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EL OMEGA YA NO OBEDECERA A UN ALFA INGRATO

EL OMEGA YA NO OBEDECERA A UN ALFA INGRATO

Status: Terminada
Genre:Omegaverse / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Alex siempre creyó que obedecer a su Alfa era su deber. Entregado al Clan Sabio para pagar una deuda, soportó humillaciones, desprecios y castigos, convencido de que algún día Fernando comprendería su valor. Pero después de recibir un golpe injusto, algo cambia.

Una voz aparece en su mente.

La Diosa Lectora conoce sus secretos, revela las mentiras del clan y le muestra futuros que podrían convertirse en realidad. Por primera vez, Alex descubre que su sufrimiento no fue casualidad y que su origen guarda un secreto capaz de cambiarlo todo.

Con cada verdad, el Omega deja atrás al joven sumiso que todos podían pisotear. Ya no obedecerá ciegamente, ni permitirá que otros decidan su destino.

Mientras Fernando descubre demasiado tarde lo que perdió y Alejandro le ofrece un camino diferente, Alex deberá elegir entre la venganza, el amor y la libertad.

Porque esta vez, el Omega elegirá su propio futuro.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La lección a los herederos

El mediodía en la Casa González traía consigo un frío helado que se colaba por los ventanales de piedra del ala principal. Tras la humillación pública de la señorita Beatriz en el estanque y el encarcelamiento de la ama de llaves Patricia en la bodega, el ambiente dentro de la residencia era tenso y sofocante. Doña Matilde, sintiendo cómo el control sobre su propia casa se desmoronaba ante la fría astucia de Alex, decidió jugar su carta más peligrosa y vil: utilizar a los tres hijos de la difunta Primera Luna, Clara.

Alex caminaba por el corredor hacia los archivos contables del ala este cuando un choque repentino lo hizo detenerse en seco. El más pequeño de los niños, Javi, de apenas cuatro años, tropezó torpemente contra sus piernas, dejando caer un pesado frasco de cristal con tónico medicinal que se hizo añicos sobre las losas de piedra. El líquido oscuro y de olor acre se derramó rápidamente sobre el dobladillo de la túnica de Alex.

A pocos pasos de distancia, los dos hijos mayores, de siete y nueve años, observaban la escena con miradas cargadas de una insolencia aprendida y los brazos cruzados sobre el pecho. Justo detrás de ellos, oculta tras el pilar de mármol, la vieja nodriza asignada por Doña Matilde sonreía con malicia, esperando el momento exacto en que Alex perdiera la paciencia o le alzara la mano al pequeño para correr hacia el Marqués Fernando y acusarlo de maltratar a los huérfanos.

—¡Es un omega malo y feo! —gritó el hijo mayor con voz aguda, dando un paso al frente mientras señalaba a Alex—. ¡Por tu culpa encerraron a la criada Patricia y mi abuela está llorando en el pabellón principal! ¡Tú no eres nuestra madre ni mandas a nadie en esta casa!

«Analizando el nivel de adoctrinamiento en los objetivos infantiles», notificó la voz del Sistema en la mente de Alex, manteniendo un tono analítico e impecable. «Los cachorros han sido sometidos a manipulación psicológica constante por parte de Doña Matilde y la nodriza durante los últimos dos años. Se detecta un nivel de hostilidad dirigida del 78%. Sin embargo, el análisis biológico del menor, Javi, indica deficiencia nutricional grave e infecciones recurrentes por administración de tónicos adulterados.»

Alex no se inmutó. No alzó la voz, no frunció el ceño ni mostró la más mínima perturbación en su rostro. En lugar de encarar al hermano mayor, se agachó con elegancia y lentitud frente al pequeño Javi, quien temblaba aterrorizado en el suelo con las manitas sobre la cabeza, esperando la acostumbrada bofetada o el regaño violento que la nodriza le había asegurado que recibiría de Alex.

—Tranquilo —dijo Alex con una voz suave, profunda y dotada de un tono de serenidad inquebrantable, tomando con suma delicadeza las pequeñas manos del niño para revisarlas—. Los cristales no te cortaron.

El pequeño Javi abrió los ojos despacio, sorprendido por la calidez y el tacto firme que emanaba del omega. Durante tres años, Doña Matilde y los sirvientes del pabellón principal le habían repetido cada noche que Alex era un "parásito resentido" que odiaba a los hijos de Clara, pero las manos que ahora comprobaban su estado no transmitían más que una protección firme y limpia.

—Él... él no me pegó... —susurró el pequeño Javi, mirando a sus hermanos mayores con los ojos muy abiertos y la respiración contenida.

