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El Rey De Sangre Me Espera En El Pasado

El Rey De Sangre Me Espera En El Pasado

Status: En proceso
Genre:Amor en la guerra / Viaje a un mundo de fantasía / Amor-odio / Amor eterno / Viaje En El Tiempo / Amantes del rey
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Gianna Viteri (gilover28)

"En los libros de historia, Jeon Youngjae era un monstruo. En persona, es mi mayor tentación." Kang Yoona es una estudiante de historia que sabe cómo termina la vida del joven Rey Youngjae: traicionado, solo y ejecutado. Pero cuando un antiguo espejo la arrastra al año 1520, Yoona no cae en un libro de texto, sino en los brazos del hombre más peligroso de Corea. Él es un tirano que no confía en nadie; ella es una intrusa que conoce todos sus secretos y su trágico final. Para sobrevivir, Yoona deberá jugar un juego mortal: ¿Cambiará la historia para salvar al hombre que ama, aunque eso signifique borrar su propio futuro? En una era de acero y sangre, la verdad es el arma más peligrosa.

NovelToon tiene autorización de Gianna Viteri (gilover28) para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: El fénix ha despertado

El aire en los aposentos de la Reina ya no olía a medicina amarga ni a la pesadez de la muerte. Esa mañana, Hanyang resplandecía bajo un sol de invierno que hacía brillar la nieve acumulada en los tejados del palacio. Tras la purga, el ambiente en la corte había cambiado drásticamente; el miedo seguía presente, pero había sido desplazado por una curiosidad reverencial hacia la mujer que había sobrevivido a la oscuridad.

Yo me encontraba sentada frente al gran espejo de tocador, rodeada de cuatro doncellas que Youngjae había seleccionado personalmente. Ya no eran espías de la Reina Viuda, sino jóvenes de familias humildes que me miraban con ojos llenos de asombro. Había decidido que, si iba a ser Reina, no lo sería desde un pedestal de mármol. Había empezado a hablarles, a preguntarles por sus vidas, rompiendo esa barrera de hielo que el protocolo imponía.

—Majestad, vuestro cabello es tan oscuro como el ala de un cuervo —murmuró Soo-bin, la más joven, mientras pasaba un peine de marfil por mis mechones—. Nunca hemos visto a nadie con una piel tan clara y suave. Dicen en las cocinas que es porque venís de un lugar donde el sol nunca quema.

Me reí suavemente, sintiendo un leve sonrojo.

—En mi mundo, Soo-bin, usamos pócimas para protegernos del sol. No es magia, es solo ciencia —respondí, tratando de simplificar el concepto de protector solar para sus mentes del siglo XVI.

Las doncellas se miraron entre sí, soltando risitas nerviosas pero cómplices. La tensión de los días pasados empezaba a disolverse en esa camaradería femenina que tanto había extrañado de mi tiempo con mi tía y mis amigas de la universidad.

—No es solo vuestra piel lo que comentan, Majestad —intervino Me-hui, mientras preparaba los pesados ornamentos de oro para mi peinado—. Los guardias del ala norte dicen que el Rey ha cambiado por completo. Antes, entrar en sus aposentos era como entrar en la cueva de un tigre herido. Ahora… ahora dicen que solo tiene ojos para vos.

—Incluso cuando está en el Consejo —añadió Soo-bin, acercándose a mi oído con picardía—, dicen que su mirada se pierde hacia la ventana de vuestro dormitorio. El Gran Eunuco juró que vio a Su Majestad sonreír ayer mientras sostenía una de vuestras cintas para el cabello. Nunca, en todos sus años de reinado, se le había visto así. El Rey os ve con un amor que… bueno, que asusta a los ministros y nos hace suspirar a nosotras.

Sentí que el calor me subía a las mejillas con fuerza. A pesar de todo lo que Youngjae y yo habíamos compartido —la pasión, la sangre, las promesas susurradas en la oscuridad—, escuchar que su devoción era evidente para todo el palacio me hacía sentir vulnerable de una forma nueva. En mis libros de historia, el Rey Youngjae era un monolito de frialdad; saber que yo era la razón de su humanidad era un peso hermoso.

—Él solo es… protector —balbuceé, tratando de recuperar mi compostura.

