¿Qué pasa cuando el contrato expira… pero el amor no?
Analu Menezes regresa a Brasil con un título de ingeniera, ambiciones propias y un hermano que acaba de apostar la empresa familiar en las carreras de caballos. Para salvar lo que su padre construyó durante toda una vida, acepta el trato más insólito de su existencia: casarse con Gabriel Jones, el arrogante heredero del Grupo Diniz, a cambio de que la deuda desaparezca. Doce meses de matrimonio de fachada. Sin amor, sin expectativas, y con una cláusula de salida garantizada.
Gabriel necesita una esposa en treinta días o pierde el control del emporio que siempre consideró suyo por derecho. Entre todas las mujeres que desfilan ante él, solo una se atreve a plantarle cara: una chaparra insolente que no lo impresiona en absoluto. Perfecta.
Lo que ninguno de los dos anticipó fue al otro.
Porque vivir bajo el mismo techo, fingir amor ante las cámaras y los abuelos, y despertar cada mañana junto a alguien que desafía todo lo que pensabas que querías… tiene consecuencias que ningún contrato puede controlar.
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Capítulo 1
Analu
Regresé a Brasil después de 10 años viviendo en Estados Unidos para estudiar y convertirme en ingeniera civil. Siempre soñé con volver y asumir mi lugar en la empresa, al lado de mi papá y de mi hermano mayor, Arthur.
Siempre tuvimos una vida cómoda, nunca nos faltó nada; puedo decir que tuvimos incluso más de lo que necesitábamos. Mi papá heredó la pequeña constructora de su padre y la convirtió en una gran empresa en el estado de Alagoas. La sede está en la capital del estado, Maceió, y ahí vivimos, en un fraccionamiento de casas de lujo.
Para mí, el dinero nunca fue lo más importante. En los años de universidad fuera del país, trabajé de niñera, mesera y camarera; no quería depender del todo de mis papás. Viví en el dormitorio de la universidad para ahorrar, tenía un carro sencillo y llevé una vida cómoda pero simple. Mi hermano, en cambio, no piensa igual. Cuanto más dinero pueda derrochar, lo hace. Se recibió en administración porque nuestro papá lo obligó, o lo habría dejado a su suerte —cosa que dudo mucho, ya que papá siempre le ha bajado el agua. Si por él fuera, viviría de fiesta todos los días, cambiando el día por la noche.
No me malentiendan, quiero a Arthur. La diferencia de edad entre nosotros es de solo dos años; él acaba de cumplir 25. Siempre nos cuidamos el uno al otro, y lo extrañé muchísimo los años que viví lejos. Pero no puedo mentir: Arthur es el playboy irresponsable al que papá le paga todo.
Hablando de papá, el Sr. Getúlio Menezes es un hombre extraordinario. Trabajador, honesto, generoso, excelente padre y esposo, un amigo para todas las horas. Pasó apuros en la infancia, pero trabajó duro junto a su padre para sostener a la familia y cumplir el sueño de ser su propio jefe. Cuando el abuelo nos dejó hace 15 años, de forma inesperada, papá sufrió muchísimo, pero fue el ancla de toda la familia. Sus hermanos no quisieron hacerse cargo de la constructora —pensaban que no iba a prosperar—, mala suerte la de ellos; hoy nuestra empresa es una de las más grandes del país. Eso, de hecho, fue motivo de peleas que terminaron partiendo la familia a la mitad.
Mi mamá, Ana Lucía Menezes, más conocida como Ana, dedicó su vida a cuidar a sus hijos y a su esposo. Se recibió en pedagogía, pero abandonó la profesión cuando nació Arthur. Después de que crecimos, se dedicó a un trabajo social con niños en situación vulnerable; hoy tiene su propio espacio, donde funciona una guardería comunitaria, refuerzo escolar, talleres de artesanía, costura, deportes como ballet, jiu-jitsu y otros cursos orientados principalmente a mujeres vulnerables. Mi mamá es una mujer espectacular y luchadora; mucho de lo que mi papá llegó a ser se lo debe a ella, que siempre sostuvo el hogar mientras él invertía y se dedicaba a la constructora.
Toc, toc...
Escucho golpes en la puerta de mi cuarto; estoy deshaciendo las maletas.
*Analu* - Pasa...
Veo entrar a mi mamá con una sonrisa hermosa en los labios.
*Ana* - Mi amor, la cena ya está en la mesa, ¿vamos?
*Analu* - ¡Claro, mamá!
Bajo con mi mamá hasta el comedor; papá y Arthur ya están sentados. Siento un ambiente tenso en el aire.
*Analu* - ¿Todo bien?
*Getúlio* - Hija, por favor, siéntate. Necesitamos hablar.
Miro a mi mamá, que niega con la cabeza dando a entender que no sabe de qué están hablando.
*Analu* - ¿Qué pasó, papá?
*Getúlio* - Hija, es la empresa.
Miro a Arthur; baja la cabeza. Siento que él tiene algo que ver con lo que papá está a punto de contarme.
*Ana* - ¿Qué tiene la empresa, mi amor?
*Getúlio* - Perdóname por no haberte contado antes, amor, pero estaba intentando resolverlo sin preocuparlas.
*Analu* - Habla, papá, ya me estás preocupando.
*Getúlio* - La constructora está al borde de la quiebra.
El corazón se me congela.
*Analu* - ¿Cómo? ¿Qué pasó?
*Getúlio* - Tu hermano...
Tenía la certeza de que Arthur estaba metido en esto. Me levanto y golpeo la mesa con las dos manos.
*Analu* - ¿Qué hiciste esta vez, Arthur?
*Arthur* - Cálmate, chiquita, por favor...
*Analu* - Habla, ¿qué hiciste, sinvergüenza?
*Ana* - Hija, cálmate por favor. Dejemos hablar a tu papá. Vamos, Getúlio, explica qué pasó.
*Getúlio* - Arthur, ese idiota que puse en el mundo, perdió todo nuestro dinero apostando.
El peso de mi propio cuerpo me jala de vuelta a la silla. No puedo creer lo que estoy escuchando.
*Ana* - ¿Qué hiciste, Arthur?
*Arthur* - Perdóname, mamá, perdónenme. Recibí un dato muy bueno; estaba seguro de que ese caballo iba a ganar la carrera...
*Analu* - No puedo creer lo que estoy escuchando, Arthur. ¿Apostaste el dinero de la empresa en un caballo? ¿Eso es lo que hiciste?
*Getúlio* - En realidad, ese idiota no tenía dinero suficiente para la apuesta y dio la empresa como garantía.
*Analu* - Dios mío, Arthur, ¿cómo pudiste hacer eso?
*Arthur* - El dato era muy bueno, chiquita, no sé qué salió mal...
*Analu* - Eres un idiota de verdad, no puede ser. Papá, ¿no hay nada que podamos hacer?
*Getúlio* - Después del almuerzo iré al haras donde se hacen las carreras a ver qué podemos hacer para no perder la constructora.
*Analu* - Quiero ir contigo.
*Getúlio* - No, hija, no hace falta.
*Analu* - La empresa también es mía, y el dinero que este idiota perdió también es mío. ¡Voy!
La cena de ese día no bajó bien. El ambiente quedó muy pesado; no pude mirar a Arthur. Lo quiero, es mi hermano, pero lo que hizo no tiene explicación.
y esperamos la historia de Davi x favor