Un matrimonio que ninguno eligió. Un hombre que no la ama. Y un secreto que cambiará sus vidas para siempre.
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CAPÍTULO 19 — El juego comienza
Habían pasado dos semanas desde aquella noche que había cambiado tantas cosas.
Aitana ya estaba completamente recuperada y, después de varios días de cuidados y descanso, los médicos finalmente le habían permitido volver a su vida normal. Sin embargo, ella ya no era la misma que había entrado a aquella clínica.
Había tenido demasiado tiempo para pensar y, durante esas dos semanas, comprendió algo que antes no se había atrevido a aceptar: no podía continuar viviendo intentando demostrarle a Gael que merecía ser querida. Si él quería verla como una molestia, sería su decisión. Ella ya no pensaba perseguirlo.
La tarde en que regresó a la mansión, Alonso decidió hablar con ella antes de que se encontrara con Gael. La llevó a una de las habitaciones más tranquilas de la casa y cerró la puerta. Alessandro también estaba allí. Aitana los miró a ambos con curiosidad, porque desde hacía días notaba que se comportaban de una manera demasiado misteriosa. —Creo que ya es hora de que me cuenten qué están tramando —dijo, cruzándose de brazos.
Alonso sonrió y Alessandro soltó una pequeña risa. Entonces le contaron toda la verdad. Alessandro le explicó que era gay y que nunca había existido ninguna intención romántica entre ellos. La supuesta propuesta de pololeo había sido una idea de Alonso para provocar a Gael y conseguir que reaccionara. Aitana se quedó unos segundos en silencio, procesando todo, y después comenzó a reírse. —No puedo creer que hayan hecho todo esto para poner celoso a Gael.
—Funcionó un poco —admitió Alonso—. Pero todavía no lo suficiente.
Aitana dejó de reír y lo miró con atención. —¿Y qué quieres hacer ahora?
Alonso no respondió inmediatamente. Fue Alessandro quien habló. —Queremos continuar con la broma, pero solo si tú quieres. No vamos a hacer nada que te incomode.
Aitana pensó en Gael. Pensó en todas las veces que había intentado acercarse a él, en todas las veces que había recibido indiferencia y en cómo poco a poco había dejado de esperar algo de aquel matrimonio. Ya no quería conseguir su amor. Tampoco quería vengarse de él de una manera cruel. Simplemente quería que entendiera que ella podía seguir adelante.
—Acepto —dijo finalmente.
Alonso sonrió.
—Entonces estamos de acuerdo.
—Pero tengo una condición —añadió Aitana.
Alessandro levantó una ceja.
—¿Cuál?
Aitana sonrió.
—Que esta vez yo también pueda divertirme.
Los dos comenzaron a reír. Alonso entendió perfectamente que aquella respuesta significaba que Aitana había cambiado. Ya no estaba entrando en el juego como una víctima. Esta vez lo hacía porque ella había decidido hacerlo.
Cuando Aitana bajó al salón, Gael estaba allí.
Había regresado de la universidad hacía poco y conversaba distraídamente con uno de sus amigos. Al verla, interrumpió la conversación. Sus ojos recorrieron rápidamente a Aitana y se detuvieron en su rostro. Se veía tranquila, segura y completamente diferente a la mujer que él recordaba antes de que enfermara.
—¿Ya estás bien? —preguntó.
—Sí —respondió Aitana con naturalidad.
Gael esperó alguna otra palabra, pero ella simplemente siguió caminando.
—¿No vas a decir nada más?
Aitana se giró.
—¿Qué quieres que diga?
Gael se encogió de hombros, incómodo.
—Nada.
Ella sonrió ligeramente y continuó su camino.
Unos minutos después, Alessandro apareció en el salón. Se acercó a Aitana como si todo fuera completamente normal y comenzó a conversar con ella. Gael intentó ignorarlos, pero cada vez que levantaba la mirada los encontraba hablando y riendo.
—¿Otra vez él? —preguntó finalmente.
Aitana lo miró.
—¿Tienes algún problema?
—Ninguno.
—Entonces perfecto.
Gael apretó la mandíbula y volvió la mirada hacia su teléfono. Intentó concentrarse, pero no podía. No entendía por qué le molestaba tanto que Alessandro estuviera cerca de ella.
Alonso apareció en ese momento y observó discretamente la escena. Después se acercó a Alessandro y, deliberadamente, habló lo suficientemente alto para que Gael pudiera escucharlo.
—Espero que Aitana acepte finalmente tu propuesta de pololeo.
Gael levantó la cabeza de inmediato.
Aitana miró a Alonso y fingió sorpresa.
—¿Ya se lo contaste?
Alessandro siguió la actuación.
—Todavía no. Quería esperar el momento correcto.
Gael dejó el teléfono sobre la mesa.
—¿Qué propuesta?
Aitana lo miró durante unos segundos.
Después sonrió con absoluta tranquilidad.
—No es asunto tuyo, Gael.
Aquella respuesta fue suficiente para que él se pusiera de pie.
—Claro que es asunto mío.
—¿Por qué?
Gael abrió la boca, pero no encontró una respuesta convincente.
Aitana tomó su bolso y se acercó a Alessandro.
—Vamos.
—Cuando quieras —respondió él.
Gael los observó mientras se alejaban.
Alonso permaneció a su lado y sonrió discretamente.
Gael volvió a mirar hacia la puerta.
Todavía no estaba enamorado de Aitana. En su cabeza, seguía siendo la mujer que había llegado a su vida sin que él la quisiera allí.
Pero algo estaba cambiando.
Y lo peor era que Gael todavía no entendía por qué le molestaba tanto verla feliz lejos de él.