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Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Telepatía
Popularitas:10.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Ximena Blanco solo debía cumplir una misión: ocupar el lugar de su hermana gemela, casarse con Cristian Montalvo y aguantar el papel de esposa perfecta hasta que pudiera desaparecer con el dinero prometido.
El problema era Cristian.
Frío, rico, impecable y peligrosamente guapo, el heredero Montalvo parecía hecho para arruinarle la concentración. Ximena sonreía como una dama obediente, servía café, bajaba la mirada y fingía no sentir nada.
Pero por dentro era otra historia.
Ay, no. Ese hombre debería traer advertencia. Con esa camisa, esos hombros y esa cara de hielo, una mujer honesta pierde la dignidad.
Lo que Ximena no sabe es que Cristian puede escuchar cada pensamiento suyo.
Cada queja. Cada insulto. Cada fantasía vergonzosa sobre tocarle el pecho, quitarle la corbata o verlo perder el control por ella.
Al principio, Cristian solo quiere descubrir quién es en realidad esa mujer que finge ser tranquila mientras su mente arde sin descanso. Pero cuanto más la escucha, más le cuesta mantenerse lejos. La esposa falsa empieza a parecerle demasiado real. Sus pensamientos indecentes empiezan a gustarle demasiado. Y el hombre que juró no enamorarse termina obsesionado con la única mujer que no puede mentirle por dentro.
Pero Ximena guarda un secreto más peligroso que sus deseos: ella no es la novia que Cristian debía recibir en el altar.
Cuando la verdad salga a la luz, el matrimonio falso, la pasión escondida y todos los pensamientos que nunca debieron escucharse podrían destruirlos... o volver imposible que se separen.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1

Capítulo 1: El colgante y la voz que no debería oír

Cristian Montalvo no creía en amuletos, en bendiciones de aeropuerto ni en ancianas que aparecían entre la multitud como si hubieran salido de una postal mal doblada.

Por eso, en cuanto el auto dejó atrás la terminal privada y tomó la avenida hacia Las Lomas, bajó la ventanilla.

Entre sus dedos colgaba una pieza de metal oscuro, tibia de una manera absurda pese al aire acondicionado. La mujer de Phuket se la había puesto en la palma con una sonrisa sin dientes y una insistencia que ni sus guardaespaldas ni el traductor lograron apartar.

"Para escuchar lo que no se dice", había murmurado ella.

Cristian la soltó.

El dije cayó a la noche de la Ciudad de México, tragado por las luces, el ruido y la fila interminable de autos.

—¿Desea que regresemos, señor Montalvo? —preguntó Julián desde el asiento delantero.

Cristian cerró la ventanilla.

—No. Solo era basura.

No volvió a pensar en eso.

Tenía treinta y seis correos pendientes, una junta con finanzas a primera hora y siete días de cansancio metidos entre los hombros. El viaje a Phuket había salido bien, el contrato también, y lo único que quería era llegar a casa, bañarse, revisar dos informes y dormir como una persona civilizada.

La Mansión de Las Lomas lo recibió con las luces bajas, el mármol limpio y ese silencio caro que su madre llamaba paz familiar. Para Cristian era eficiencia: empleados que no hacían ruido, seguridad que no fallaba, una esposa que entendía su lugar dentro del arreglo.

Ximara lo esperaba en el vestíbulo.

Llevaba un vestido color marfil, cerrado hasta la clavícula, el cabello recogido con una cinta discreta y una sonrisa tan suave que parecía ensayada frente a un espejo de convento.

—Bienvenido a casa, Cristian —dijo.

Su voz sonó tranquila, dulce, exacta.

Cristian se quitó los guantes de piel y se los entregó a la empleada que esperaba a un lado.

—Llegué tarde. No tenías que esperarme.

—Quería hacerlo.

Ella bajó la mirada con esa docilidad que durante un año le había resultado cómoda. No estorbaba, no reclamaba, no hacía escenas. En las cenas familiares sonreía cuando debía sonreír. En la iglesia había inclinado la cabeza como una novia correcta. En la casa se movía como si hubiera nacido para cuidar la temperatura de su café.

Era, en resumen, la esposa perfecta para un matrimonio que nunca había pretendido ser una historia de amor.

Cristian subió las escaleras con ella a dos pasos de distancia. En la habitación principal, Ximara tomó su saco y lo colgó en el perchero con manos diligentes.

—Le pedí a la señora que preparara agua caliente. El viaje debió agotarte.

—Fue tolerable.

—También dejé cena ligera por si tienes hambre.

—No.

—Entonces, ¿quieres que te prepare el baño?

Cristian aflojó el nudo de la corbata. Iba a responder que no hacía falta cuando algo, una voz femenina y clarísima, le cruzó la cabeza.

*Ay, por fin. Siete días fuera y regresa con esa cara de santo caro y esos hombros que no caben en la camisa. Viejo argüendero, hoy sí te voy a mirar de cerca aunque te hagas el hielo.*

Cristian se quedó quieto.

