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Un Matrimonio Imperial

Un Matrimonio Imperial

Status: En proceso
Genre:Romance / Matrimonio arreglado / Traiciones y engaños
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: A.B.G.L

Todo empezó en la crueldad: el hombre que amo se casa con mi mejor amiga, y yo debo presenciarlo todo, humillada, en primera fila.

Para dejar de ser su juguete, suelto la mentira que me salva y me venga:
—Estoy comprometida con Denney Callahan.

Se burlan… hasta que él aparece, me rodea la cintura con posesión feroz, me pega a su cuerpo y declara:
—Es mi prometida. Créanlo.

La mentira se vuelve verdad. Y el juego dulce, vengativo y oscuro ha comenzado.

NOVELA EXTENSA...

Advertencia: Novela +21

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Capítulo 12: Intervención de acero

—¡Lana, espera!

La voz de Nash me alcanza antes de que logre alejarme lo suficiente. Se acerca a zancadas largas y me bloquea el paso, cortándome la retirada hacia la calle principal. Ya no grita. Ahora baja el tono, suaviza el rostro, intenta poner esa expresión de dolor conmovedor que tantas veces logró ablandarme. Extiende las manos hacia mí, como si buscara acariciarme, y sus ojos me suplican con una falsedad que me revuelve el estómago.

—No me dejes así —dice, con voz quebrada—. Sé que me equivoqué. Sé que cometí el error más grande de mi vida al casarme con ella. Pero verte así… brillando, segura… me ha hecho darme cuenta de la verdad. Tú eres la única que importa. Todo lo que construimos… no se puede tirar así como así.

Me quedo inmóvil, mirándolo, y siento asco puro. No habla de amor. Habla de pérdida. No me extraña a mí; extraña el control que tenía sobre mí. No soporta verme fuera de su alcance, caminando al lado de un hombre cuyo poder lo empequeñece. Me doy cuenta de que cuanto más lejos estoy de él, más claro veo todo: sus palabras no son arrepentimiento, son posesión desesperada.

—Llegas tarde, Nash —respondo, firme, sin retroceder—. Esa mujer que conociste, la que te perdonaba todo y esperaba tus migajas, ya no existe. Hoy solo hay un hombre en mi vida, en mi cama y en mi futuro, y su nombre es Denney Callahan.

Sus facciones se descomponen en el acto. La máscara de vulnerabilidad se quiebra para revelar la furia desnuda que llevaba oculta. Da un paso hacia mí y, antes de que pueda apartarme, me sujeta del brazo con tanta fuerza que siento que los dedos me atraviesan la carne. Me tira hacia él, arrastrándome hacia su coche estacionado a pocos metros.

—¡No! —grito, luchando, tratando de zafarme—. ¡Suéltame, Nash! Me estás lastimando… ¡Me estás asustando! ¡Déjame ir!

Mis manos golpean su pecho, pero él no afloja el agarre. Me aprieta más, hundiéndome los dedos en la piel, y tira de mí con una fuerza descontrolada, ciego por la rabia y la necesidad de demostrarse a sí mismo que aún puede tenerme. Algunos transeúntes se detienen a lo lejos, mirando, pero nadie se acerca. El pánico me sube por la garganta: es la misma sensación de impotencia de antes, la de sentirme atrapada, pequeña, sin voz.

Y entonces se escucha.

El chirrido agudo de los neumáticos sobre el asfalto corta el aire. Un sedán negro, largo, imponente, se detiene de golpe junto a la acera, bloqueando el paso a su auto. El motor se apaga. La puerta del conductor se abre.

No es un guardaespaldas.

Denney Callahan desciende del vehículo con una calma que aterra más que cualquier grito. Se detiene un instante, abotona con parsimonia el botón central de su saco oscuro, ajusta las mancuernillas con un gesto impecable y sus ojos gris plateado se fijan en nosotros. Esos ojos no tienen ira. Tienen algo mucho peor: frialdad absoluta, una certeza letal que hace que el aire mismo se vuelva pesado. Camina hacia nosotros a pasos lentos, medidos, elegantes, y cada paso suyo resuena en la acera como un aviso de muerte. La gente que observaba se queda inmóvil, conteniendo el aliento. Nadie se mueve. Nadie habla.

