NovelToon NovelToon
Tras Los Lentes

Tras Los Lentes

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Pamela Calcumil

Ana Beltrán llegó a Moscú con una valija rota y un solo objetivo: un mejor futuro lejos de casa. Para lograrlo, se esconde. Ropa 3 talles más grande, lentes gigantes, rodete tirante. Se vuelve invisible.

Consigue trabajo como asistente del CEO de _Volkov Industries_: Dmitri Volkov. Arrogante, mujeriego, playboy. Un hombre que odia las distracciones y solo contrata mujeres "feas" para que no lo molesten.

Él no sabe su apellido. Ella no quiere que la vea.

Hasta que una gala lo obliga a romper las reglas. Sin lentes, sin el saco gris, Ana deja de ser "Asistente B" y se vuelve imposible de ignorar.

Ahora Dmitri no puede dejar de mirarla... y odia no entender por qué. Ella sigue luchando por su futuro. Él, por primera vez, está perdiendo el control.

Una historia de orgullo, máscaras y de dos personas que tienen que decidir si vale la pena arriesgarlo todo por ser vistos de verdad.

NovelToon tiene autorización de Pamela Calcumil para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 1 MOSCU NO PERDONA

Ana Beltrán no vino a Moscú a enamorarse. Vino a sobrevivir.

El avión de _Aeroflot_ aterrizó en Sheremétievo a las 4:37 AM de un martes de enero. Afuera, la ciudad era un bloque de hielo. -18°C. El viento del este le cortó la respiración apenas pisó la cinta de equipajes. En Tornquist hacía calor. Acá el frío tenía dientes.

Tenía 26 años, una valija Samsonite con una rueda rota, 847 dólares ahorrados y un título de Licenciada en Administración de Empresas de la Universidad del Sur. En Argentina ese título le servía para que le dijeran "tenemos tu CV en carpeta" en 14 entrevistas. En Moscú, nadie sabía dónde quedaba Tornquist.

Su mamá le dijo antes de irse: "Hija, allá no hay familia. Volvé si no podés".

Ana le mintió: "Voy a estar bien, ma".

No tenía a nadie. Ese era el punto.

Las primeras tres semanas fueron un infierno logístico. Alquiló una habitación en un kommunalka en Sokol, a 40 minutos en metro del centro. Compartía baño con una abuela rusa que gritaba por todo y un estudiante de ingeniería que cocinaba repollo todos los días. El olor se le metió en la ropa.

Trabajó limpiando mesas en un café coreano de Kitay-Gorod. El dueño le pagaba en efectivo y le decía "Latina" aunque ella le corrigiera el nombre 6 veces. Su inglés era básico. Su ruso era "spasibo" y "gde tualet". No alcanzaba.

Revisaba _hh.ru_ todas las noches, con los dedos congelados sobre el teclado de una netbook prestada. "Administración. Asistente. Sin experiencia". Nada. Hasta que apareció.

*Volkov Industries.*

El nombre estaba en todos lados. Rascacielos de vidrio negro de 52 pisos en Moskva-City. Logos en las camisetas del CSKA Moscú. El holding más grande de tecnología, energía y logística de toda Rusia del Este. Fundado por un oligarca. Heredado por su hijo.

El aviso era escueto: _"Se busca Asistente Administrativa Jr. para Oficina de CEO. Inglés básico. Excel intermedio. Disponibilidad inmediata. Sin experiencia requerida."_

Ana lo leyó tres veces. Parecía una trampa. Las trampas en Moscú eran caras. Pero el alquiler vencía en 5 días.

Se presentó un jueves, con su único saco negro y unos zapatos que le apretaban.

El edificio la intimidó. Seguridad biométrica. Recepcionistas que hablaban en un inglés perfecto. Pisos de mármol que reflejaban su cara cansada. En el ascensor, 3 mujeres de traje la miraron de arriba a abajo y volvieron a sus celulares. Ella era la única sin uñas acrílicas.

La entrevista fue en el piso 48.

La esperaba un panel de RRHH. Y él.

Dmitri Volkov.

Lo había visto en Google, claro. Imposible no. 33 años. 1.90m. Mandíbula marcada como si la hubieran esculpido con enojo. Traje azul marino, camisa blanca sin corbata, reloj que costaba más que 10 años de su vida. El pelo oscuro siempre despeinado a propósito.

Pero las fotos no decían lo peor: la arrogancia. Le salía por los poros.

Dmitri no levantó la vista de su iPad en los primeros 40 segundos. "Nombre."

"Ana Beltrán. Pero puede decirme Ana B."

"¿Por qué Rusia?"

