Antes de morir en una sangrienta operación militar en la Tierra, la vida del protagonista tuvo un solo propósito: pagar el tratamiento contra el cáncer de su hermana menor. Cada noche, para calmar su dolor, le leía novelas de romance. Tras perderla, cayó en combate poco tiempo después.
Para su sorpresa, despierta como Alexander von Ashford, poderoso Duque y General del Imperio de Valerius. La transmigración ocurre un mes después de partir a una guerra absurda, tras la trágica caída de su caballo. Ahora, un nuevo espíritu toma las riendas de su destino.
Al cruzar los recuerdos del cuerpo con los conocimientos de la novela, comprende la realidad: está dentro del libro. En la historia original, tras tres años de guerra, el Duque regresaba para descubrir que su esposa Elena y su hijo Theo de tres años habían muerto trágicamente.
Con su astucia táctica y la memoria del cuerpo, el exmilitar actuará rápido para cambiar el destino.
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La historia de un villano anunciado
El constante y monótono pitido del monitor cardíaco marcaba las últimas semanas de vida de mi hermana menor. En aquella fría habitación de hospital, lo único que amortiguaba el dolor de sus quimioterapias eran las historias que le leía cada noche al terminar mis agotadores turnos militares.
Ella sentía fascinación por las novelas de romance imperial, llenas de duques implacables, magia e intrigas políticas. Yo compraba cualquier libro en las librerías del centro, dispuesto a todo con tal de ver una chispa de alegría en sus ojos antes de que el cansancio la venciera.
—Hermanito, ¿qué historia me trajiste hoy? —preguntó con voz débil pero llena de ilusión mientras yo acomodaba la incómoda silla de plástico junto a su cama.
—Se llama La flor del ducado —respondí suavemente, acariciando su frente pálida—. Es una obra dramática sobre el capricho de un Príncipe Heredero, traiciones imperiales y un amor en tiempos de guerra.
—Léemela, por favor. Me encanta cuando la historia tiene un Duque poderoso que protege a todos —dijo ella, esbozando una leve sonrisa que apenas lograba ocultar las ojeras marcadas en su rostro.
Abrí el libro de cubiertas desgastadas y comencé a leer en voz baja. La trama comenzaba con un conflicto absurdo: el Príncipe Heredero viajaba a una nación vecina para presumir a su bella prometida, pero el rey de ese territorio quedaba obsesionado con la joven y declaraba una guerra total de tres años.
Para contener la sangrienta invasión, el Emperador enviaba al frente a su mejor estratega: el Duque Alexander von Ashford. Alexander era un guerrero formidable, temido en el campo de batalla, pero sumamente torpe e inexperto en los delicados asuntos del corazón.
—¿Y el Duque tiene esposa o está solo? —me interrumpió mi hermana, acomodando la pesada manta con sus manos temblorosas.
—Sí, está casado —le contesté suavemente—. Mantiene una relación cordial pero distante con la Duquesa Elena. Tienen un pequeño hijo de tres años llamado Theo, a quien ambos adoran con el alma, pero las estrictas normas de la nobleza les impiden confesarse lo que sienten.
—¡Qué tontos son los nobles! Deberían decirse la verdad antes de ir a una guerra tan peligrosa —murmuró ella con tristeza, desviando la mirada hacia la ventana iluminada por la luna.
Continué la lectura explicando la pesadilla que comenzó en el ducado. En ausencia del Duque, la familia imperial enviaba a la Princesa Evelyn, la caprichosa y manipuladora hermana del Príncipe Heredero, para supuestamente cuidar la residencia de Alexander.
Evelyn guardaba una obsesión enfermiza por Alexander desde la juventud. Aprovechando que el Duque estaba en el frente, la princesa usó su poder para purgar a los guardias leales, despedir a la servidumbre de toda la vida y colocar a sirvientes crueles que convirtieron la vida de Elena y del pequeño Theo en un calvario.
—¿Nadie en el ducado la ayuda? ¿Nadie defiende a la duquesa? —preguntó mi hermana, apretando la sábana con rabia e impotencia.
