Josué Elian Morel solo quería empezar de nuevo.
Mudarse al Residencial Horizonte 9 parecía una buena idea... hasta que sus vecinos decidieron convertirlo en el principal sospechoso de absolutamente todo.
Una señora con demasiado tiempo libre, un anciano filósofo, un millonario excéntrico y una ilustradora que siempre aparece en sus peores momentos están convencidos de que oculta algo.
El problema es que Josué no es un villano.
Tiene muy mala suerte.
Aunque, siendo honestos...
ya está cansado de intentar explicarlo.
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CAPÍTULO 1 — El nuevo vecino del 908
Hay dos cosas que debes saber sobre el Residencial Horizonte 9.
La primera:
Las paredes son más delgadas de lo que deberían.
La segunda:
Tus vecinos siempre saben más sobre tu vida de lo que deberían.
Josué Elian Morel descubriría ambas cosas durante su primera semana.
Pero, por desgracia, todavía no lo sabía.
—¿Está seguro de que no quiere ayuda?
Josué observó las diecisiete cajas apiladas junto a la entrada del edificio.
—Estoy seguro.
—¿Completamente seguro?
—Sí.
—Porque una de las cajas está llorando.
Silencio.
Josué giró lentamente la cabeza.
La caja efectivamente estaba haciendo ruidos extraños.
—Es mi cafetera.
—Ah.
—Hace eso cuando la desconecto.
—Eso explica muchas cosas.
No explicaba absolutamente nada.
El portero, el señor Ramírez, decidió que era mejor no hacer más preguntas.
Una decisión inteligente.
Puerto Celeste estaba particularmente lluviosa aquella noche.
Las luces de los edificios iluminaban las calles mojadas, mientras el enorme letrero de neón del Residencial Horizonte 9 parpadeaba sobre la entrada.
Josué levantó la vista.
"Bienvenido a tu nuevo hogar."
Eso decía el cartel.
Mentía.
Porque ningún lugar que te obligara a subir nueve pisos cargando una cafetera poseída podía llamarse hogar.
A las 10:43 p.m., Josué estaba entrando al ascensor con:
Tres cajas.
Una mochila.
Una planta.
Una bolsa negra.
Y una pala.
La pala era importante.
Volveremos a ella.
Las puertas estaban a punto de cerrarse cuando una mano las detuvo.
—¡Espere!
Una chica entró apresuradamente.
Cabello oscuro.
Sudadera gris.
Una libreta bajo el brazo.
Y una expresión que sugería que había tenido un día peor que el suyo.
—Gracias —dijo ella, recuperando el aliento.
—No hay problema.
Silencio.
Entonces ella miró la pala.
Luego la bolsa negra.
Luego a él.
Luego nuevamente la pala.
—...
—...
—No es lo que parece.
La chica parpadeó.
—¿Sabes? Eso normalmente hace que parezca exactamente lo que parece.
Excelente.
Cinco segundos.
Había tardado cinco segundos en parecer sospechoso.
Nuevo récord personal.
—Es para mi hermana.
—¿La pala?
—La bolsa negra.
—Eso no responde la pregunta de la pala.
—La pala también es para mi hermana.
La chica permaneció en silencio durante unos segundos.
—Tu hermana tiene gustos extraños.
—No tienes idea.
El ascensor se detuvo en el quinto piso.
Antes de salir, la chica lo observó una última vez.
—¿Nuevo?
—¿Tan obvio es?
—Traes una planta.
—¿Y?
—Nadie que lleve más de tres meses viviendo aquí conserva la esperanza suficiente para comprar plantas.
Y se fue.
Josué permaneció inmóvil.
—Eso fue extrañamente específico.
Dos pisos más arriba...
Una cortina se movió.
Doña Milagros Baeza acababa de presenciar toda la escena con sus binoculares.
Y había llegado a una conclusión.
—Marta, abre el grupo de WhatsApp.
—¿Qué pasó ahora?
—Tenemos un nuevo vecino.
—¿Y?
—Trae una pala.
Silencio.
—¿Una pala?
—Y una bolsa negra.
—¡¿UNA BOLSA NEGRA?!
—Exactamente.
Doña Milagros ajustó sus binoculares.
—Te lo digo desde ahora.
Pausa dramática.
—Ese muchacho ha enterrado a alguien.
Y así...
sin saberlo...
Josué Elian Morel se convirtió oficialmente en el principal sospechoso del Residencial Horizonte 9.
Muy bueno!