—Es más que eso, Majestad —dijo Me-hui con una sonrisa sabia—. Él vive a través de vos. Anoche, cuando os trajo el caldo personalmente y se negó a dejar que nadie más os tocara, sus ojos brillaban con una posesión que no es de este mundo. Sois su ancla. Sin vos, el Rey de Sangre volvería a ser el hombre que incendió el palacio.

Me quedé en silencio, observando mi reflejo. El hanbok de coronación que estaban preparando era de una seda blanca purísima con detalles en carmesí. Representaba la pureza y el sacrificio. Mientras las manos de las doncellas trabajaban en mi cabello, me di cuenta de que mi misión no era solo sobrevivir, sino transformar este reino.

—Si él es el acero, yo seré la brújula —susurré para mí misma.

La tranquilidad de la mañana se rompió con la llegada de un mensajero a caballo. Youngjae me mandó llamar a la sala de audiencias privada. Cuando llegué, lo encontré de pie junto a un gran baúl de madera reforzado con metal. No llevaba su corona, y su túnica estaba ligeramente desordenada, signo de que había estado trabajando intensamente.

Al verme entrar, su rostro se iluminó instantáneamente. Cruzó la habitación en dos zancadas y me tomó de las manos, ignorando la presencia de los dos guardias y del emisario que esperaba en un rincón.

—¿Cómo te sientes? —preguntó, su pulgar acariciando el dorso de mi mano con una preocupación que hizo que las doncellas que me seguían volvieran a cuchichear—. El médico dijo que todavía debías guardar reposo.

—Estoy bien, Youngjae. Las chicas me están cuidando de maravilla —dije, sonriéndole y notando cómo sus ojos se suavizaban al escucharme llamarlo por su nombre frente a otros.

Él me guió hacia el baúl.

—Ha llegado esto desde las fronteras comerciales del mar del este. Los mercaderes dicen que es un regalo de los "hombres bárbaros" del oeste para asegurar rutas seguras. No saben qué es, pero dicen que es un instrumento que permite ver las estrellas a plena luz del día.

Miré dentro del baúl y mi corazón dio un vuelco. Era un telescopio de latón, uno de los primeros modelos de finales del Renacimiento europeo. Para la gente de Joseon, era un objeto alienígena, pero para mí, era la primera pieza del rompecabezas tecnológico que necesitaba introducir.

—No es para ver estrellas de día, Youngjae —dije, sacando el instrumento con cuidado—. Es para ver al enemigo antes de que él nos vea a nosotros. Es tecnología de navegación y vigilancia.

Le expliqué cómo funcionaba el enfoque. Él se acercó, su pecho rozando mi espalda mientras se inclinaba para mirar a través del lente hacia el horizonte del patio.

—¡Por los cielos! —exclamó, retrocediendo con sorpresa—. Puedo ver los poros de la piel del guardia en la torre norte como si estuviera frente a mí.

—Esto es solo el comienzo —le dije, girándome en sus brazos—. Si me permites trabajar con los artesanos reales, podemos replicar esto. Podemos crear lentes para que tus generales vean el campo de batalla desde leguas de distancia. Podemos mejorar el alcance de tus cañones.

Youngjae me miró con una mezcla de orgullo y deseo. La forma en que sus ojos recorrían mi rostro, analizando mi entusiasmo, confirmó lo que las doncellas habían dicho: me miraba como si yo fuera el descubrimiento más grande de su vida.

—Eres increíble —susurró, bajando la voz para que solo yo lo escuchara—. A veces olvido que vienes de un mundo de maravillas. Me pregunto si algún día te cansarás de este hombre rudo y de este siglo de barro.

—Nunca —respondí, rodeando su cuello con mis brazos—. Porque en mi mundo había maravillas, pero no había nadie que me amara lo suficiente como para quemar un palacio por mí.

Él sonrió y me atrajo hacia sí en un beso profundo, posesivo, que dejó a los guardias mirando hacia el suelo con respeto. El erotismo siempre estaba ahí, latente, incluso en medio de una sala de estrategia. Sentí la firmeza de su cuerpo contra el mío, recordándome la noche anterior y la promesa de todas las que vendrían.

