Luego de la cuarta guerra contra los oscuros, objetos fueron confiscados por la diosa luna y fueron guardados en el único lugar que en el que nadie se atrevería a poner un pie.
La Academia Luna Sangrienta...
Cuyo sitio mantiene bajo resguardo las reliquias de Selene...
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Prólogo
En la época de la oscuridad la luna no pertenecía a la noche, no pertenecía a las estrellas que la acompañaban. Su dueño era la oscuridad.
La guerra contra los Oscuros había desgarrado los cielos tiñéndolos de sangre dejando solo cicatrices en cada rincón en consecuencia. En cada parte del mundo. Bosques consumidos por el fuego hasta quedar solo cenizas, ciudades en ruinas, almas condenadas a recordar. Criaturas nacidas de la ambición y la corrupción se alzaron en contra de lo que la luz tocaba, y durante años el equilibrio pendía de un hilo tan delgado, frágil como la esperanza misma.
Fue entonces cuando la Diosa Luna descendió. No como un susurro ni como una plegaria al cielo teñido de la sangre de los valientes y de aquellos que solo fueron desafortunados.
Con su poder, selló a los Oscuros y reclamó los objetos que habían alimentado su ascenso: reliquias antiguas que emanaban magia antigua y prohibida, capaces de corromper al más ser más puro de corazón. Aquellos artefactos no podían ser destruidos solo contenidos.
Y así nacieron los Guardianes. Elegidos entre las tres sangres ancestrales: licántropos, brujas y vampiros, juraron lealtad bajo la luz plateada. Su propósito era uno solo: custodiar los objetos confiscados por la Diosa y evitar que el mundo volviera arder.
Elegidos entre las tres sangres ancestrales—licántropos, brujas y vampiros—, juraron lealtad bajo la luz plateada. Su propósito era uno solo: custodiar los objetos confiscados por la Diosa y evitar que el mundo volviera arder.
Las reliquias fueron llevadas a un lugar donde ni el tiempo se atrevía a dar un paso con normalidad. Un castillo erigido entre montañas envueltas en neblina perpetua.
Un santuario y a la vez una prisión.
Luna sangrienta...
Sus muros no solo guardaban poder, sino secretos. Cada piedra estaba marcada por juramentos, cada pasillo susurraba historias de sacrificio y traición. Allí, los Guardianes permanecieron vigilantes durante generaciones, enfrentando amenazas que surgían desde las sombras y, a veces, desde dentro de ellos mismos.
Pero el mundo cambió.
Y con él, la forma de protegerlo.
Con el paso de los siglos, los clanes comprendieron que la vigilancia no bastaba. La guerra había terminado... pero la oscuridad nunca desaparece del todo. Siempre espera. Siempre observa.
Por eso, en el mismo castillo donde se selló el destino de los Oscuros, nació en una nueva era.
La Academia Luna Sangrienta...
Un lugar donde jóvenes herederos de linajes antiguos eran entrenados para convertirse en Guardianes. Licántropos que dominaban su furia, brujas que aprendían a canalizar lo arcano sin sucumbir en él, vampiros que luchaban contra su propia naturaleza para proteger lo que una vez destruyeron.
Todos unidos por un mismo juramento.
Proteger el castillo. Proteger las reliquias. Proteger al mundo...
Pero incluso bajo la vigilancia más estricta... hay grietas. Y en esas grietas, algo comienza a despertar.
Porque la oscuridad no olvida. Y la luna tampoco perdona...
Los años transformaron el miedo y la incertidumbre en guerras que dejaron cicatrices en historias que muchos consideraban exageraciones para asustar a los niños.
Las ciudades crecieron más allá de los antiguos territorios sagrados, los humanos siguieron con sus vidas ignorando lo que se ocultaba entre las sombras y las criaturas sobrenaturales aprendieron a mezclarse con la modernidad sin revelar su verdadera naturaleza.