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Propuesta Matrimonial Con El Villano

Propuesta Matrimonial Con El Villano

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Reencarnación / Fantasía épica / Completas
Popularitas:528.2k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Melany. v

Charlotte, doncella bastarda de la casa Elara. su destino está maldito por su hermana. la única manera de salvarse es casándose con el hombre más malvado del reino. Nathaniel Cyrus.

Las reencarnaciones tiene a sus favoritos y a sus mejores guerreros.

NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 17: Piense con la razón, princesa.

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Nathaniel llegó al palacio antes del mediodía con el gesto serio de siempre y la agenda ya saturada de reuniones que no le interesaban. Caminó por los pasillos amplios sin escolta, los guardias solo se inclinaban al verlo pasar y nadie se atrevía a detenerlo porque cuando era convocado por la princesa significaba que el asunto no admitía demoras. No se había cambiado del todo al salir de casa, llevaba la camisa apenas abrochada y el cuello abierto porque se había marchado con prisa, todavía con la sensación de la mañana pegada al cuerpo.

Al entrar al despacho privado de la princesa Esme, la luz caía de lado por los ventanales altos. Ella estaba de pie frente a la mesa, revisando documentos con expresión tensa. Levantó la vista al oír la puerta.

—Llegas rápido —dijo, dejando la pluma.

—Usted pidió que viniera de inmediato —respondió Nathaniel—. ¿Cuál es el asunto?

Esme lo observó un segundo más de lo necesario. Sus ojos bajaron sin querer hasta el pecho del duque, donde la tela abierta dejaba ver marcas rojizas dispersas sobre la piel. Mordidas claras. Señales imposibles de confundir.

La princesa parpadeó y carraspeó, recuperando la compostura.

—Deberías… cuidar tu imagen cuando vienes al palacio.

Nathaniel miró su camisa y luego volvió a cerrarla con calma.

—Salí con prisa. Si es grave, prefiero la eficiencia a la elegancia.

—Siempre tan práctico.

Se sentó y le indicó la silla de enfrente.

—He recibido una propuesta formal de compromiso. Viene de la casa Fargus. El hijo heredero.

Nathaniel asintió despacio. Ese nombre no le resultaba ajeno.

—Realeza extranjera. Tierras fértiles al norte, minas activas y puertos comerciales. Son estables, disciplinados y ricos. Cualquiera querría esa alianza.

—Eso mismo me han repetido toda la mañana —respondió Esme—. Quiero saber qué opinas tú.

Nathaniel cruzó las manos sobre las rodillas.

—Desde un punto de vista político, es la mejor opción. Su familia no tiene conflictos internos, sus ejércitos son competentes y su economía es sólida. Un matrimonio con ellos garantizaría décadas de prosperidad para el reino. Reduciría impuestos, fortalecería las rutas comerciales y alejaría amenazas extranjeras.

Hablaba sin vacilar, como si recitara un informe.

—No hay otra casa con tantas ventajas.

Esme lo estudió.

—Lo dices con demasiada seguridad.

—He investigado antes a esa familia —respondió sin más.

No mencionó que ya conocía ese futuro, que recordaba perfectamente cómo esa alianza salvaba al reino de una crisis financiera. Eso no podía decirlo.

La princesa tamborileó los dedos en la mesa.

—Entonces es simple —murmuró—. Debería aceptar.

Nathaniel esperó el resto.

Ella respiró hondo.

—Pero no voy a aceptarlo.

Nathaniel levantó la vista con verdadera sorpresa.

—¿Perdón?

—No me casaré con él.

—¿Hay algún problema con la familia?

—Ninguno.

—¿Con el heredero?

— Tampoco.

—Entonces no entiendo.

Esme apoyó la espalda en la silla.

—No quiero casarme con alguien al que no amo.

Nathaniel no respondió de inmediato.

—Esto no es una cuestión romántica —dijo al fin—. Usted es la futura reina.

—Lo sé perfectamente.

—Entonces debería reconsiderarlo. Así no se gobierna. Las decisiones personales no pueden estar por encima del reino.

Ella entrecerró los ojos.

—¿Hablas por experiencia?

Nathaniel sostuvo su mirada.

—Hablo como duque.

—No —replicó ella con calma—. Hablas como hombre casado.

Se inclinó un poco hacia delante.

—Tú también te casaste. Y no eres precisamente famoso por ser cálido o cercano. Eres frío, distante, todos te temen. Entonces dime, Nathaniel, ¿por qué te casaste con la señorita de Elara?

Él no se movió, pero su expresión cambió apenas.

—Fue necesario.

—Eso no responde mi pregunta.

Nathaniel respiró lento.

—Fue un asunto importante en ese momento.

—Sigues evitando.— ella no apartó la vista—Quiero la verdad.

Por primera vez dudó. Pensó en Charlotte riéndose en la cocina, manchada de harina, hablando con los sirvientes como si fuera una más. Pensó en la bañera, en cómo lo miraba sin miedo, en la forma directa en que decía lo que sentía.

—Fue lo mejor que me ha pasado —dijo al final.— Es todo lo que le diré.

Esme parpadeó.

—Vaya.

Nathaniel se levantó.

—Aun así, le aconsejo pensar como gobernante. El reino necesita estabilidad.

Él inclinó la cabeza.

