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EN LA FRONTERA DEL DESEO

EN LA FRONTERA DEL DESEO

Status: En proceso
Genre:Omegaverse
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Un omega que no se doblega.
Un Enigma incapaz de amar.
Cuando el deseo rompe el control, solo una elección puede salvarlos… o destruirlos.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: Donde la cercanía quema

La mañana siguiente amaneció gris, cargada de una humedad que se pegaba a la piel como un recuerdo incómodo. El campamento se levantó en silencio. No por cansancio, sino por esa quietud tensa que queda después de un peligro nocturno. Nadie quería hablar de lo cerca que habían estado de perder algo.

Rhydian ajustó las correas de su abrigo y notó la mirada de Severin desde el otro lado del fuego apagado. No era una vigilancia abierta. Era una atención constante, como si el Enigma estuviera midiendo la distancia entre ambos incluso cuando no se movían.

—¿Vas a seguir mirándome así todo el día? —preguntó Rhydian sin alzar la voz.

Severin no apartó la vista.

—Si fueras más predecible, no lo haría.

Rhydian sonrió apenas.

—Eso suena peligrosamente parecido a que te preocupo.

Severin se giró para dar órdenes a los soldados, evitando la réplica. Pero cuando volvió a colocarse en marcha, su posición quedó, otra vez, demasiado cerca de Rhydian.

El sendero los llevó por una garganta estrecha donde el viento empujaba con fuerza. En un punto, una ráfaga más intensa hizo que Rhydian perdiera un poco el equilibrio. Severin reaccionó de inmediato, sujetándolo por la cintura para estabilizarlo. Fue un gesto automático. Instintivo.

El contacto duró apenas un segundo.

Suficiente para que el pulso de ambos se desacomodara.

Severin retiró la mano como si se hubiera quemado.

—Cuidado —dijo, con voz más baja de lo habitual.

Rhydian lo miró de reojo.

—Gracias.

No hubo burla esta vez. Solo una fricción silenciosa que se arrastró con ellos durante el resto del trayecto.

Más tarde, al cruzar un pueblo abandonado, encontraron un viejo refugio de piedra con un techo aún en pie. Severin decidió que se detendrían allí para revisar mapas y redistribuir provisiones. El lugar olía a polvo y madera vieja. La luz entraba por una abertura en el techo, dibujando un rectángulo pálido en el suelo.

Rhydian fue a buscar agua a una cisterna cercana. Cuando volvió, Severin estaba solo dentro del refugio, inclinado sobre un mapa extendido en la pared. La postura del Enigma, con los brazos levantados para fijar el pergamino, dejaba al descubierto la línea firme de su espalda bajo la túnica oscura.

Rhydian se detuvo un instante sin querer.

No era una mirada de deseo consciente. Era esa atracción silenciosa que se instala cuando empiezas a notar detalles que antes ignorabas: la forma en que Severin tensaba los hombros al concentrarse, la curva mínima de su cuello al inclinar la cabeza, la calma peligrosa de su presencia.

Severin percibió la mirada.

—¿Encontraste agua? —preguntó sin girarse.

—Sí —respondió Rhydian—. Y… no sabía que también necesitabas que te observaran para trabajar.

Severin se volvió despacio.

—No te quedes mirando —dijo—. No es prudente.

Rhydian apoyó el odre en el suelo y dio un paso dentro del refugio. La distancia entre ambos se redujo. El espacio era estrecho. La piedra guardaba el frío de la noche.

—No estoy mirando —replicó—. Estoy aquí.

Severin lo sostuvo con la mirada. La cercanía era otra vez una elección compartida, no una consecuencia del terreno.

—Eso es parte del problema —murmuró el Enigma.

Rhydian inclinó apenas la cabeza, acercándose lo suficiente como para que el aire entre ellos se volviera caliente, pese al frío del refugio.

—¿Desde cuándo mi presencia es un problema para ti?

Severin apretó los dedos contra el mapa, el pergamino crujió bajo la presión.

—Desde que dejé de poder ignorarla.

La confesión fue mínima. No llevaba la forma de un “me importas”. No tenía la estructura de un deseo declarado. Pero fue suficiente para que algo se encendiera en el pecho de Rhydian.

El silencio que siguió fue cargado, casi físico. Por un latido, pareció que el mundo entero se había reducido a ese espacio estrecho entre dos respiraciones que no encontraban ritmo.

Un ruido afuera —una voz llamando a Severin— rompió el momento.

El Enigma se apartó de inmediato, volviendo a su distancia calculada. Salió del refugio con el control habitual, como si nada hubiera ocurrido.

Rhydian se quedó un segundo más en la penumbra, con el pulso todavía acelerado.

Esa noche, al acampar, la tensión volvió a manifestarse en pequeños gestos: Severin se sentó más cerca de lo habitual; Rhydian se acomodó sin alejarse. En la oscuridad, cuando el fuego ya era solo brasas, una ráfaga de viento hizo que las mantas se desplazaran. Los dedos de Severin rozaron los de Rhydian.

No se retiraron de inmediato.

No se tomaron de la mano.

El contacto duró apenas un latido más de lo necesario.

Suficiente para que ambos supieran que ya no se trataba solo de roces accidentales.

La frontera seguía siendo un lugar hostil.

Pero entre el hielo del Enigma y el fuego del omega, la tensión ya no era solo peligro.

Era hambre.

1
"katu azul"
buenoooooo que comience la diversión /Scream//Scream//Scream/
pryz
Estos dos son lentos
pryz
No puedo con estos dos
pryz
Repito son tontos
pryz
Ya empezamos con los celos 🤭
pryz
Tontos los dos
pryz
Estos son tontos o se hacen
pryz
Se siente en el corazón pero lo que se usa para pensar es la cabeza amigo
Rosario Simental: no me gusta leer en pausas se pierde el interés. ponganlas completas y seguiré siendo su fiel lectora. gracias
total 1 replies
pryz
Asi se habla sin pelos en la lengua
pryz
Vamos bien, no se deja
pryz
Quw manera de decir me gustas
pryz
Ok vamos bien, nada de protas tontos
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