Black fue uno de los asesinos cazarrecompensas más temidos del Clan Luna Negra, hasta que un desamor y el alcohol lo empujaron al Bosque Oscuro, donde debía morir.
Pero sobrevivió… pagando un precio.
Un collar sellado con un anillo lo convierte en el guardián espiritual de Daily, la nueva y más joven líder del clan Yshir, cuyo poder es más una maldición que una bendición. Ex cazadora de monstruos y demonios, Daily está convencida de que el amor es una estupidez innecesaria.
Atados por un sello divino que ninguno pidió, deberán convivir mientras fuerzas hambrientas de poder, monstruos, demonios y antiguos secretos se alzan. Fingir que no sienten nada será parte del trato… porque cuanto más intenten romper el vínculo, más cerca estarán de perderse a sí mismos.
NovelToon tiene autorización de Margaret Gimenez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Bajo el mismo techo
El salón del Consejo no era amplio.
Era alto.
Las columnas blancas sostenían un techo tallado con símbolos antiguos, cada uno representando un sello, una contención, una guerra ganada en silencio. Las marcas doradas brillaban tenuemente bajo la luz de las lámparas suspendidas, como si observaran.
Daily entró sin anunciarse.
Sus pasos no resonaron.
Aun así, los murmullos cesaron.
Néstor ya estaba allí.
De pie.
Esperándola.
Y no estaban solos.
Tres figuras aguardaban frente al estrado.
Una mujer de postura impecable, uniforme oscuro ajustado al reglamento. Su presencia era firme, sin titubeos.
Una segunda joven de mirada aguda, más ligera en apariencia pero atenta a cada detalle.
Y un muchacho de expresión serena, demasiado tranquilo para su edad.
—Finalmente has llegado —anunció Néstor.
Daily no inclinó la cabeza.
Su expresión era la misma que mostraba ante todos: fría, distante. Como si nada en aquella sala tuviera el peso suficiente para afectarla.
Néstor dio un paso al frente.
—El equilibrio exige reorganización. Si la piedra ha hablado, el clan debe responder.
La primera mujer avanzó.
—Marcela Ivar —se presentó—. Guardiana espiritual asignada al líder del escuadrón de Cazadores Carmesí.
Abiel, ubicado a la derecha del salón, levantó apenas la mirada.
Sus ojos recorrieron a Marcela sin disimulo.
Evaluación.
No cortesía.
—No solicité guardiana —dijo con tono seco.
Marcela sostuvo su mirada sin pestañear.
—No es una solicitud.
Un murmullo contenido recorrió el recinto.
Abiel esbozó una media sonrisa. No de agrado.
—Espero que al menos pueda seguir mi ritmo.
—Espero que usted pueda sostener el mío.
El silencio que siguió fue más elocuente que cualquier discusión.
Kirlian exhaló suavemente por la nariz.
Interesante.
El joven dio un paso al frente.
—Elio Darven. Guardián espiritual designado para el círculo de sanación.
Kirlian lo observó con atención meticulosa.
No evaluaba fuerza física.
Evaluaba estabilidad.
—¿Experiencia en sellos mayores?
—Tres intervenciones confirmadas.
—¿Contención bajo presión?
Elio sostuvo la mirada.
—Sobreviví.
No fue arrogancia.
Fue simple verdad.
Kirlian inclinó apenas la cabeza.
No aprobación.
Reconocimiento parcial.
Entonces la tercera figura avanzó.
Vestía tonos claros. Su presencia no intentaba imponerse, pero tampoco era frágil.
—Elva Sereth —dijo con voz firme—. Designada como dama principal y mano derecha de la sucesora.
Daily la miró apenas un segundo.
Su expresión no cambió.
Pero en ese segundo hubo algo que los demás no notaron.
Una pausa mínima.
Un reconocimiento silencioso.
Elva bajó la mirada con respeto, aunque su pulso se aceleró.
No esperaba calidez.
Solo aceptación.
Néstor retomó la palabra.
—A partir de hoy, cada líder contará con estabilización activa. La corrupción se intensifica. No podemos permitir fracturas internas.
Las palabras “corrupción” y “fracturas” no eran exageración.
En las últimas semanas, los sellos menores habían presentado inestabilidad.
Las grietas espirituales tardaban más en cerrarse.