Alex se puso de pie despacio y dirigió su mirada helada hacia los dos hijos mayores. La intensidad y la autoridad soberana de sus ojos oscuros hicieron que el hermano mayor diera un paso atrás por instinto, perdiendo de golpe toda la arrogancia aprendida.

—A ustedes dos les han enseñado que soy su enemigo porque a los adultos de esta casa les conviene mantenerlos ciegos —declaró Alex serenamente, dando un paso medido hacia ellos—. Les dijeron que la comida rancia, el té amargo y las telas delgadas eran suficientes para el ala oeste, mientras su abuela utilizaba el oro de la dote materna para comprar joyas, pagar banquetes y financiar los excesos del Clan Alba.

—¡Es mentira! —exclamó el segundo hermano, aunque su voz vaciló ante la postura imponente de Alex—. ¡La abuela Matilde dijo que tú le robas el dinero a la Casa González y que no quieres a nuestro padre!

«Desplegando proyección de registros del Sistema», resonó la voz mecánica. «Mostrando historial de suministros del pabellón médico de la difunta Primera Luna.»

—Su madre, la Primera Luna, Clara, no murió por una fiebre natural —continuó Alex con una voz tan fría y cortante que pareció congelar el aire del pasillo—. Murió porque la medicina que le suministraban en este mismo palacio estaba adulterada con raíz de adelfa. Y la mujer que ustedes llaman 'abuela' permitió ese crimen para mantener acorralado a su padre y forzar mi llegada a esta casa.

Los niños se quedaron completamente petrificados. Aunque eran jóvenes, la figura de su difunta madre era un recuerdo sagrado, y la frialdad irrefutable con la que Alex pronunció cada palabra destruyó en un segundo las fábulas que la matriarca les había contado durante años.

En ese instante, la nodriza salió Apresuradamente de su escondite tras la columna, con el rostro rojo de indignación y pánico.

—¡Cómo se atreve a llenar la cabeza de los jóvenes señores con semejantes calumnias! —chilló la anciana, intentando agarrar del brazo a los niños para alejarlos de Alex—. ¡Señoritos, no lo escuchen! ¡Este omega loco solo quiere destruirlos!

—La única que dejará de hablar en esta casa eres tú —sentenció Alex, girándose hacia ella con un aura de presión tan aplastante que la mujer ahogó un gemido y retrocedió torpemente.

Alex sacó de su manga un pequeño rollo de papel sellado.

—Tengo los recibos de las sumas de oro que recibiste del Clan Alba para descuidar la dieta de Javi y mantenerlo débil con tónicos de agua de cal —dijo Alex en voz baja, pero con una claridad devastadora—. Estás despedida del pabellón de los herederos. Si vuelves a poner un pie cerca de estos niños antes del atardecer, haré que las guardias del tribunal te lleven a la mazmorra por intento de envenenamiento infantil.

La nodriza, pálida como un cadáver y temblando de terror al ver sus delitos expuestos, no se atrevió a articular palabra. Se recogió las faldas y huyó a toda prisa por el pasillo central.

Los tres niños permanecieron en silencio frente a Alex. El mayor de ellos bajo la cabeza, apretando los puños mientras las lágrimas de confusión y dolor corrían por sus mejillas.

—¿Es... es verdad lo de mi mamá? —preguntó el niño en un murmullo roto.

Alex los miró sin lástima servil, pero con una honestidad inquebrantable.

—La verdad no se esconde con llantos ni con rabia —respondió Alex—. Si quieren conocer la verdad sobre su madre, aprendan a dudar de quienes los llenan de dulces mientras les ocultan las mentiras de esta casa. No vine a tomar el lugar de Clara, pero jamás permitiré que usen su memoria para cubrir a los verdaderos culpables.

«Impacto de dominación en los herederos: 92%», anunció el Sistema con regocijo. «El adoctrinamiento de Doña Matilde sobre los cachorros ha quedado destruido. Recompensa: Control total sobre el pabellón infantil.»

El pequeño Javi avanzó un paso y tomó con timidez el borde de la túnica de Alex. Alex no lo apartó.

Desde la sombra del piso superior, el Marqués Fernando González observaba la escena en absoluto silencio. Al ver cómo Alex había desarmado las mentiras de la matriarca y protegido a sus hijos sin alzar la mano, sintió que el peso de su propia ceguera le destrozaba definitivamente el corazón.

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bea yordan
me faltó el cliché del nuevo romance y las descendencia
EspirituCreativo: Es cierto, pero para novela será...
total 1 replies
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