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Esther: He Vuelto Para Vengarme

Esther: He Vuelto Para Vengarme

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Venganza / CEO
Popularitas:6.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Perdí cinco años de mi vida en una prisión de máxima seguridad, acusada de un crimen que jamás cometí. Me arrebataron mi libertad, mi nombre y mi futuro... pero no pudieron romperme. Hoy he vuelto. Aquellos que conspiraron para hundirme, que sonrieron mientras me juzgaban, pagarán cada día de mi encierro. No vengo a pedir justicia; vengo a cobrar la deuda. Me llamo Esther Vane, y su pesadilla acaba de comenzar.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo II Solo un contrato

Aquella noche me sentía incómoda en medio de aquella enorme cama. Aunque las sábanas eran de seda, mi alma no encontraba paz. En mis sueños se repetía una y otra vez la imagen de mi madre desplomándose en el suelo después de escuchar mi sentencia.

Inmediatamente, viajé al día en el que mi vida cambió. Si hubiera sabido que creer en las mentiras de Gabriel Linares me llevaría a todo esto, nunca en mi vida lo hubiera aceptado.

Seis años atrás…

—Eres la chica más hermosa de toda esta universidad —susurró Gabriel mientras me acompañaba a mi aula.

—No seas mentiroso. Mejor ve a tus clases antes de que te dejen afuera.

Gabriel estaba en el último año de Derecho, mientras que yo apenas comenzaba la carrera. Decidí estudiar Derecho solo por él. Lo conocí cuando tenía quince años y, desde que lo vi, me enamoré como una tonta. Tres años después estábamos estudiando en la misma universidad: yo por una beca de la caridad de los Herrera, y él por ser el heredero del Grupo Linares.

Desperté a medianoche sintiendo una opresión en el pecho. Necesitaba algo dulce que me calmase la ansiedad, por lo que decidí bajar a la cocina.

Aquella noche el silencio de la mansión no se sentía como paz, sino como la calma pesada que precede a una tormenta. Bajé los escalones de mármol descalza, sosteniendo la seda de mi bata para evitar que el roce contra los peldaños quebrara la penumbra. En la cárcel, el silencio nunca era sinónimo de seguridad; siempre significaba que alguien estaba al acecho. Mi cuerpo, condicionado por cinco años de hipervigilancia, aún se negaba a relajarse.

Llegué a la cocina, un espacio amplio de pisos pulidos y encimeras de granito oscuro que proyectaban destellos metálicos bajo la tenue luz de la campana extractora. Al acercarme a la nevera para buscar un poco de agua o algo dulce que aplacara el nudo de ansiedad en mi garganta, la voz helada de un hombre cortó el aire a mis espaldas.

—Las luces de esta casa se apagan a las diez, señora Vane. Las sombras suelen ser traicioneras para quienes tienen cuentas pendientes.

Me giré sobre mis talones en una fracción de segundo, adoptando por instinto una postura defensiva. En la esquina más oscura de la cocina, recostado contra el marco de una puerta de cristal que daba al jardín interior, un hombre me observaba. Lucía un traje de tres piezas impecable pero despechado, con la corbata floja y las mangas de la camisa arremangadas hasta los antebrazos. Tenía una copa de cristal bajo con un líquido ámbar en la mano.

Felipe Vane. No había duda.

Su figura imponía un dominio natural; tenía rasgos marcados, una mandíbula rígida y unos ojos oscuros que me escudriñaban con la precisión de un evaluador. No había calidez en su rostro, pero tampoco la arrogancia vacía de los hombres que solía frecuentar la familia Herrera. En él había peligro puro y calculado.

—No sabía que la cocina tenía horario en una propiedad de la que se supone soy dueña —respondí. Mi voz no tembló. Cinco años tragándome el dolor me habían enseñado a proyectar una firmeza de hierro, incluso cuando el pecho me ardía.

Felipe esbozó una sonrisa helada, casi imperceptible, y dio un paso hacia la luz.

—Helena le dejó los títulos de propiedad, es cierto. Pero esta fortaleza existe porque yo la mantengo fuera del alcance de la fiscalía y de las garras de la alianza Herrera-Linares. Así que, técnicamente, camina sobre mi terreno.

—Entonces el gran Felipe no es más que el perro guardián del legado de Helena —atqué sin pensarlo, buscando tantear sus límites.

Felipe no se inmutó. Dio dos pasos lentos hacia mí, deteniéndose a una distancia prudencial, lo suficiente para que pudiera percibir el aroma a madera, tabaco suave y whiskey que emanaba de él.

—Un perro guardián que sostiene la única cuerda que la mantiene a usted fuera de un penal federal, Esther —dijo con un tono pausado y letal—. Hablé con Alberto. Mañana iremos al registro para legalizar su nueva identidad y hacer cumplir la última voluntad de Helena. Pero no se haga ilusiones: este no es un cuento de hadas donde el príncipe rescata a la doncella caída.

—No busco un príncipe, señor Felipe. Ya aprendí lo que valen las promesas de los hombres con apellidos ilustres —repliqué, manteniendo la mirada fija en la suya sin pestañear—. Sé perfectamente a qué vine. Alberto me dijo que debo casarme con usted para acceder al control absoluto de la firma y activar la cláusula de blindaje de Helena. Lo que aún no entiendo es qué gana un hombre como usted atándose legalmente a una exconvicta.