Ximara seguía frente a él, con la sonrisa intacta.

—¿Cristian?

Él la miró.

—¿Qué dijiste?

—Que si quieres que te prepare el baño.

La voz hablada era la misma de siempre: educada, templada, sin una arruga de fastidio. Pero aquella otra frase había sonado dentro de su cabeza con una nitidez imposible.

Cristian se tocó la sien.

Desfase horario. Cansancio. Falta de sueño.

Nada más.

—Hazlo —dijo.

—Claro.

Ximara entró al baño. Cristian la oyó abrir la llave de la tina, mover frascos, comprobar la temperatura con la mano.

Y entonces volvió a escucharla.

*Agua perfecta, toallas perfectas, esposa perfecta. Si me pagaran extra por cada sonrisa falsa, ya tendría mi propio departamento... y un clóset lleno de cosas para verlo perder la compostura. Pero no, aguanta. Primero que se quite la camisa.*

Cristian dejó de desabotonarse la camisa.

No podía ser.

Miró hacia la puerta del baño. Ximara estaba de espaldas, inclinada sobre la tina. No movía los labios.

—¿Con quién hablas?

Ella se volvió, sorprendida.

—¿Yo? Con nadie.

—Te escuché.

La mano de Ximara resbaló del borde de la tina.

—Solo estaba revisando el agua. Quizá fue el ruido.

*¿El ruido? Claro, échale la culpa al agua. ¿Qué le pasa hoy? ¿Será que por fin notó que tiene pecho, cintura y abdomen de escándalo?*

Cristian apretó la mandíbula.

—¿Modo qué?

Ximara parpadeó.

—¿Perdón?

Él dio un paso hacia ella. Su rostro seguía perfecto: ojos abiertos, labios suaves, respiración medida. Pero por dentro, si esa voz de verdad venía de ella, se estaba riendo de él.

*Ahora camina como villano de telenovela. Qué miedo, señor Montalvo. Con esa cara fría y ese cuerpo de pecado, lo mínimo sería dejarse tocar más de cinco veces al año, ¿no? Cinco. Y eso contando la noche que estaba medio dormido.*

Cristian sintió que el aire se le atoraba en el pecho.

Cinco.

La palabra cayó entre los dos, aunque ella no la hubiera pronunciado.

—Sal del baño —ordenó.

Ximara obedeció al instante.

—¿Hice algo mal?

—No.

—Pareces molesto.

—Estoy cansado.

*Ajá. Cansado. Frío, diría yo. Frío con abdominales, que es peor, porque una ve el banquete y el señor se porta como ayuno obligatorio.*

Cristian cerró los ojos un segundo.

La anciana de Phuket.

El dije.

La frase absurda: "Para escuchar lo que no se dice."

No. No iba a aceptar una explicación ridícula porque hubiera dormido poco y comido mal durante una semana. Él no era un adolescente impresionable. Era Cristian Montalvo, director general de Grupo Montalvo, un hombre que resolvía demandas, adquisiciones y crisis familiares sin pestañear.

No escuchaba pensamientos.

—Voy a bañarme —dijo.

—Te dejo ropa limpia en el vestidor.

Ximara salió con la misma delicadeza con la que había entrado. Cristian esperó a que la puerta quedara entornada y se desvistió con movimientos rígidos.

El agua caliente no lo tranquilizó.

Desde la tina siguió oyendo pequeños fragmentos, como si alguien hubiera abierto una estación de radio privada dentro de su cráneo.

*No mires la caja, no mires la caja, no mires la caja.*

Cristian abrió los ojos.

¿Qué caja?

Diez minutos después, con la bata puesta y el cabello húmedo, fue al vestidor. Ximara estaba acomodando una camisa blanca sobre el respaldo de una silla. Al verlo, sonrió.

—Te dejé el pijama azul. Es más cómodo.

*Y más aburrido que misa de seis. Con esa espalda debería dormir en algo más atrevido, no vestido como heredero de funeraria.*

Cristian miró la caja que ella acababa de empujar bajo una pila de camisas.

—Abre eso.

Ximara siguió la dirección de sus ojos. Por primera vez desde que había llegado, su sonrisa perdió un milímetro.

—¿La caja?

—Sí.

—No creo que haya nada que necesites ahí.

—Ábrelo, Ximara.

Ella bajó la mirada, caminó hasta el mueble y sacó la caja con ambas manos. La abrió apenas. Encima había un pijama de seda perfectamente doblado.

Cristian esperó.

*No levantes el pijama. Por lo que más quieras, viejo argüendero, no levantes el pijama. Si ve el bóxer negro, me va a sermonear como si querer verlo más sabroso fuera delito federal.*

Cristian levantó el pijama con dos dedos.

