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La Esposa Olvidada Del Rey De La Mafia

La Esposa Olvidada Del Rey De La Mafia

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Amor eterno / Completas
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Lina Jaureguy

Todos creen que Valeria Moretti traicionó al hombre más peligroso del país. Él también lo creyó... y la echó de su vida sin darle la oportunidad de defenderse. Cinco años después, Valeria regresa con una pequeña hija y un pasado que juró olvidar. Alessandro De Luca, el temido Rey de la Mafia, está a punto de descubrir que la mujer que nunca dejó de amar ocultó el secreto más grande de su vida. Pero cuando la verdad salga a la luz, ya no solo estará en juego su amor... sino la vida de su familia.

NovelToon tiene autorización de Lina Jaureguy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: La mujer que volvió de las sombras

El avión aterrizó en medio de una tormenta.

Las gotas golpeaban las ventanas con tanta fuerza que parecían querer atravesarlas. Valeria Moretti observó las luces de la ciudad desde su asiento y sintió cómo un escalofrío recorría todo su cuerpo.

Cinco años.

Cinco años habían pasado desde la última vez que había pisado esa ciudad.

Cinco años desde la noche en que perdió al hombre que amaba.

Cinco años desde que la acusaron de una traición que jamás cometió.

Apretó con fuerza la pequeña mano de la niña sentada a su lado.

—¿Mami...? ¿Ya llegamos? —preguntó Sofía, con su voz dulce y los ojos llenos de sueño.

Valeria sonrió con ternura.

—Sí, mi amor. Ya llegamos.

La pequeña bostezó y abrazó su oso de peluche mientras el resto de los pasajeros comenzaba a levantarse.

Valeria respiró profundamente.

No quería volver.

Había prometido que jamás regresaría.

Pero la vida tenía otros planes.

Su abuela estaba gravemente enferma y era la única familia que le quedaba.

No podía abandonarla.

Mientras caminaba por el aeropuerto, trataba de ignorar los recuerdos que la perseguían.

Cada rincón parecía gritar su nombre.

Cada calle escondía un pedazo de su pasado.

—Taxi, señora.

Un hombre de unos cincuenta años tomó su maleta.

—Gracias.

Sofía caminaba dando pequeños saltitos, completamente ajena al miedo que consumía a su madre.

—¿A dónde vamos?

Valeria le acarició el cabello.

—A visitar a la bisabuela.

—¿Es buena?

—Es la mejor del mundo.

La niña sonrió.

—Entonces quiero darle un abrazo enorme.

Valeria sintió un nudo en la garganta.

Ojalá todo fuera tan sencillo.

Subieron al taxi.

La lluvia golpeaba el parabrisas mientras el vehículo avanzaba lentamente por las calles.

Todo parecía igual.

Los mismos edificios.

Las mismas avenidas.

Los mismos cafés.

Solo ella había cambiado.

Ya no era aquella joven ingenua que creía que el amor podía vencer cualquier obstáculo.

Ahora era una mujer que había aprendido a sobrevivir.

Y lo había hecho sola.

Mientras observaba la ciudad por la ventanilla, un enorme cartel publicitario llamó su atención.

DE LUCA CORPORATION

"Construyendo un nuevo futuro."

Debajo aparecía la fotografía de Alessandro De Luca.

Cinco años habían pasado...

Y seguía siendo el hombre más poderoso del país.

Su corazón dio un vuelco.

Seguía igual de atractivo.

Cabello oscuro.

Mandíbula marcada.

Traje negro perfectamente ajustado.

Pero había algo diferente en sus ojos.

Ya no brillaban.

Parecían vacíos.

—¿Lo conocés? —preguntó el taxista al notar que Valeria no dejaba de mirar el cartel.

Ella reaccionó enseguida.

—No.

—Dicen que ese hombre no tiene corazón.

Valeria bajó la mirada.

"Si usted supiera..."

—Hace unos años era diferente —continuó el hombre—. Desde que la mujer que iba a casarse con él desapareció, nunca volvió a sonreír.