Se detiene a menos de un metro de nosotros. Su mirada desciende despacio, recorriendo la mano de Nash apretada en mi brazo, la marca que empieza a formarse en mi piel, y luego sube lentamente hasta encontrarse con los ojos de Hudson. Su voz suena grave, pulcra, perfecta, como si estuviera dictando una cláusula en una junta de directores, pero cargada de una amenaza tan densa que casi se puede tocar.

—Tienes exactamente dos segundos para quitar tu sucia mano de encima de mi prometida, Hudson… antes de que me asegure de que no vuelvas a usarla en tu vida.

Nash se queda rígido, paralizado. Sus dedos ceden un milímetro, luego otro, pero no me suelta del todo. Lo veo tragar saliva, el miedo luchando contra el orgullo en su rostro.

—Esto… esto no te incumbe, Callahan —balbucea, con la voz quebrada—. Ella no sabe lo que hace. Tú… tú no la conoces de verdad.

Denney da un paso más, reduciendo la distancia, y su presencia lo inunda todo.

—Uno —dice, contando despacio.

—Es mía —insiste Nash, aunque su agarre se debilita.

—Dos —Denney no aparta la vista. No parpadea. Es una estatua de acero que ha cobrado vida—. Y si no la sueltas ahora mismo, la siguiente persona que hable serás tú explicando ante un juez por qué la agrediste en vía pública. Yo me encargaré de que nadie te crea. De que no consigas trabajo. De que cada puerta de esta ciudad se te cierre en la cara. ¿Me hago entender?

Nash me suelta de golpe, como si le hubiera quemado. Da un paso atrás, las manos temblorosas a los costados, la cara pálida bajo el sol.

Denney extiende la mano y me toma del brazo, pero con una delicadeza que me hace cerrar los ojos un instante. No me tira. Me acerca a su lado, cubriéndome con su cuerpo, poniéndome detrás de él como un escudo. Su hombro ancho y firme me separa de Nash, y siento la seguridad de su presencia envolviéndome, cálida y absoluta.

—Vámonos —me dice, bajando la voz solo para mí, suavizando el tono—. Ya terminó.

Me guía hacia su auto, abriendo la puerta trasera para que suba. Antes de entrar, miro por encima del hombro. Nash sigue allí, de pie en la acera, con la mirada perdida, vencido en plena calle. La gente empieza a murmurar, a sacar teléfonos, a grabar. La historia de su derrota ya se está escribiendo.

Denney se sienta a mi lado y cierra la puerta. El vehículo se pone en marcha, alejándonos de la escena. En el silencio del interior, él me mira, y por primera vez veo en sus ojos algo que va más allá del deber o del trato. Preocupación genuina. Toma mi mano izquierda, la que lleva su anillo, y la sostiene entre las suyas, acariciando suavemente los nudillos.

—¿Te lastimó? —pregunta, con voz baja, grave.

Asiento levemente, mostrándole la marca rojiza en mi brazo. La recorre con la mirada y aprieta los labios, una línea rígida de determinación.

—No volverá a acercarse a ti —promete, y su tono no admite duda—. No mientras yo respire.

Apoyo la cabeza en el respaldo, sintiendo el coche avanzar. La mentira ha cambiado de naturaleza. Ya no es solo un escudo. Es un lazo. Y en ese instante, mientras su mano sostiene la mía con firmeza, comprendo que la línea entre lo fingido y lo real se ha borrado por completo.

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JOGXANDY BELLO
jejeje critica constructiva, fue a humillar a otros y se humillo ella misma, solo no se doblega contra él protahonista pero si se humilla contra los demas, sobretodo con sus enemigos, no estoy entendiendo la logica de la narraccion. Espero que el cambio realmente sea significativo
A.B.G.L: Si resulta algo exasperante, pero es que ahora quiero darles ese toque humano, donde hay margen de error y así, espero que te vaya gustando...👏
total 1 replies
JOGXANDY BELLO
Que horror eso que es la primera aparicion y ya pierde los modales, no creo que este dando la imagen de chica super poderosa jejeje
A.B.G.L: hola, gracias por tu primer comentario, la verdad es que estoy queriendo que la evolución de los personajes fluyan natural y algo calmado, pero mas adelante ella cambiará un poco, gracias por tu apoyo...
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