Felipe dio un sorbo a su copa. Su mirada recorrió mi rostro, no con deseo, sino midiendo la resistencia del material del que estaba hecha.

—Gabriel Linares y Victoria Herrera congelaron mis inversiones principales hace tres años mediante una maniobra fraudulenta. Helena tenía en su poder el servidor de patentes y las cuentas fiduciarias que pueden desmantelar el conglomerado Herrera en cuestión de meses. Sin embargo, ella protegió esos archivos bajo un sistema de doble llave legal: los códigos biométricos son suyos por herencia; la infraestructura financiera e inmunidad corporativa son mías.

Hizo una pausa y dio un paso más hacia mí, reduciendo el espacio entre ambos.

—Por separado, usted es una mujer vulnerable que los Herrera aplastarán antes de que termine el mes, y yo soy un empresario bloqueado por monopolios corruptos. Pero juntos... juntos somos la sentencia de muerte comercial y penal para ambas familias. El matrimonio no es un deseo, Esther. Es un contrato de blindaje. Si no estamos casados, el Estado confisca los bienes de Helena por fraude previa sentencia, usted vuelve a prisión y yo pierdo mi imperio.

Le sostuve la mirada. La lógica era fría, pero implacable. No había romanticismo, ni promesas falsas, ni manipulación afectiva como la que usó Gabriel años atrás. Felipe me ofrecía una transacción comercial basada en el odio mutuo hacia nuestros enemigos.

—Un matrimonio por contrato —murmuré, sintiendo el peso de las palabras.

—Un matrimonio de guerra —corrigió él con voz baja—. Dentro de estas paredes, seremos extraños compartiendo una estrategia. Ante los medios y la élite de la ciudad, seremos el matrimonio más poderoso y cerrado del país. Sin fisuras, sin debilidades. ¿Acepta los términos, o prefiere que le pida a Alberto que le prepare una maleta de regreso?

Observé al hombre frente a mí. Felipe no era un salvador, era un arma. Y yo necesitaba exactamente un arma para hacerlos sangrar.

—Mañana a primera hora firmaré lo que sea necesario —sentencié, dando un paso al frente para quedar a centímetros de él—. Pero le advierto algo, señor Felipe: no intente manejarme. La mujer que entró a esa cárcel murió hace cinco años. La que está de pie frente a usted no le teme ni a usted, ni al demonio que dice ser.

Una auténtica chispa de interés cruzó los ojos oscuros de Felipe por primera vez en la noche.

—Excelente. Me desagradan las mujeres débiles. Ve a descansar, Esther. Mañana empieza la cacería.

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mariela
Victoria y Gabriel son unas escorias ella una asesina y el un pervertido, acosador y violador sin contar con las dos familias que son ladrones y corruptos.
Si escarban el pasado encontrarán más pruebas de la que no imagina Felipe con la muerte de Melisa.
mariela
Porque tanto miedo no querías ser valiente pues asume que te gusta porque dijo esas palabras en la galaxia dos se gustan Esther y Felipe otro tonto.
Veremos con que artimañas salen los Linares 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓
Liliana Torres
Esta loca la rata🐀
mariela
Comienza la convivencia en esa habitación Esther y Felipe que condiciones se impondrán para no matarse en el intento ya que Erika llegó para que esa estabilidad se desmorone.
Eliana Galann
ahhhhh la intriga me está matando!!
alicia g
buenísima historia, te felicito escritora
alicia g
buenísima historia, te felicito escritora
Ysabel Correa: Muchas gracias 🫂
total 1 replies
Maria Mongelos
Ojalá el abuelo no tome partido
Maria Mongelos
Victoria es la que maneja todo
Aurora
Ella aún debe aprender a confiar , pero sobre todos volver a amarse y valorarse a si misma , antes que a nadie más.
Kim Nava
ya les dieron a saber algo de lo que disque ellos le pasara a su buffet de abogados y no se ponen a pensar en eso
Kim Nava
no por favor Felipe debe darse cuenta🙏
Kim Nava
🤣🤣🤣 este si ya se volvió loco creo que Esther preferiría regresar a prisión que irse contigo
Aylin Cortes vila
me encanta leer tus novelas es una trama q te atrapa desde el primer momento
Aylin Cortes vila
Mimi es desesperante esperar por capitulos ya escritos pq no lo ponen todos en actualización
Ysabel Correa: Gracias 🫂
total 1 replies
keila arias
Mundo ericka espero que no lo perdones así de fácil... Es una sabandija. Felipe salvala antes del desmadre
mariela
Si todo entre Felipe y Esther estaba tensos con Erika será peor porque tienen que disimular y acercarse y darse cariño para que no se de cuenta.
Luc Duran
no jodas cuando des el final ya uno c a olvidado d la trama si no vas a terminar una novela para q la exponen no joda w arrecho
Kim Nava
no puede ser nesecito más
ojalá Felipe vea venir este golpe y Erika abre los ojos tu marca de ropa está por desaparecer de tus manos
Kim Nava
que no puede ser malditos pobre Erika cuando se entere que hara😡😡😡😡
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