros). Es el único que calma las sombras de Kaelen.
• Lyra (La Asistente del Templo / Hermana de Alma): Una niña huérfana rescatada de la calle por Elysian. Astuta, leal y protectora, es quien percibe primero los sentimientos entre Elysian y Kaelen y lo anima a entregarse al amor sin juzgar su género.
• Lord Malakor (El Usurpador): Tío de Kaelen, maquiavélico y cruel, responsable de las torturas iniciales y del dominio tiránico sobre Valdorian.
• Lady Yvaine: Aristócrata cruel que busca mantener los privilegios de la nobleza.
EL MARCADOR DE CARNE Y HIERRO
El calabozo bajo las mazmorras reales de Valdorian olía a óxido, sudor rancio y piel quemada. Hacía tres semanas que el príncipe Kaelen Draven, de tan solo dieciocho años, permanecía encadenado a una mesa de piedra helada.
Su tío, Lord Malakor, observaba desde un estrado de madera pulida mientras los torturadores del reino hacían su trabajo. No buscaban información; buscaban romper la voluntad del heredero legítimo antes de borrarlo de la historia.
—Tu padre era débil, Kaelen —declamó Malakor con voz pausada, ajustándose las sortijas de oro—. Permitió que en tus venas despertara la 'Magia de Sombras'. El pueblo te teme, la iglesia te aborrece y la nobleza me quiere a mí en el trono. Eres un monstruo que debe ser erradicado.
Los verdugos azotaron el lomo de Kaelen con fustas armadas con púas de hierro. Cada impacto abría surcos sangrientos en su espalda. Kaelen apretaba los dientes hasta hacer sangrar sus encías, negándose a darle a su tío el placer de escuchar sus gritos. Pero el peor castigo vino después: el hierro candente.
El verdugo sacó del brasero una marca de hierro al rojo vivo con el símbolo de los parias y los malditos. Con brutalidad, la presionaron directamente sobre el omóplato derecho de Kaelen. El chisporroteo de la piel y el dolor insoportable hicieron que el joven príncipe soltara un alarido desgarrador que resonó en todas las catacumbas.
Roto, sangrando profusamente por más de veinte heridas de daga y con el hombro carbonizado, Kaelen fue arrastrado por tres caballeros traidores hasta lo más profundo del Bosque Negro de Sylvaria. Lo arrojaron a una zanja llena de barro seco y espinas.
—Púrete aquí, Príncipe Maldito —se burló el capitán de la guardia antes de escupir sobre su cuerpo inerte y marcharse a galope.