Y la piedra había respondido sin ritual.
Eso no era casualidad.
Los ojos de Marcela y Elva se desviaron brevemente hacia Daily.
Como si buscaran algo.
O a alguien.
El vacío a su lado era evidente.
El silencio que siguió fue distinto.
No político.
Inquietante.
Elio observó el brazalete en la muñeca de Daily.
No con sospecha.
Con curiosidad genuina.
Había algo diferente en esa energía.
No ardía como la de otros líderes.
Latía.
Marcela también lo notó.
Era estable… pero profunda.
Néstor descendió un escalón del estrado.
—Entrenarán juntos. Evaluación cruzada. Compatibilidad real. Quiero resultados en un mes.
Abiel soltó un sonido bajo.
—¿Entrenamiento conjunto?
—No estamos en condiciones de dividirnos —respondió Néstor con firmeza.
Kirlian habló entonces.
—¿Las anomalías en los sellos están conectadas con la activación?
Néstor no respondió de inmediato.
Eso fue respuesta suficiente.
El aire cambió.
No fue visible.
Pero se sintió.
Una vibración leve.
Breve.
Inestable.
Elio fue el primero en percibirla.
Giró ligeramente el rostro.
—¿Lo sienten?
Marcela cerró los ojos un instante.
Sí.
Daily lo sintió más profundo.
Una presión bajo la piel.
Una grieta diminuta en la armonía que siempre había sido constante.
Pequeña.
Pero real.
Elva dio un paso más cerca de ella, instintivamente.
—No estamos solos —susurró.
No fue miedo.
Fue certeza.
Las columnas parecieron oscurecerse por un segundo, como si las runas grabadas respiraran.
Luego todo volvió a la normalidad.
O a lo que pretendía serlo.
Néstor levantó la mirada hacia el techo.
Durante generaciones, ese salón había sido el corazón del equilibrio.
Pero ahora el aire pesaba distinto.
Más denso.
Más expectante.
—La reunión ha terminado —ordenó finalmente—. Pero esto recién comienza.
Los presentes comenzaron a dispersarse.
Abiel pasó junto a Marcela sin mirarla.
—No estorbe —murmuró.
—No tropiece —respondió ella con la misma frialdad.
Kirlian se detuvo frente a Elio.
—Mañana al amanecer. Patio este.
Elio asintió.
—Estaré antes.
No era desafío.
Era disposición.
Daily se giró sin despedirse.
Caminó hacia la salida.
Elva la siguió a una distancia prudente.
No demasiado cerca.
No demasiado lejos.
Marcela observó esa distancia con atención calculadora.
El equilibrio no solo dependía de energía.
Dependía de relaciones.
En el corredor exterior, el silencio era más limpio.
Daily no se detuvo.
—No necesitabas venir —dijo finalmente, sin mirar atrás.
Elva sostuvo la compostura.
—No vine por obligación.
Daily se detuvo entonces.
Solo un instante.
—El Consejo exagera.
—No lo creo.
Daily giró el rostro apenas.
—¿Temes algo?
Elva negó.
—Temo que no estemos preparados para lo que viene.
Daily la estudió.
Por primera vez en toda la noche, su expresión cambió apenas.
No era duda.
Era análisis.
Luego retomó el paso.
—Prepárate entonces.
Eso fue todo.
Pero para Elva fue suficiente.
Detrás de ellas, en el salón ya casi vacío, Elio permanecía mirando las columnas.
Marcela se acercó.
—Lo sentiste.
—Sí.
—¿Ruptura?
Elio negó lentamente.
—No. Ajuste.
Marcela frunció el ceño.
Ajuste era peor.
Porque significaba cambio estructural.
Y el equilibrio no cambiaba sin costo.
En el estrado, Néstor permanecía solo.
Apoyó una mano sobre la madera tallada.
La vibración residual aún recorría la sala.
La piedra había hablado.
Los sellos estaban reaccionando.
Y sus hijos estaban entrando en una etapa que él ya no podía controlar del todo.
Cerró los ojos un momento.
El equilibrio no parecía inestable.
Parecía…
Despertar.
Y bajo el mismo techo, por primera vez en mucho tiempo, el clan Yshir no estaba reorganizándose por prevención.
Estaba preparándose para algo que aún no tenía nombre.