"Porque acá hay trabajo, señor."

Eso lo hizo mirarla. Dos segundos. Ojos grises, fríos, evaluando. No su cara. Su utilidad.

Alguien de RRHH le preguntó por Excel. Ella respondió. Por inglés. Respondió. Por disponibilidad. "24/7 si hace falta".

Dmitri cerró el iPad. "¿Casada? ¿Novio?"

Ana parpadeó. "No, señor."

"¿Planea tenerlo?"

"No es mi prioridad."

Él asintió, como si hubiera marcado un casillero mental. Se giró hacia la de RRHH. "Contratada. Que empiece mañana. Sueldo base. Probatoria 3 meses. Que no me haga perder tiempo."

Y se fue. Sin darle la mano. Sin sonreír.

Una de las de RRHH la llevó aparte después. "Felicidades. Usted no sabe la suerte que tiene."

"¿Por qué?"

La mujer bajó la voz. "El señor Volkov tiene reglas. Regla número uno: su equipo cercano no puede ser una distracción. Por eso solo contrata asistentes... digamos, prácticas. Nadie que le quite el foco. Él es... complicado. Mujeriego. Playboy. Sale en _Tatler_ cada semana con una modelo distinta. Dice que el matrimonio es un negocio malo."

"Y regla número dos", susurró, "que se vista normal. Nada de escotes, nada de tacones en la oficina. Quiere gente invisible."

Ana entendió todo en ese momento.

Esa noche no durmió. Fue al mercado _Sekond Hend_ de Preobrazhensky. Compró 3 sacos grises, dos talles más grandes que el suyo. Pantalones rectos, color cemento, que le llegaban a los tobillos. Camisas abotonadas hasta el cuello. Zapatos negros cuadrados, sin forma.

En una óptica barata se probó los lentes más grandes que encontró. Armazones negros, cuadrados, de acetato grueso. Le tapaban las cejas y le llegaban casi a las sienes. Sin ellos, sus ojos eran almendra, grandes, con pecas alrededor. Con ellos, desaparecía.

Se ató el pelo en un rodete tirante que le tiraba del cuero cabelludo. Nada de maquillaje. Nada de labial. Nada de perfume.

Al espejo no salió Ana Beltrán, la chica que en Argentina juntaba miradas sin querer. Salió "Ana B.", la asistente gris.

El día 1 fue peor de lo que imaginó.

Dmitri gritaba. Por el café que llegó a las 7:02 en vez de 7:01. Por un informe con una coma mal puesta. Por el clima. Por existir. Humilló a un director financiero de 58 años frente a 20 personas. "Si no sabe leer un balance, renuncie y críe gallinas".

No almorzaba. Tomaba espresso negro. Dormía en un sofá de cuero en su oficina 4 horas por noche. Los viernes desaparecía a las 8 PM y volvía los lunes con olor a perfume caro y ojeras de no dormir.

Ana era su sombra. Le agendaba las citas con mujeres que duraban menos que un contrato. Le redactaba los mails de corte: _"No funcionará. DV"_. Le tapaba las cosas a su padre, Viktor Volkov, presidente del directorio, que lo llamaba "un niño con un juguete muy caro".

Nadie la notaba. Los otros directores la llamaban "la chica de los papeles". Los guardias del piso 48 ni le pedían el badge después de la segunda semana.

Y eso era exactamente lo que quería.

Porque Moscú no perdona a las mujeres bonitas cerca del poder. Se las comen, las usan, las tiran. Ana había visto eso en las noticias. No iba a ser ella.

Su plan era simple: aguantar 3 meses de probatoria. 6 meses más para juntar plata. Un año para mandar a su mamá a Córdoba y sacarla de la deuda. Después, una maestría. Lejos de Dmitri Volkov y de todos los hombres que creían que una falda corta era un CV.

Irina, la jefa de asistentes de 42 años, fue la primera que le habló sin desprecio. "Haces bien en esconderte, chica. Acá los lobos huelen la sangre."

Katya, de 29, le enseñó a tomar vodka sin hacer caras y le dijo una noche en el metro: "Él no ve a nadie, Ana. Solo ve espejos. Y tú no eres un espejo. Por eso te odia y por eso te necesita".

Ana se rió. "Él ni sabe mi apellido".

Y era verdad.

Los primeros 30 días pasaron sin que Dmitri Volkov le dijera su nombre completo ni una sola vez.

Para él, ella era "Asistente B". Invisible. Funcional. Segura.

Y Ana pensó que así iba a quedarse.

Moscú no perdona. Pero ella tampoco pensaba pedir perdón por querer un mejor futuro.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play