Cuando salió del despacho, le quedó una sensación incómoda. En la historia que recordaba, Esme aceptaba ese compromiso sin protestar. Todo seguía un camino claro. Ahora, de pronto, se desviaba.

Eso no le gustaba.

Mientras caminaba por el pasillo, una sirvienta casi chocó con él. Venía pálida, con los brazos llenos de papeles.

—¡Duque! Perdón, no lo vi.

—Tranquila —respondió.

Ella miró hacia la puerta del despacho de la princesa, claramente asustada.

—¿Está… está enojada?

Nathaniel miró de reojo.

—No contigo. Haz tu trabajo.

La sirvienta asintió con alivio.

Los días siguientes pasaron con una calma extraña.

Nathaniel regresaba más temprano a casa. Charlotte lo esperaba casi siempre en la cocina o en el jardín, con algo nuevo entre manos. Un postre, una receta fallida, algún comentario sobre los chismes del personal.

—Prueba esto —le decía, acercándole una cuchara.

—¿Qué es?

— No preguntes. Solo pruébalo.

Él obedecía.

A veces era demasiado dulce, otras estaba un poco crudo, pero siempre terminaba comiéndolo todo.

—Estás mejorando —admitía.

— Anótalo. Es histórico.

Se reían juntos.

Hablaban más. De cosas pequeñas, del clima, de los pueblos cercanos, de cómo Hugo discutía con Leonardo por la carne demasiado hecha. No eran conversaciones importantes, pero se sentían necesarias.

Cada día confiaban más el uno en el otro.

Charlotte entraba a su despacho sin tocar, se sentaba en el sofá y le contaba cualquier tontería mientras él firmaba documentos. Nathaniel, sin darse cuenta, empezó a esperarla.

Si no aparecía, el silencio le molestaba.

Una tarde, cuando regresó, la encontró dormida sobre la mesa con un libro de recetas abierto y harina en la mejilla.

Se quedó mirándola un momento largo. Luego la cargó en brazos sin despertarla y la llevó a la cama. No recordaba la última vez que alguien había ocupado sus pensamientos de esa manera.

Pero la tranquilidad duró poco.

Una mañana, mientras revisaba correspondencia, su asistente tocó la puerta con expresión rígida.

—Mi señor… llegó una carta urgente.

Nathaniel la tomó.

El sello no le gustó. Eran los Rensford. Rompió el lacre y leyó rápido.

Su expresión se endureció.

—¿Problemas? —preguntó Charlotte desde la puerta, sosteniendo un plato de dulces.

Él levantó la vista.

—Sí.

—¿Graves?

Nathaniel dobló la carta con cuidado.

—La familia Rensford nos está citando.

—¿A nosotros?

— A mí, oficialmente.

Se acercó y se la entregó.

Charlotte leyó en silencio. Su antiguo compromiso. Exigen comparecencia inmediata.

Sus dedos se tensaron.

—No se van a rendir, ¿verdad?

—No.

—¿Qué van a hacer?

— Intentar anular nuestro matrimonio. Según dice que es ilegítimo y tienen pruebas.

Ella levantó la barbilla.

—Entonces iremos.

Nathaniel la miró.

—No tienes que ir.

—Claro que sí. Es mi problema también.

—Charlotte.

—No voy a esconderme detrás de ti.

Se acercó un paso.

—Si quieren pelear, que me miren a la cara.

Nathaniel la observó unos segundos, evaluándola.

Luego asintió.

—Bien. Pero esta vez, no pienso ser amable como la última vez.

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Muchas gracias por leer. No olvide dejar su me gusta y su comentario. ❤️

1
Maria Diosdado Velázquez
Es una historia bonita, llena de amor, de orgullo, de hipocresía,, pero al final lleno de amor ❤️
La felicito, aunque faltó saber más sobre Eduardo❤️
Elena Orduña
hola un pregunta estoy empezando a leer está historia pero hay una primera parte como se llama gracias
Creadora De Villanos ♉: hola, no tiene primera parte. Está novela es independiente
total 1 replies
Tina Ixchiel Puthod
biennn lagartona ladrona y estupida!
Tina Ixchiel Puthod
vaya la princesa chorra!!!
Tina Ixchiel Puthod
Sabia decision don rey!!!!
Tina Ixchiel Puthod
Es basura pura esa mujer!
Tina Ixchiel Puthod
tomá sin pan ni torta!!!
Tina Ixchiel Puthod
juaaaa x zorra te quedaras en calzones!!!
Tina Ixchiel Puthod
lo dijeeeeeeee lagartona,zorra,cucaracha apestosa!!!
Tina Ixchiel Puthod
Digo la princesa no será una lagartona verdad????
Tina Ixchiel Puthod
Opino como Tulipán,pero yo seria masa,asi me dan de revolcones,dsps al horno!🤣
dann
😹😹😹 eso fue un golpe bajo
dann
😹😹😹 que lindo el sabe que le falta un tornillo y aún Haci la ama tal cual es
dann
😏😹 alfin alguien le puso un alto lo amé
dann
😻🥹💖 que divinura
dann
jajajajaja si no será con la llorona
dann
😂😂😂 que cruel
dann
jajajajaja le gusta rudo
dann
jajajajaja de una sin vuelta
dann
😂😂😂 yo odio las pastillas
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