—Elena escribe docenas de cartas desesperadas rogando auxilio, pero la Princesa las intercepta todas —le expliqué—. Evelyn no solo destruye las cartas de la duquesa, sino que le envía cartas falsas a Alexander al frente para hacerle creer que su esposa es fría, indiferente y que no le importa si él vive o muere.
Tras tres largos años de sangrienta campaña militar, Alexander finalmente regresaba victorioso al ducado. Creía firmemente que su esposa jamás le había escrito una sola línea, pero al cruzar los portones de su hogar, la Princesa Evelyn lo recibía con la mentira más devastadora.
La princesa le aseguraba entre lágrimas falsas que Elena había enloquecido por la soledad, asesinando al pequeño Theo antes de huir a un pueblo remoto para quitarse la vida.
—¡Eso es monstruoso! —exclamó mi hermana con los ojos empañados por las lágrimas—. ¡Esa mujer destruyó a una familia entera solo por celos y capricho!
—Así es. El dolor insoportable y la falsa creencia de la traición de su esposa empujaban a Alexander a la locura. En la segunda mitad del libro, el desgarrado Duque se transformaba en el aterrador villano de la historia, buscando destruir el imperio hasta que el Príncipe lo ejecutaba en la batalla final.
Los crímenes de la Princesa jamás salían a la luz. El Príncipe Heredero y su prometida vivían felices tras matar al "malvado" Duque, mientras el pueblo celebraba la muerte de un monstruo que solo fue una víctima de la manipulación.
Al cerrar el libro, dejé salir un largo suspiro impregnado de rabia y frustración.
«Es una completa injusticia que los verdaderos culpables triunfen y que un hombre roto muera calumniado como un monstruo», pensé con amargura.
—¿Por qué te enfadas tanto, hermano? —me preguntó ella en voz muy baja, mirándome con una madurez conmovedora que superaba su corta edad.
—Porque es un final horrendo. Un hombre inocente pierde a su familia por las mentiras de otros y termina siendo asesinado mientras los villanos reales celebran —respondí con firmeza.
Mi hermana me sonrió con melancolía y tomó mi mano con la poca fuerza que le quedaba en sus frágiles dedos.
—Si tú estuvieras lejos peleando en el ejército por nuestro sustento y alguien viniera a esta habitación a hacerme daño... ¿Acaso tú no harías lo mismo? —murmuró observándome directamente a los ojos—. Si te hicieran creer que me dejaste morir sola, sé que también te convertirías en villano para destruirlos a todos.
Sus palabras cayeron sobre mi pecho con el peso de una verdad aplastante. Me quedé en silencio, apretando suavemente su mano en la penumbra de la habitación, reflexionando sobre el dolor, la pérdida y el abismo que un hombre cruza cuando le arrebatan a sus seres queridos.
Al día siguiente, a primera hora de la mañana, mi hermana cerró los ojos para siempre mientras dormía plácidamente. Su partida me dejó sumido en un desierto de culpa, soledad e impotencia que destruyó mis ganas de vivir.
Incapaz de procesar el duelo en la vida civil, pedí el traslado inmediato a las misiones militares internacionales de mayor riesgo. Buscaba anestesiar mi alma en medio del fuego cruzado y el peligro constante.
Meses más tarde, durante un combate nocturno en territorio enemigo, una violenta detonación destruyó nuestro refugio táctico. El impacto destruyó todo a mi alrededor y la oscuridad absoluta me envolvió en un instante, poniendo fin a mi existencia mortal en la Tierra.
O al menos, eso fue lo que creí antes de despertar.
que obra tan magistral
ya quiero ver arder a esos traidores
ya quiero ver asustados a los traidores cuando el ya empiece a dar órdenes con el sello 👏🤭
malditos como los odio y ese Julian su envidia y ambición lo destruiría y esa bruja ya me cae bien mal
estos acabarán amándose mucho
no nos dejen con la incertidumbre
ya quiero verla llegar con Alexander
malditas vivoras y que bueno que no tienen el sello