Nacida como una “maldición”, criada en el desprecio, y renacida con una nueva fuerza. Una princesa diferente está a punto de cambiar el rumbo de su reino.
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Capítulo 22: Esperanza o Vergüenza
El salón del trono estaba destrozado.
El rey intentaba incorporarse entre los escombros.
No lo logró.
Una mano firme se cerró en la parte trasera de su uniforme real.
Aster.
Sin decir una palabra.
Lo levantó como si no pesara nada.
El rey forcejeó.
—¡Suéltame! ¡Soy tu soberano!
Aster no respondió.
Comenzó a caminar.
Arrastrándolo.
Por los pasillos destruidos.
Por las escaleras.
Por las puertas abiertas del palacio.
Los guardias se apartaban.
Nadie intervenía.
Nadie se atrevía.
A través del reino
Las calles estaban llenas de ciudadanos escondidos, heridos, temblando ante el avance del ejército demoníaco en las murallas.
Y entonces lo vieron.
Aster.
Caminando con paso firme.
Arrastrando al rey por el suelo empedrado.
El uniforme real se rasgaba.
La corona cayó en algún punto del trayecto.
El rey gritaba órdenes.
Nadie obedecía.
El pueblo solo observaba.
En silencio.
Algunos con miedo.
Otros… con algo diferente.
Algo que hacía tiempo no sentían.
Justicia.
Aster llegó a las puertas abiertas del reino.
El campo de batalla se extendía frente a ellos.
El ejército del Rey Demonio rugía.
Los caballeros del reino resistían apenas.
Aster lanzó al rey hacia adelante.
Rodó por el suelo hasta detenerse a pocos metros de la línea de combate.
El Rey Demonio observaba desde la distancia.
El viento soplaba con violencia.
Aster caminó hasta quedar detrás del rey.
Desenvainó una espada secundaria.
La lanzó.
Clavándola frente a él.
—Levántate.
El rey respiraba con dificultad.
Aster lo miró sin emoción.
—Pelea.
Silencio.
—Al menos dale esperanza a tu pueblo.
Las palabras pesaron más que cualquier golpe.
Los caballeros escucharon.
El pueblo en las murallas escuchó.
El rey temblaba.
Miró el ejército demoníaco.
Miró al Rey Demonio.
Miró sus manos.
Dudó.
Ese segundo fue eterno.
Aster habló una vez más.
—Si vas a llevar esa corona… hazlo de frente.
El Rey Demonio sonrió levemente.
Esperando.
El campo entero contenía la respiración.
Dentro del castillo
Mientras tanto…
El duelo continuaba.
La reina había activado un círculo mágico antiguo bajo sus pies.
Runas prohibidas brillaban en rojo oscuro.
—¡No permitiré que destruyas todo por lo que trabajé! —gritó.
Airi avanzó entre las explosiones de magia.
Su espada cortó una ráfaga directa.
El impacto partió una pared entera.
—¿Trabajaste? —respondió Airi con frialdad—. Solo viviste en miedo.
La reina lanzó una lanza de energía directa al corazón de Airi.
Ella la desvió por centímetros.
El mármol explotó detrás.
La reina respiraba agitada.
Ya no era elegante.
Ya no era majestuosa.
Era desesperación.
—¡Todo lo hice para mantener el poder! ¡Para sobrevivir!
Airi dio un paso más.
Su aura era más estable ahora.
Más clara.
—El poder sin justicia… es vacío.
El círculo mágico comenzó a desmoronarse bajo la presión del aura de Airi.
La reina retrocedió.
—No eres digna del trono.
Airi levantó la espada.
—Entonces lo conquistaré.
El choque final iluminó el castillo entero.
Afuera
El rey, de rodillas frente a la espada clavada en la tierra, debía decidir.
El pueblo observaba.
El Rey Demonio esperaba.
Aster permanecía detrás.
Inmutable.
El viento levantó polvo.
La batalla estaba a punto de cambiar el destino del reino.
Capítulo 22 — Parte 2
Lo que significa “madre”
El castillo temblaba.
Polvo y escombros caían del techo agrietado.
El círculo mágico de la reina estaba inestable, parpadeando como una llama a punto de extinguirse.
Airi caminó a través de la energía residual.
Su respiración era firme.
Su mirada… definitiva.
La reina retrocedió hasta chocar contra una columna partida.
—¡Detente! —gritó, levantando las manos—. ¡Airi!
Su voz ya no era autoritaria.
Era frágil.
Humana.
—Soy tu madre…
El eco de esas palabras recorrió el salón vacío.
Por un segundo…
El tiempo pareció detenerse.
Recuerdos cruzaron la mente de Airi.
Pasillos fríos.
Miradas de desaprobación.
Comparaciones constantes con Ashley.
Silencios largos en la mesa.
Ninguna caricia.
Ningún abrazo.
Solo exigencia.
Solo desprecio.
La espada de Airi descendió.
Se hundió en el pecho de la reina.
El sonido fue seco.
La reina soltó un gemido ahogado.
Sus manos temblaron al intentar tocar la hoja.
—Soy… tu madre…
Lágrimas comenzaron a caer por su rostro.
Airi sostuvo la empuñadura sin vacilar.
Sus ojos no brillaban de odio.
Brillaban de claridad.
—Si fueras mi madre… —dijo con voz firme— no me habrías tratado como basura.
La reina abrió los ojos con dolor.
Airi dio un paso más cerca.
—Madre no es la que engendra.
La sangre comenzó a teñir el vestido real.
—Madre es la que te cuida.
La voz de Airi no se quebró.
—La que te da todo su amor.
El aura que la rodeaba era estable.
Fuerte.
—La que es fuerte por sus hijos.
La reina intentó hablar.
No pudo.
Sus manos cayeron.
Su mirada perdió luz.
El cuerpo se desplomó lentamente.
Silencio.
El salón quedó en ruinas.
La sangre real se extendía por el suelo.
Airi retiró la espada.
No temblaba.
No lloraba.
Solo respiraba.
Por primera vez…
Sin peso en el pecho.
El pasado había terminado.
Afuera
En el campo de batalla, el viento cambió.
Aster levantó ligeramente la mirada hacia el castillo.
Sintió la energía transformarse.
Algo se había cerrado.
El rey aún estaba de rodillas frente a la espada.
El Rey Demonio observaba con interés.
El pueblo contenía el aliento.
Y en el palacio…
Una princesa dejó de ser hija.
Para convertirse en algo más.
Continuará…
por eso no entiendo cuando hnos se pelean o son enemigos!!!