Perdí cinco años de mi vida en una prisión de máxima seguridad, acusada de un crimen que jamás cometí. Me arrebataron mi libertad, mi nombre y mi futuro... pero no pudieron romperme. Hoy he vuelto. Aquellos que conspiraron para hundirme, que sonrieron mientras me juzgaban, pagarán cada día de mi encierro. No vengo a pedir justicia; vengo a cobrar la deuda. Me llamo Esther Vane, y su pesadilla acaba de comenzar.
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Capítulo XVIII Un despertar diferente
Punto de vista de Esther
La luz del sol se filtraba por la ventana iluminando la habitación con tonos cálidos. Era la primera es vez en cinco años en la que había dormido toda la noche sin despertar sobresaltada o llena de angustia.
Desperté sintiendo unos fuertes brazos alrededor de mi cintura y mi cabezas apoyada en el firme pecho de Felipe. Intenté alejarme llen de vergüenza, pero el agarre de Felipe sobre mi cintura se hizo más firme.
—Aún es temprano, sigue durmiendo —susurró con voz ronca.
—¿Por qué estamos en esta posición? —preguntó sintiendo mis mejillas sonrojarse.
—A media noche te volteaste y me abrazaste… ya no pude devolverte a tu lugar.
—Eso no es cierto, seguramente te aprovechaste…
Una risa ronca resonó en las cuatro paredes.
—Date cuenta que quien está de mi lado eres tú.
Él tenía razón, había sido yo quien se desplazó a su lado de la cama, era yo quien en lo abrazaba con mi pierda enredada en la suya.
—Lo siento, estaba dormida y seguramente buscaba calor —fui sincera, aunque sentí mis mejillas arder.
Felipe se quedó en silencio, pero pude sentir como un suspiro escapó de él. Siendo sincera se sentía bien estar así con el, pero no podía olvidar las palabras que dijo la noche de la gala y por esa razón no podía bajar la guardia. Los millonarios nos veían solo como una vía de escape y yo no permitiría que nadie me utilizara.
—Ya me puedes soltar —, ordené con amargura.
Felipe no intentó retenerme más, debió sentir el cambio en mi tono de voz. Salí de la cama y entré directo al baño donde me lave la cara tratando Dervis disminuir el rubor en mis mejillas.
—Eres una tonta, Esther —susurre a mi reflejo en el espejo —Felipe solo te quiere para pasar el rato, mantente concentrada en hacer pagar a esas dos familias. Esto es solo cuestión de unos días después nos divorciamos y cada quien por su lado —, me dije sintiendo una extraña punzada en el pecho.
Salí del baño con una coraza invisible pero implacable, llevando el cabello recogido y la barbilla en alto. Felipe ya se había levantado de la cama; estaba frente al espejo del vestidor abotonándose una camisa azul claro. Nuestras miradas se cruzaron a través del reflejo durante un segundo, densas y cargadas del peso de mi repentina frialdad, pero ninguno de los dos dijo una palabra sobre lo ocurrido minutos antes.
El sonido firme de unos golpes en la puerta rompió el aire tenso de la suite.
—¡Felipe! ¡Esther! ¿Están despiertos? —la voz de Erika resonó desde el pasillo, acompañada por el tintineo de tazas y platos—. Ana les subió el desayuno en una bandeja. ¡Voy a entrar!
Antes de que Felipe pudiera reaccionar o ponerse el saco, la puerta se abrió de par en par. Erika apareció en el umbral sosteniendo una amplia bandeja de plata cargada con dos tazas de café humeante, fruta picada y panqueques recién hechos. Lucía una bata de seda rosa y una sonrisa amplia que se congeló por un instante al vernos.
—Vaya, qué oportuna soy... —comentó Erika, repasándonos con la mirada—. Aunque me alegra ver que la suite principal no se convirtió en un campo de batalla durante la noche.
—Te dije ayer que no entraras a nuestra habitación sin tocar, Erika —reprendió Felipe con tono severo, aunque su voz mantenía la calma habitual mientras tomaba la bandeja de sus manos y la colocaba sobre la mesa ratona cerca del ventanal.
—Ay, por favor, hermanito, no seas tan amargado —respondió ella rodando los ojos con desenvoltura—. Solo quería asegurarme de que mi presencia no arruinara la rutina de los recién casados. Además, el abogado del abuelo me llamó hace veinte minutos. Dice que si no regreso hoy antes del mediodía para la reunión con la familia Montero, van a bloquear las cuentas operativas de mi marca de ropa.
Felipe se giró hacia ella con los ojos entrecerrados, cruzándose de brazos.
—¿Y qué piensas hacer?
—Iré a esa dichosa reunión, por supuesto —sentenció Erika con una sonrisa calculadora que revelaba de inmediato su linaje Vane—. Pero no para aceptar el compromiso, sino para armar un escándalo tan grande frente a los Montero que sean ellos mismos quienes le digan al abuelo que no quieren saber nada de mí.
Observé a Erika con atención. Detrás de su actitud caprichosa y frívola había una determinación feroz por no dejarse pisotear por su propia familia. En cierta forma, entendía esa rabia, aunque la de ella fuera entre encajes y cuentas bancarias, y la mía hubiera sido moldeada sobre el barro y las rejas de una prisión.
—Asegúrate de que tus movimientos no atraigan a los periodistas a esta casa, Erika —intervine, manteniendo mi voz serena y distante—. Hoy tenemos la cita decisiva con los peritos del caso Linares. No necesitamos más cámaras en la entrada.
Erika me miró, y por primera vez detecté en sus ojos un destello de respeto sincero, despojado de la burla habitual.
—Tranquila, cuñadita —dijo ella, guiñándome un ojo—. Sé muy bien cómo esquivar a la prensa cuando quiero. De hecho, me alegra que estés aquí. Felipe necesitaba a alguien que no le tuviera miedo a sus discursos de tribunal.
Erika salió de la suite tan rápido como había entrado, dejando la puerta cerrada a su paso.
El silencio regresó a la habitación, pero esta vez la distancia entre Felipe y yo se sentía aún más marcada. Él caminó hacia la mesa donde descansaba el desayuno, tomó una de las tazas de café y me la ofreció.
—Tómalo —dijo en un murmullo grave—. Tenemos exactamente cuarenta minutos antes de que el equipo legal llegue al despacho. Hoy es el día en que presentamos formalmente el recurso de revisión ante la fiscalía superior.
Tomé la taza cuidando meticulosamente de no rozar sus dedos.
—Estoy lista —respondí, mirándolo fijamente a los ojos—. Vamos a destruir a los Linares de una vez por todas.
Estaba determinada a terminar conmigo esta situación lo más rápido posible le, ya no quería seguirte más cerca de Felipe, no después de lo que ha pasado.
Llegan a la cabaña y lo primero que soltó Felipe fue a Melisa si algo está ocultando Esther es la atracción que siente y Felipe se dió cuenta y quiere enmendar su error veremos qué pasará allí y como saldrán.
Que astuto el viejo quiere tener ojos en la casa de Felipe y Esther como dijo Erika tienen química se atraen pero no lo reconocen 🤣😂🤣😂
y los e melissa tienes que pi er todo claro con ella Felipe si no quieres perder a Esther
por que que otra cosa
Si escarban el pasado encontrarán más pruebas de la que no imagina Felipe con la muerte de Melisa.
Veremos con que artimañas salen los Linares 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