Valeria sintió que el aire abandonaba sus pulmones.

—¿Qué pasó con ella?

—Nadie lo sabe. Algunos dicen que murió. Otros, que lo traicionó y escapó con millones de dólares.

Valeria cerró los ojos.

Las mentiras seguían vivas.

Cinco años después.

Seguían creyendo que era una traidora.

Sofía, ajena a la conversación, dormía apoyada sobre su hombro.

Valeria la abrazó con fuerza.

—No voy a permitir que nadie te haga daño —susurró.

En ese mismo instante...

El taxi frenó de golpe.

—¿Qué pasó? —preguntó Valeria.

El conductor miró por el parabrisas.

Una fila de camionetas negras acababa de bloquear toda la avenida.

Hombres vestidos completamente de negro descendían de los vehículos.

Todos llevaban auriculares.

Todos miraban hacia el mismo punto.

El silencio se apoderó de la calle.

Entonces ocurrió.

La puerta de la limusina del centro se abrió lentamente.

Un hombre bajó del vehículo.

Traje negro.

Camisa blanca.

Reloj de lujo.

Cabello perfectamente peinado.

Todo el mundo agachó la cabeza.

No hacía falta preguntar quién era.

Alessandro De Luca.

Valeria sintió que el tiempo se detenía.

Cinco años.

Cinco años huyendo.

Y el destino acababa de ponerlo frente a ella.

Sin saberlo, Alessandro levantó la vista.

Sus ojos recorrieron los autos detenidos.

Hasta que, por un instante...

Se encontraron con los de ella.

El mundo entero dejó de existir.

El tiempo pareció detenerse.

Valeria dejó de respirar por un instante.

No podía ser.

Entre cientos de autos detenidos, entre decenas de personas caminando bajo la lluvia, Alessandro había levantado la vista exactamente hacia el taxi donde ella estaba.

Sus ojos grises permanecieron fijos unos segundos.

Valeria sintió un vuelco en el pecho.

«No... por favor, no me reconozcas.»

Instintivamente bajó la cabeza y abrazó a Sofía, que seguía profundamente dormida.

—Señora, parece que tardaremos un rato —dijo el taxista mirando por el espejo retrovisor—. Cuando ese hombre sale, nadie se mueve hasta que él se va.

Valeria no respondió.

Tenía la mirada clavada en el piso del auto.

Su corazón golpeaba con tanta fuerza que sentía que podía escucharse desde afuera.

Mientras tanto, Alessandro seguía inmóvil bajo la lluvia.

Su jefe de seguridad se acercó.

—Señor De Luca, el vehículo está listo.

Él no respondió.

Había algo que lo inquietaba.

Una sensación extraña.

Como si acabara de ver un fantasma.

—¿Señor?

Alessandro frunció el ceño.

—Nada...

Volvió a mirar hacia la fila de vehículos.

El taxi amarillo ya no llamaba su atención. Era imposible. Valeria Moretti había desaparecido cinco años atrás. La había buscado durante meses... hasta aceptar la versión que todos repetían: que lo había traicionado y escapado.

Sin embargo...

¿Por qué esa mujer le había resultado tan familiar?

Sacudió la cabeza.

—Vámonos.

Los guardaespaldas abrieron paso y la caravana comenzó a avanzar lentamente.

El taxi permaneció quieto unos segundos más.

Valeria no levantó la vista hasta que dejó de escuchar el ruido de los motores.

Recién entonces soltó el aire que había estado conteniendo.

—¿Mami?

Sofía abrió los ojos lentamente.

—¿Ya llegamos?

Valeria sonrió con esfuerzo.

—Casi, princesa.

La niña bostezó y miró por la ventana.

—Había muchos autos negros.

—Sí...

—¿Era un desfile?

Valeria soltó una pequeña risa.

—No, mi amor.

—Parecía una película.

Ella le acarició la mejilla.

Ojalá fuera solo una película.

Porque la realidad era mucho más peligrosa.

Media hora después, el taxi se detuvo frente a una antigua casa de dos plantas.

