NovelToon NovelToon
LA PÓLVORA

LA PÓLVORA

Status: En proceso
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Venganza
Popularitas:423
Nilai: 5
nombre de autor: Yesid Cabas

A los 17 años, Mila Sarmiento pierde a su hermano en una guerra que nunca fue suya.
En El Pozo, la justicia no existe. Solo existen las deudas, las traiciones y las balas.
Nail, un joven sicario, le enseñará a sobrevivir. Pero Mila aprenderá demasiado rápido.
Lo que comienza como una búsqueda de venganza terminará convirtiéndola en La Pólvora, la mujer más temida de Puerto Fiel.
El problema es que cuanto más poder consigue, más cerca está de descubrir una verdad que podría destruirlo todo.
Porque en este barrio, para sobrevivir hay que convertirse en aquello que juraste destruir.

NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 1: EL AMANECER

El Pozo no perdona el amanecer. Sube por las escaleras de cemento crudo como si tuviera prisa, como si supiera que después de las seis de la mañana el barrio ya no le pertenece a la luz sino al ruido: motos sin silenciador, gallos que nadie cría por gusto sino porque se pueden vender, el bafle de don Roque anunciando que ya llegó el pan. Mila Sarmiento conoce ese amanecer de memoria porque lo ha visto todos los días de sus diecisiete años, siempre desde la misma ventana, siempre con la misma sensación de estar viendo algo que se le va a acabar pronto, aunque todavía no sepa por qué.

Esa mañana, sin embargo, hay algo distinto. No en la luz. En el silencio que la sigue.

—Levántate, floja, que se enfría el tinto —dice Yeison desde la cocina, y su voz tiene esa manera de llenar la casa entera aunque venga de un solo cuarto. Mila sonríe sin que él la vea. Su hermano tiene esa gracia: puede estar debiendo plata, puede tener la cara hinchada de no dormir, puede cargar encima el peso entero de mantener a una madre enferma y una hermana que todavía sueña con salir de El Pozo algún día, y aun así entra a la cocina como si el mundo no se le estuviera cerrando encima.

Ella baja. Se sienta frente a él. Yeison tiene veintitrés años y una cicatriz en la ceja que se ganó a los doce, cuidando a Mila de un perro que después resultó ser más miedoso que ellos dos juntos. Esa cicatriz es lo primero que Mila mira cuando algo anda mal, porque Yeison, sin darse cuenta, se la toca con el pulgar cada vez que está nervioso.

Esa mañana se la toca tres veces antes de terminarse el café.

—¿Qué pasó? —pregunta Mila, porque en El Pozo uno aprende a leer a la gente antes de aprender a leer libros.

—Nada, hermanita. Cosas de allá afuera.

"Allá afuera" es la forma en que Yeison nombra un mundo que nunca deja entrar a la casa: el mundo de las vueltas, los favores que se cobran con intereses, los hombres que caminan por la loma con las manos metidas en el bolsillo del pantalón como si ahí cargaran algo más que las manos. Mila no sabe todavía los nombres de ese mundo. Sabe, eso sí, que ese mundo tiene hambre, y que su hermano lleva semanas alimentándolo con lo poco que tiene.

—Yeison.

—Ya, Mila. Enserio. No es nada que no pueda arreglar.

Ella le cree, porque tiene diecisiete años y porque quiere creerle, y porque la alternativa —no creerle— significa aceptar que el único hombre que la ha cuidado en la vida le está mintiendo en la cara mientras se soba una cicatriz vieja con el pulgar.

El Pozo es así: un barrio construido en las faldas de una montaña que la ciudad de Puerto Fiel prefiere no mirar. Desde el centro, donde están los bancos y los edificios de vidrio que reflejan un cielo que aquí arriba nunca se ve tan limpio, El Pozo es apenas un murmullo de casas de ladrillo sin pañetar trepando la loma como si se estuvieran escapando de algo. Aquí no llega la policía si no es para algo puntual, casi siempre malo. Aquí la ley la escriben los combos, los que controlan las esquinas, los que deciden quién puede pasar por dónde y a qué hora, los que cobran "vacuna" a los tenderos como quien cobra un impuesto natural, tan normal como la lluvia.

Mila sale a la calle con Yeison esa mañana —él la acompaña hasta la parada del bus, siempre lo hace, aunque signifique llegar tarde a donde sea que va— y el barrio se despliega frente a ella con esa mezcla de belleza brutal que solo entienden los que nacieron adentro: las paredes pintadas con murales de próceres y con nombres de muertos, la señora Ceci vendiendo arepas en una esquina que ha sido suya por veinte años, los niños jugando fútbol con una pelota que ya no tiene forma de pelota, y más arriba, casi invisibles si uno no sabe mirar, los muchachos apostados en las esquinas clave, con los ojos entrenados para reconocer quién es de aquí y quién no.

—Cuídate hoy —le dice Yeison en la parada, y hay algo en la forma en que lo dice, algo que no es la despedida de todos los días.

—Siempre me cuido —contesta ella, y le da un golpe suave en el hombro, como hacen desde niños.

Él sonríe, esa sonrisa ancha que Mila va a extrañar el resto de su vida sin saberlo todavía, y se da la vuelta para subir la loma de regreso.

Mila no sabe, mientras el bus se aleja y ella mira por la ventana la figura de su hermano haciéndose pequeña entre las casas, que esa es la última vez que lo va a ver caminar por su propio pie. No sabe que "cosas de allá afuera" significa una deuda de trescientos mil pesos que Yeison se negó a seguir cargando en silencio, una discusión que subió de tono con la gente equivocada, un mensaje que alguien, en algún lugar de la organización que controla la loma, decidió que había que mandar de una vez y para siempre.

No sabe nada de eso todavía. Solo sabe que el sol ya subió del todo sobre El Pozo, que el bafle de don Roque sigue sonando dos cuadras más abajo, y que por primera vez en mucho tiempo, sin ninguna razón que pueda nombrar, siente un frío que no tiene nada que ver con el clima.

Esa noche, cuando dos disparos rompan el silencio de la loma a las nueve y veinte, Mila va a recordar ese frío de la mañana como lo único que tuvo la decencia de avisarle.

Va a recordar también, aunque tarde años en entenderlo del todo, que el día en que mataron a su hermano fue el mismo día en que ella, sin saberlo, empezó a morir un poco también —para poder, después, aprender a matar.

Porque eso es lo que hace El Pozo con la gente que no se defiende: la entierra. Y Mila, esa noche, va a decidir que a ella no.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play