Ella renace en una época mágica.. en el cual su familia la humilla, por lo que decide irse y cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico *
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Novela
Mi vida no era especialmente entretenida para los demás. No había aventuras épicas ni grandes escándalos que contar. Pasaba la mayor parte de mis días trabajando desde casa, rodeada de bocetos, colores y prototipos. Diseñaba juguetes para una empresa multinacional.. muñecos con articulaciones imposibles, rompecabezas pensados para manos pequeñas, mundos en miniatura donde todo parecía más amable que afuera. Era un trabajo silencioso, creativo, y en el fondo me gustaba… aunque no despertara la envidia de nadie.
Cuando procrastinaba.. porque sí, también lo hacía.. solía refugiarme en novelas que leía en distintas aplicaciones. Historias ajenas, vidas intensas, dolores y amores que no eran míos. En esos momentos, el mundo real quedaba suspendido, como si alguien hubiera bajado el volumen.
Últimamente estaba pendiente de una nueva novela que se publicaba por capítulos. Cada noche revisaba si había actualización, con una mezcla de ansiedad y necesidad. La historia giraba en torno a una muchacha joven que poseía magia, una magia de elemento, que había heredado de su madre. No era un don brillante ni espectacular.. porque casi no la sabia usar.
Su madre había sido una mujer poderosa, no solo por su magia, sino por su sensibilidad. Amó demasiado, confió demasiado. Su padre, en cambio, había sido un hombre débil. Infiel. Durante años sostuvo una doble vida, engañando a su esposa mientras prometía lealtad con palabras vacías. Cuando la verdad comenzó a filtrarse.. miradas esquivas, silencios largos, ausencias injustificadas, la madre de la protagonista empezó a apagarse.
La depresión llegó despacio, como una sombra que se instala sin pedir permiso. Nadie la vio a tiempo. Nadie supo sostenerla cuando más lo necesitaba. Y un día, simplemente, murió. No de forma dramática ni ruidosa, sino de esa manera cruel en la que mueren las personas cansadas de luchar.
Lo peor vino después.
Apenas habían pasado unos meses cuando el padre llevó a su amante a la casa. No solo a ella, sino también a su hija, una niña de la misma edad que la protagonista, pero completamente distinta. Donde una era callada y observadora, la otra era cruel. Donde una cargaba un duelo imposible, la otra parecía disfrutar cada oportunidad de humillarla.
La casa, que alguna vez había sido un refugio, se transformó en un territorio hostil. La amante fingía amabilidad frente al padre, pero cuando estaban solas, sus palabras se volvían afiladas. La hija imitaba cada gesto, cada desprecio. Burlas, órdenes injustas, castigos inventados. La protagonista aprendió a hacerse pequeña, a desaparecer en los rincones… mientras su magia, reprimida por el dolor, comenzaba a latir con más fuerza bajo la piel.
Cada capítulo terminaba dejándome con un nudo en el pecho. Quizás porque, aunque mi vida fuera tranquila y predecible, había algo en esa historia que me atrapaba de una forma inquietante. Como si, sin saberlo, estuviera leyendo el inicio de algo que no solo pertenecía a la ficción.
Creí que estaba tan pendiente de esa novela que, de algún modo, mi mente había cruzado una línea peligrosa. Me estoy volviendo loca, pensé incluso dentro del sueño. Todo se sentía demasiado vívido, demasiado real. No era uno de esos sueños borrosos que se deshacen al despertar.. había texturas, temperaturas, sonidos nítidos, como si mi cuerpo hubiera decidido obedecer otras reglas.
Desperté… o eso creí.
Abrí los ojos esperando ver el techo conocido de mi habitación, mi escritorio con diseños a medio terminar, el computador en reposo. En cambio, me encontré con un dosel de telas claras que caían suaves sobre una cama enorme. El aire olía distinto, a madera antigua y flores secas. Me incorporé de golpe y mis manos no eran exactamente las mías. Más delicadas. Más jóvenes.
Fue entonces cuando el nombre apareció en mi mente con una claridad aterradora, como un recuerdo que siempre había estado ahí..
Leilani Vitra.
Negué con la cabeza, respirando rápido. No, esto no es real. Estoy soñando. Me levanté y mis pies tocaron un suelo frío de mármol pulido. Estaba en una mansión, eso era innegable. La habitación era hermosa.. paredes altas, cortinas pesadas, muebles elegantes… pero había algo extraño. No había joyas, ni adornos personales, nada que indicara que alguien amado viviera allí. Era belleza sin calidez. Un lujo vacío.
Llevaba puesto un camisón sencillo, demasiado simple para un lugar así. Eso me inquietó aún más.
Salí de la habitación como en trance y bajé la escalera principal. Cada escalón resonaba en el silencio de la casa, y por un segundo pensé que en cualquier momento despertaría sobresaltada. Pero no ocurrió. El mundo no se disolvió.
Entonces pasó.
Un tirón brusco me jaló hacia atrás y un dolor agudo me atravesó el cuero cabelludo. Solté un jadeo involuntario.
—¿A dónde crees que vas? —dijo una voz cargada de burla.
La solté al instante. No necesitaba verla para saber quién era.
Criset.
La hija de la amante de mi padre estaba frente a mí, con una sonrisa torcida, los ojos brillándole de anticipación. Esperaba mis lágrimas, mi súplica, ese temblor que tanto parecía disfrutar. Sus dedos aún se aferraban a mi cabello, como si ese gesto le diera poder.
La miré.
No lloré.
No grité.
Simplemente me solté de su agarre y me di la vuelta.
Subí las escaleras despacio, con la espalda recta, ignorando su risa burlona que se perdía en el eco de la mansión. Volví a la habitación y cerré la puerta tras de mí.
No lo hice por miedo.
Lo hice porque mi mente estaba atrapada en una sola idea, pulsante, aterradora..
[Esto no puede estar pasando.]
Me apoyé contra la puerta, respirando hondo. El corazón me latía con fuerza, no por Criset, sino por la certeza que empezaba a tomar forma. No estaba soñando. No del todo.
Y si realmente me había convertido en Leilani Vitra… entonces esa historia ya no era solo una novela. Era mi realidad.