Una joven inocente a muerto, pero, lo inimaginable ha sucedido; un alma proveniente de otra época, ha reencarnado en su cuerpo, Victoria fue una reina tirana, que gobernó con firmeza y conquisto reinos sin titubear, ahora, para sobrevivir, tendrá que convertirse en la reina de la mafia.
Pero, en su camino se cruzara con Alexey, un líder mafioso a quien no se verá como un digno rival, si no que también, podrías ser su aliado más poderoso.
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Capítulo 7: La Víspera del Asedio
El refugio táctico de Alexey Volkov se encontraba sumergido cinco pisos bajo el asfalto del distrito financiero, resguardado tras puertas de hormigón armado y muros de aleación militar. Era una fortaleza de acero frío, pantallas de monitoreo táctico y armeros repletos de fusiles de asalto, diseñados para resistir cualquier asedio convencional. Sin embargo, la presencia de Victoria en el centro de la sala de mando convertía todo ese despliegue tecnológico en un mero decorado de utilería.
Victoria permanecía de pie frente a la mesa de proyección holográfica, examinando los planos de la fortaleza del Sindicato del Norte. Vestía un traje táctico de cuero reforzado en tono gris oscuro, con correas ajustadas que marcaban sus curvas y mantenían en su lugar dos dagas de aleación pesada en la cadera. Su presencia irradiaba una disciplina militar antigua, de cuando los imperios se medían por la sangre vertida en el barro y no por contratos de bolsa.
Alexey la observaba desde la penumbra del armero principal, ajustándose las correas de una fusta táctica sobre su chaleco antibalas. El capo mafioso emanaba una masculinidad dominante, su figura de dos metros llenaba el espacio con una amenaza latente que hacía que sus propios mandos se mantuvieran a varios pasos de distancia. Sin embargo, sus ojos grises no estaban fijos en los esquemas de defensa enemiga, sino en la nuca de la mujer que había patas arriba su existencia en cuestión de días.
—Los escáneres térmicos muestran trescientos mercenarios distribuidos en tres anillos de seguridad —explicó Iván, el segundo al mando de Alexey, señalando la proyección del búnker subterráneo de Don Ernesto—. El acceso principal está custodiado por nidos de ametralladoras pesadas y puertas de titanio con cerraduras biométricas. Si mandamos a nuestras fuerzas por la entrada norte, sufriremos un cincuenta por ciento de bajas antes de cruzar el patio exterior.
—Tus hombres no sufrirán bajas si cumplen su función de cebo con precisión —intervino Victoria. Su voz, grave y serena, cortó las especulaciones de los oficiales presentes—. Alexey iniciará un ataque de artillería pesada sobre la entrada este para forzar al mando enemigo a redistribuir sus reservas de elite. En el momento en que las alarmas de brecha suenen en el sector operativo, él y yo entraremos por el conducto de ventilación del nivel inferior.
—Ese conducto está sellado con rejillas de acero reforzado y sensores de presión —objetó Iván, mirando con cierto escepticismo a la joven—. Es técnicamente imposible atravesarlo sin herramientas de corte térmico que delatarían nuestra posición en segundos.
Victoria levantó la cabeza y le dirigió al oficial una mirada tan helada que el hombre dio un paso atrás de forma involuntaria.
—Las imposibilidades técnicas son la excusa de los soldados mediocres —respondió ella con una elegancia glacial—. Alexey, asegúrate de que tus hombres tengan suficiente munición. No quiero que la distracción se detenga hasta que yo tenga la cabeza de Ernesto en una bandeja.
Alexey dejó escapar una carcajada baja y peligrosa, caminando hacia ella con la lentitud de un gran depredador. Se detuvo a escasos centímetros de su rostro, sintiendo el calor tenue que emanaba de la piel pálida de la Reina.
—Tus órdenes suenan muy bonitas, preciosa —susurró Alexey, inclinándose para que su voz resonara solo para ella—. Pero te recuerdo que los hombres que van a arriesgar el pellejo en ese patio son míos. Si me usas como carne de cañón para tus juegos de magia negra, te garantizo que la primera bala de la noche no será para Ernesto, sino para tu linda nuca.
Victoria no pestañeó. Se giró despacio, apoyando la palma de su mano derecha sobre la placa pectoral del chaleco de Alexey, aplicando una presión sutil que canalizó un hilo de calor mágico directamente hacia el esternón del capo.
—Si dudaras de mi estrategia, no habrías reunido a tus mejores unidades esta noche, bárbaro —replicó ella con una sonrisa felina—. Guardas tus amenazas para cuando hayamos terminado la cacería. Ahora muévete; los verdaderos gobernantes no hacen esperar a sus víctimas.
Alexey la miró durante dos segundos interminables, sintiendo cómo el pulso se le aceleraba ante la insolencia absoluta de la mujer. Con un movimiento rápido y posesivo, la sujetó de la nuca, atrayéndola bruscamente hacia sí para plantarle un beso violento y seco en los labios, una marca de posesión implícita antes de la batalla. Victoria le respondió mordiéndole el labio inferior hasta sacarle una gota de sangre, separándose de él con una mirada de puro fuego.
—Nos vemos en el infierno del búnker, Jefe —concluyó ella, dándole la espalda y encaminándose hacia el ascensor táctico.