Las paredes conservaban el mismo color crema de siempre y el jardín, aunque algo descuidado, seguía lleno de rosas.

Valeria bajó lentamente.

Apenas apoyó un pie en el suelo, un torrente de recuerdos la golpeó.

Había crecido allí.

Había reído allí.

Y también había llorado la noche en que decidió marcharse sin mirar atrás.

La puerta se abrió antes de que pudiera tocar el timbre.

Una mujer mayor, de cabello completamente blanco, apareció apoyándose en un bastón.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—¿Valeria...?

Ella dejó caer la maleta.

—Abuela...

Las dos corrieron como pudieron hasta abrazarse.

Ninguna dijo una palabra.

No hacía falta.

Cinco años de ausencia quedaron resumidos en ese abrazo.

Sofía observaba la escena con curiosidad.

—¿Ella es la bisabuela?

La anciana sonrió entre lágrimas.

—¿Y esta princesita quién es?

Valeria tomó aire.

Había imaginado ese momento cientos de veces.

—Abuela... ella es Sofía.

La mujer miró a la niña.

Después volvió a mirar a Valeria.

Y entonces lo entendió todo.

Sus ojos comenzaron a temblar.

—Es... ¿es hija de Alessandro?

Valeria cerró los ojos unos segundos.

—Sí.

La anciana llevó una mano a su boca.

—Dios mío...

Sofía no entendía nada.

Solo sonrió.

—Mucho gusto, bisabuela.

La mujer rompió a llorar y la abrazó con todas sus fuerzas.

—Eres igualita a tu padre...

Valeria sintió un escalofrío.

Ese era justamente su mayor miedo.

Sofía tenía los mismos ojos grises de Alessandro.

La misma sonrisa.

El mismo hoyuelo en la mejilla izquierda.

Si alguien de la familia De Luca la veía...

No tardaría en descubrir la verdad.

Y entonces todo aquello por lo que había luchado durante cinco años podría derrumbarse en un instante.

Esa misma noche, en la enorme mansión de los De Luca...

Alessandro permanecía de pie frente al ventanal de su despacho.

La lluvia seguía cayendo con fuerza.

Tenía una copa de whisky en la mano, pero apenas la había probado.

No podía quitarse de la cabeza el rostro de aquella mujer del taxi.

Había algo en sus ojos.

Algo que despertaba recuerdos que llevaba años intentando enterrar.

En ese momento, alguien golpeó la puerta.

—Adelante.

Entró Marco, su mano derecha desde hacía más de diez años.

—Señor, tenemos un problema.

Alessandro dejó la copa sobre el escritorio.

—Habla.

—Recibimos información de que alguien ha regresado a la ciudad usando una identidad nueva.

Alessandro arqueó una ceja.

—¿Quién?

Marco tragó saliva antes de responder.

—Todavía no lo sabemos... pero la persona llegó hoy en el vuelo de las 18:30.

Alessandro recordó inmediatamente el taxi detenido bajo la lluvia.

Y, sin saber por qué, una sola imagen cruzó su mente.

Los ojos de Valeria.

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Yolanda Morocho
yo creo q su mano derecha es el enemigo por los guardias no le dejaban entrar cuando ella quería esplicarlo lo sucedido y el no lo sabía
Maru
Es cierto! En el mundo de la mafia y Stratus alto del hampa los enemigos siempre atacan dónde más duele a los parientes cercanos: hijos/as, cónyuge, madre - padre e incluso ahijados/as; por eso se cuidan de mostrar sentimientos incluso dentro de su casa 🏠 por aquello de que las paredes tienen oídos
Maru
Interesante comienzo 🙂
Mercedez Peréz
bueno dejo su historia es pura a aguetefia creo que poreso no tiene comdntarios parese chisme de viejas que no tienren.nada que acdr
Mercedez Peréz: quise desir pura acagueteria escribi mal la palabra
total 2 replies
Mercedez Peréz
muchasbueltas.a la historia aburre un y otra vez lo mismo
Mercedez Peréz
donde quefo la abuela
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