Debajo apareció un bóxer negro, ajustado, de tela suave y corte demasiado provocador para un hombre que elegía hasta el silencio con solemnidad.

Ximara tragó saliva.

—Te compré algo nuevo. Está lavado. Si no te gusta, puedo guardarlo.

Cristian sostuvo la prenda frente a ella.

*No lo guardes. Póntelo. Por favor, póntelo. Un hombre tan serio en algo tan indecente... ay, no, me voy a ir derechito al infierno y con gusto.*

Cristian dobló la prenda de nuevo con una lentitud peligrosa.

La esposa perfecta de Cristian Montalvo le había comprado ropa interior como si quisiera provocar una guerra privada en su propia habitación.

Ximara cerró la mano sobre el borde de la caja.

—Fue una sugerencia de Val —mintió con voz suave—. Dijo que era más cómodo.

*Cómodo para mis ojos, sí. Si se lo pone con la camisa abierta, yo misma le aplaudo el servicio completo.*

Cristian levantó la mirada.

Por primera vez en un año, la mujer frente a él no le pareció tranquila. Le pareció encerrada.

Pero esa impresión duró poco, porque la voz interior volvió con un resoplido furioso.

*Además, ¿qué le molesta? Ni que el señor cinco-veces-en-un-año fuera a dejarme verificar el resultado. Con suerte se lo pone, se mira al espejo y entiende que ese cuerpo no nació para puro traje gris.*

—No vuelvas a comprar algo así —dijo él.

Ximara cerró la caja despacio.

—¿Ni siquiera para probar?

—No.

Ella bajó la cabeza.

—Como quieras.

*Como quieras, dice. Claro que no. Primero me muerdo la lengua. Segundo escondo la caja. Tercero, algún día te voy a ver con algo peor y ese día prendo veladoras de agradecimiento.*

Cristian sintió una presión extraña en el pecho, algo entre irritación y una risa que jamás admitiría.

—Te escuché —dijo en voz baja.

Ximara alzó la vista.

—¿Qué cosa?

Él la observó durante varios segundos.

Si se lo decía, sonaría loco.

Si no se lo decía, tendría que aceptar que la mujer con la que compartía techo era un misterio envuelto en seda marfil, un bóxer negro y mentiras dichas con una sonrisa perfecta.

—Nada —respondió.

Ximara inclinó la cabeza, dócil otra vez.

—Descansa, Cristian.

Ella salió del vestidor y apagó la luz principal de la habitación. Él se acostó sin revisar los correos, con la vista clavada en el techo oscuro.

Durante un minuto creyó que el silencio había vuelto.

Entonces, desde el lado de la cama donde Ximara fingía dormir, la voz interior suspiró con una claridad cruel.

*Viejo argüendero. Ojalá ronques bajito. Si te duermes rápido, mínimo me conformo con mirarte la espalda. Qué desperdicio de marido guapo y mal aprovechado.*

Cristian abrió los ojos.

La noche acababa de volverse imposible.

1
bruja de la imaginación 👿😇
me encanta esta historia
Carely Prieto
bonita narrativa, creativa y gran ingenio
Karina Sanabria
👏👏👏👏muy linda novela!! algo diferente
gracias pero por favor no tardes en subir nuevamente
Karina Sanabria
Dios mío que le pasa a este hombre!!! acaso no le gusta el sexo 🤭🤤🫠
Erika Durán
Hasta el momento
Muy bien,
Carely Prieto
😭 noooo, no seas malita, sube más capítulos 🥹 anda dí que si, anda siiiiiiii??!
wendy arrieta
Dios mio ella si sabe utilizar su mente jajajajajaa
Martha Mena Wong
Por dios me voy acabar las uñas esto se está poniendo peliagudo más capítulos muchas felicidades autora eres genial te atrapa desde el principio la novela bendiciones
Martha Mena Wong
Esto se está poniendo buenísimo por favor que no la idie cuando se entere de la verdad gracias más capítulos por favor está súper la historia
Martha Mena Wong
Noooooo me va a dar el mimisqui cuánto podrá fingir ser quien no debe ahora sí me va a dar algo😭😭😭😭
Martha Mena Wong
Santa cachucha ahora que hará se le junto el ganado jajajaja 🤭🤭🤭🤭
Martha Mena Wong
Celoso de el mismo que divertido genial 🤣🤣🤣🤣
Martha Mena Wong
Por dios esto está más entretenido que las estupidas novelas de la tele felicidades me encanta
Martha Mena Wong
Ajaja se le hizo por fin siiiiiiii
Martha Mena Wong
Ya el se ka imaginaba con lencería buen camino
Martha Mena Wong
Andele a ver si ahora le hace caso
Martha Mena Wong
jajajaja me encanta excelente novela
Martha Mena Wong
🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Martha Mena Wong
jajajaja esto está genial imagínate que oigan tus pensamientos bueno si está buenorro yo también pienso cositas o cositas depende jijiji
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