Mientras el Imperio celebra el fin de la tiranía, los gemelos Ethan y Caleb enfrentan los hilos del destino de la Diosa Luna. Ethan, el estratega frío y calculador de la estirpe real, ve su mundo caer cuando el lazo de pareja destinada estalla ante una hermosa loba que huye sin dejar rastro. Al investigarla, descubre que es la rebelde e indómita hija del Beta de otra manada. Ella rechaza el lazo de sangre, obligando al príncipe a cazar a su propia hembra en un salvaje choque de voluntades.Por otro lado, Caleb, el Beta definitivo entregado a la disciplina militar, encuentra a su mate: una guerrera implacable y Beta de otra manada. El lazo abrasador los arrastra a un dilema desgarrador. ¿En qué territorio vivirán? Deberán elegir entre la lealtad a sus manadas de origen o sacrificar sus deberes por amor.Entre huidas, pasiones calientes y dilemas que queman las venas, los gemelos lucharán por sellar sus relaciones. El destino final se debate entre el deber y la sangre.
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CAPITULO 1. EL RASTRO EN LOS REGISTROS
NARRADO POR ETHAN
El amanecer irrumpió con un sol pálido que apenas lograba templar los grandes ventanales de madera del despacho. El cansancio de la noche anterior pesaba en mis hombros, pero mi mente analítica y calculadora no se permitía el menor descanso. Tenía la mesa de piedra pulida sepultada bajo una docena de carpetas de cuero que contenían los informes, los sellos de sangre y los registros de asistencia de todas las manadas aliadas que habían acudido al claro ancestral para la celebración de nuestro vigésimo cumpleaños. Mi temperamento cerebral, habitualmente frío y acostumbrado a que todo respondiera a una lógica exacta, operaba a máxima velocidad; necesitaba dar con la identidad de la loba que me había dado la vuelta al mundo antes de que el desespero terminara por nublar mi templanza.
Caleb permanecía de pie junto a la chimenea encendida, cruzándose de brazos con una fijeza severa que delataba la agitación interna que su lobo interno intentaba contener. Su postura reflejaba una tensión absoluta.
—¿Has encontrado algo en las listas de Silver Shield, Ethan? —su voz profunda y ronca rompió el silencio de la estancia, modulada con una urgencia que puso a prueba toda su disciplina—. Mis instintos siguen alerta tras el encuentro frente al monolito. Sé que esa guerrera pertenece a su comitiva, pero el Alfa de su delegación blindó sus movimientos en cuanto el lazo estalló en mitad de la noche.
—Dame un par de minutos, Caleb —le respondí en un susurro firme, sin apartar mis ojos fijos de las actas de aduana fronteriza—. Cruzar las firmas energéticas y las leyes de herencia de cada clan lleva su tiempo. El Alfa de la manada de mi pareja me dio los primeros datos antes de retirarse a sus aposentos de invitados. Solo sé que es la hija mayor de su Beta, que posee un orgullo aguerrido indomable y que siempre ha sido catalogada como una mujer impulsiva y rebelde. Ella no quiere el vínculo, Caleb. Salió huyendo hacia los pinares porque rechaza la sumisión de este lazo sagrado de la Diosa Luna, y lidiar con una hembra que se niega a aceptar el destino va a ser el mayor campo de batalla de mi existencia.
Deslicé la última hoja de pergamino sobre la superficie de piedra, y una sonrisa de lado, fría y calculadora, se dibujó en mis facciones al encontrar el engranaje exacto de los nombres.
—Aquí está —sentencié, dando un firme asentimiento que hizo que mi hermano se acercara de inmediato a paso lento y seguro—. La joven que huyó se llama Vanya. Es la primogénita del Beta de la manada Wild Crest, un territorio independiente ubicado en los límites del sector este. Los informes de su manada confirman cada palabra: es una loba indómita que jamás ha agachado la cabeza ante nadie y que aborrece las alianzas políticas del Imperio Unificado.
Giré el documento lateral para enseñarle el segundo registro, donde el sello de la manada Silver Shield revelaba la encrucijada que afectaba a su propio destino.
—Y la guerrera que te dejó paralizado frente a la piedra ancestral se llama Kendra —le desvelé, barriendo su semblante con una seriedad absoluta—. Las sospechas analíticas de mi lobo eran correctas. Kendra no es una loba común; es la Beta oficial de la manada Silver Shield. Su posición política es inmensa y su lealtad al deber es tan rígida como la tuya. Pero el verdadero problema de vuestro lazo es que el Alfa de ese territorio, el hombre que controlará sus movimientos y sus leyes, es su propio hermano de sangre, el Alfa Valen.
Caleb apretó los puños, y una intensa oleada de su energía protectora barrió el despacho de golpe, haciendo crujir las maderas del techo. La agónica melancolía que lo embargaba se transformó en un dilema desgarrador que le contrajo el pecho; como Beta de Blood Moon, su vida entera estaba consagrada a la fuerza bruta y a la protección de nuestro hogar, por lo que decidir en qué manada se quedarían a vivir ponía en jaque todas las leyes territoriales del reino.
La situación del imperio quedaba explicada con una nitidez absoluta sobre la mesa de piedra. Mientras nuestros padres aseguraban los perímetros tras haber sofocado la última revuelta de los seguidores de Lionel, nosotros nos encontrábamos en el núcleo de una encrucijada íntima y territorial que amenazaba con fracturar nuestra paz. Recogí los informes de Vanya y Kendra, guardándolos en mi abrigo oscuro con una determinación implacable. El tiempo de las conjeturas había terminado; mi mente ya tenía bajo control los nombres y los territorios de origen de nuestras parejas destinadas. Observé a Caleb, cuyo semblante reflejaba la fijeza severa de quien está listo para dar la vida por su rango, y supe que la pasividad de nuestro palacio se había evaporado. Nos aguardaba un camino plagado de huidas, dilemas y un salvaje choque de voluntades en el que tendríamos que doblegar el orgullo de dos guerreras dispuestas a desafiar cada una de nuestras estructuras.