Esa tarde, la tensión política volvió a llamar a la puerta. El Consejo exigía una fecha definitiva para la coronación, esperando que el protocolo asfixiante me hiciera cometer un error. Pero Youngjae tenía otros planes. Me llevó a la biblioteca real, un lugar inmenso lleno de pergaminos que olían a sabiduría antigua.

—Dicen que una Reina debe ser examinada en caligrafía y clásicos —dijo, cerrando las puertas con llave—. Pero yo quiero que me enseñes algo más. Quiero que me enseñes a escribir tu nombre en el idioma de tu tiempo.

Pasamos horas sentados en el suelo, sobre finas esteras de bambú. Yo guiaba su mano, mi piel rozando la suya mientras trazábamos las letras modernas. El contacto físico, aunque sutil al principio, pronto se volvió insoportable. Youngjae dejó el pincel a un lado y me tomó por la cintura, atrayéndome hacia su regazo.

—Me distraes, Yoona —gruñó, su boca buscando mi cuello—. Cada vez que me hablas del futuro, solo puedo pensar en que eres real, en que estás aquí y en que no voy a dejar que te vayas nunca.

El romance y el erotismo volvieron a reclamar su espacio entre los estantes de libros centenarios. Youngjae me despojó de la seda real con una urgencia que me hizo gemir de deseo. Sus manos, que antes habían sostenido el telescopio con curiosidad, ahora recorrían mi cuerpo con una maestría que me hacía vibrar.

Me tomó allí mismo, sobre los pergaminos y el suelo de madera, en un encuentro que fue romántico en su intensidad y duro en su necesidad de reafirmación. En medio de los gemidos que se perdían entre las estanterías, supe que nuestra unión no era solo política o física; era una colisión de eras que estaba creando algo nuevo, algo que la historia nunca podría borrar.

—Eres mi única Reina —susurró él, mientras llegábamos juntos al éxtasis, con el sudor brillando en nuestros cuerpos bajo la luz tenue de la biblioteca—. Y este reino aprenderá a amarte tanto como yo, o lo veré arder en tu nombre.

Me quedé abrazada a él, sintiendo su calor. Las doncellas tenían razón: el Rey vivía a través de mí. Y yo, Kang Yoona, estaba dispuesta a darle cada latido de mi corazón para asegurar que este hombre, mi hombre, nunca volviera a estar solo en la historia.

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Gianna Viteri
ATENCIÓN, LECTORES… 🔥

Si llegaste hasta aquí, ya sabes una cosa:
esta historia NO es un romance normal.

Aquí no hay príncipes…
hay un rey que destruye todo lo que toca.

Y Yoona…
ella sabe exactamente cómo termina su historia.
💔 Sabe cómo muere el hombre del que se está enamorando.

Ahora dime tú…
👇
¿Lo salvarías… o dejarías que el destino lo destruya?

👀 Lean con cuidado, porque lo que viene en los próximos capítulos…
no todos están listos para soportarlo.

— GIA 💞
DAISY VARGAS
jodeeerrr si siguen a si en menos de un mes estará embarazada son como conejos 🤣🤣🤣
Gianna Viteri: 👀 ¿Crees que sobrevivirá lo suficiente para eso?”
total 1 replies
María Julieta Bello Vera
espectacular capitulo, pero actualice más seguido
Gianna Viteri: Ahhh gracias 😭🖤 lo prometo… pero te advierto, lo que viene se pone MUCHO más intenso 👀🔥 ¿estás lista para lo que el rey va a hacer?”
total 1 replies
Maria Liendo
más capítulos por favor la novela es excelente
Gianna Viteri: GRACIAS 😭✨ comentarios así me motivan demasiado… y créeme, los próximos capítulos van a doler rico 💔😈”
total 1 replies
Vivi Márquez Alarcón
siguiente capítulo por favor 😭😭😭
Gianna Viteri: JAJAJA 😭 ya séee, los dejé en lo peor… pero dime:
¿tú confiarías en el rey… o ya sospechas de él? 👀🩸
total 1 replies
María Julieta Bello Vera
Autora no me deje con la intriga quiero más capitulos 🥰
Gianna Viteri: Ay nooo 😭🥺 me encanta que estés así de atrapada… pero te aviso:
esa intriga solo va a empeorar 😈🔥
total 1 replies
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