Morí atragantado con un hotdog y reencarné en mi novela BL favorita.
¿Suena épico? No lo es, porque ahora soy el extra que muere en el capítulo 3.
Mi plan: pasar desapercibido y sobrevivir.
La realidad: el villano frío y temido del imperio se enamoró de mí.
Entre malentendidos, romance accidental y un destino que se salió del guion,
haré lo imposible por no morir otra vez…
aunque eso signifique robarle el corazón al villano.
✨ BL + comedia + reencarnación
✨ Villano obsesivo x extra caótico
✨ Final feliz (si no muero antes)
NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 15: Esto No Es una Cita (Pero se Siente Como una)
Mi plan para ese día era revolucionario en su simpleza:
vivir una jornada normal.
Sin nobles molestos.
Sin reuniones tensas.
Sin que Lucien Blackthorne me defendiera como si yo fuera un tesoro nacional en versión desnutrida.
Fracaso asegurado.
Estaba acomodando libros en la biblioteca menor cuando escuché pasos conocidos.
—Elian.
Me giré con una sonrisa automática.
—¿Viene a arrestarme preventivamente por existir cerca de gente importante?
—Vengo a sacarte de aquí —respondió Lucien—. Necesitas aire.
Parpadeé.
—¿Aire? ¿Tipo… afuera?
—El médico dijo que te ayudaría caminar —añadió—. Y yo… tengo que recorrer el mercado interior.
Esto suena peligrosamente a plan compartido, pensé.
—¿Me está invitando a salir? —pregunté con tono casual—. Porque eso no estaba en mi agenda de sirviente promedio.
Lucien me miró con expresión de “no empieces”.
—No es una invitación. Es… práctico.
—Claro —sonreí—. Caminata práctica. La mejor clase de caminata.
Salimos al patio exterior que conectaba con el pequeño mercado interno de la mansión. Había puestos de pan, telas, frutas. Gente saludando a Lucien con respeto. A mí… me miraban con curiosidad.
—Te miran como si fueras una celebridad menor —comenté.
—Te miran porque caminas conmigo.
—Ah, la fama por proximidad. Mi especialidad.
Lucien se detuvo en un puesto de frutas. El vendedor le ofreció manzanas. Lucien tomó dos… y me pasó una.
—Come.
—Está desarrollando un patrón —observé—. Me alimenta en público. Los rumores van a evolucionar a “el lord engorda a su protegido”.
—Ignora los rumores.
—Yo no puedo ignorar que me dio una manzana como si fuera una escena doméstica.
Lucien frunció el ceño.
—¿Qué escena doméstica?
—Nada —mordí la manzana—. Comentario interno otra vez.
Caminamos entre los puestos. Yo me sentía raro… pero bien. Normal, incluso. Como si fuera una salida casual. Como si no existieran tensiones políticas ni destinos pesados.
—Gracias por sacarme —dije—. Me estaba volviendo parte del mobiliario de la biblioteca.
—No deberías esconderte —respondió—. Te hace ver… pequeño.
—Soy pequeño —le recordé—. En estatura y en estatus social.
Lucien se detuvo.
—No en presencia.
Me quedé mirándolo, con la manzana a medio morder.
—Eso fue inesperadamente halagador.
—No era un halago.
—Lo fue para mí —sonreí.
Más adelante, un músico tocaba una melodía simple. La gente pasaba sin detenerse mucho, pero yo me quedé escuchando unos segundos.
—¿Te gusta la música? —preguntó Lucien.
—Me gusta cuando no está asociada a tragedias —respondí—. Esta suena a “la vida sigue”.
Lucien me miró como si esa frase hubiera tocado algo que no quería admitir.
—¿Quieres quedarte un poco? —preguntó.
—¿Eso es otra caminata práctica?
—Tal vez.
Nos quedamos escuchando la melodía. No hablamos. No hacía falta. El momento era… cómodo. Demasiado cómodo para alguien que se había prometido no involucrarse emocionalmente con personas complicadas.
Un niño pasó corriendo y chocó conmigo. Tropecé hacia atrás.
Lucien me sujetó por la muñeca antes de que cayera.
—¿Estás bien?
—Sí —respondí—. Pero esto ya parece una comedia romántica.
—¿Una qué?
—Nada, nada —me recompuse—. Gracias por el reflejo rápido.
Lucien no soltó mi muñeca de inmediato. Cuando lo hizo, fue con torpeza, como si se hubiera dado cuenta tarde del gesto.
—Deberías comer más —dijo—. Sigues liviano.
—Lo dice como si fuera una observación médica y no… personal.
—Es médica.
—Claro —reí—. El diagnóstico: “demasiado liviano para su propio bien”.
Seguimos caminando de regreso. El sol empezaba a bajar.
—Lucien —dije—. Esto estuvo bien.
—¿Qué cosa?
—Salir. Caminar. No discutir con nadie importante.
Lucien asintió.
—Podemos repetirlo.
Mi corazón hizo esa cosa rara otra vez.
—Eso sonó peligrosamente a plan.
—No te emociones —respondió—. Es… práctico.
—Claro —sonreí—. Las mejores citas son prácticas.
Lucien me miró de reojo.
—Dijiste que no era una cita.
—Yo dije que no lo era —respondí—. No que no se sintiera como una.
Y mientras regresábamos a la mansión, pensé que quizá mi plan de “no involucrarme” estaba perdiendo por goleada.
🎵🎶Fondo, fondo, fondo🎶🎵🤣😆😈😆🤣😉