Leónidas, un mago de bajo rango intentará llegar a la cima como el número uno en su clase como novato recién llegado. La academia del reino de Grand Village esconde secretos tras sus muros, Leónidas junto a sus amigos intentarán llegar al fondo de ellos mientras se desarrolla como mago y se convierte en el más fuerte de todos.
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UN PROBLEMA TRAS OTRO
La pelea entre Gull, el seguidor de Byron, y los magos del reino de Grand Village continuaba con furia en el aire. El ambiente estaba cargado de tensión, con hechizos volando por doquier y el suelo temblando bajo el impacto de la magia oscura. De repente, una figura sombría, el Hombre Misterioso, se acercó al Padre de Leónidas, quien observaba la batalla con una expresión dividida entre el deber y el miedo por su familia.
—Eres un chiste, número dos —dijo el Hombre Misterioso con una voz fría y burlona.
El Padre de Leónidas lo miró confundido, pero el misterioso continuó.
—Fácilmente podrías derrotarlo.
—¿Qué? —preguntó el Padre, su voz temblando ligeramente.
—¿Por qué no lo atacas? —insistió el Hombre Misterioso, y luego añadió, señalando con la mirada—: Mira a Leónidas.
El Padre giró la cabeza hacia su hijo, Leónidas, quien estaba cerca, inocente de la gravedad de la situación. El Hombre Misterioso, sin dudar, actuó con rapidez. Atacó por detrás a Leónidas, noqueándolo con un golpe preciso pero no letal. El niño cayó al suelo, inconsciente.
—¡Oye! —gritó el Padre, alarmado.
—¿Qué hiciste? —exigió saber, acercándose a su hijo.
—Solamente lo puse a dormir un rato —explicó el Hombre Misterioso con calma—. Así podrías luchar sin problemas.
—¿A qué te refieres? —preguntó el Padre, aún confuso y protector.
—No te hagas el tonto, número dos —replicó el misterioso—. El rey está muy enojado desde tu desaparición del reino.
El Padre se quedó en silencio por un momento, procesando las palabras. "...", murmuró para sí mismo. Luego, con determinación, respondió:
—Ese ya no es mi problema... Ahora tengo una familia... Y yo la protegeré.
El Hombre Misterioso sonrió bajo las sombras.
—Nos vemos luego, número dos —dijo, y desapareció en la oscuridad.
El Padre intentó detenerlo: "Oye, espera...". Pero ya era tarde. "Maldición...", masculló, sintiéndose abrumado. Estaba preocupado y no sabía qué hacer en ese momento. Su esposa, la Madre de Leónidas, se acercó con preocupación.
—Cariño... —dijo ella suavemente.
—¿Sí? —respondió él, volviéndose hacia ella.
—Pelea... yo cuido a Leónidas —le instó ella, tomando al niño en brazos.
—Pero... —protestó él, dudando.
—Tranquilo, él no sabrá nada aún —lo calmó ella.
—De acuerdo —aceptó finalmente el Padre, preparándose para la batalla.
Gull, el antagonista, observó la escena con desdén.
—¿Acabaste tu acto de paternidad? —se burló—. Es hora de que mueran...
—Cállate... —gruñó el Padre, su ira encendida.
Gull levantó una ceja: "¿?". Uno de sus subordinados, un Soldado Oscuro, intervino furioso.
—Nadie le dice eso a mi señor —declaró, lanzándose sobre el Padre para atacarlo de frente.
El Padre, sin inmutarse, respondió: "No necesitamos interrupciones". Con un gesto poderoso, envió al Soldado Oscuro volando hacia atrás, atravesando varias paredes con un estruendo ensordecedor.
Gull se quedó boquiabierto, incapaz de procesar lo que acababa de ver. El Soldado Oscuro jadeaba en el suelo: "...". Gull pensó para sí: "No pudo ver su ataque...".
—¿Qué acabas de hacer? —preguntó Gull, sorprendido.
—Solo quité a los débiles del camino —replicó el Padre con frialdad.
—¿Débiles? —repitió Gull, y luego murmuró: "Hmm".
—Supongo que solamente tuviste suerte —dijo Gull, recuperando la compostura.
—Ahora sigues tú —amenazó el Padre.
Gull rio: "Ja, ja, ja... Pobre...". Lanzó un ataque de oscuridad, una oleada de sombras que devoraba la luz. Pero el Padre lo bloqueó con facilidad.
—¿Lo bloqueó? — exclamó Gull, incrédulo.
El Padre invocó su poder: "Dios del fuego, préstame tu espada sagrada...".
—¿Espada sagrada? —preguntó Gull, palideciendo—. Oye... acaso...
—Así es —confirmó el Padre—. Soy el mago de fuego más fuerte del reino... Soy el número dos...
—¡¿Qué?! —gritó Gull, atónito.
El número dos atacó con la espada sagrada, infligiendo daño a Gull, quien se defendió como pudo. El Padre demostraba ser muy hábil con la espada, cortando a través de la oscuridad. Gull gimió: "Ahggg...".
—Debo salir de aquí... —murmuró Gull, herido—. Nos volveremos a ver muy pronto... la próxima vez seré más fuerte que tú.
El Padre lo miró en silencio: "...". Gull logró huir, dejando a su soldado derrotado atrás.
Hitoka llegó al lugar media hora después, encontrando el caos.
—¡Jill! —gritó, corriendo hacia la Profesora Jill, quien yacía noqueada.
—¿Estás bien, Jill? —preguntó preocupada.
Jill se despertó confusa: "...¿Qué pasó?".
—No lo sé —explicó Hitoka—. Cuando regresé ya no estaba ese tal Gull. Pero vine con número ocho.
Al día siguiente, en la academia, los estudiantes charlaban sobre el incidente.
—Oigan, ¿se enteraron del incidente de ayer? —preguntó Della.
—¿Qué pasó? —inquirió Blake.
—Parece ser que unos tipos malos vinieron y causaron un caos —contó Della.
—¿Y? —dijo Blake.
—Los magos de la corte pudieron derrotarlo fácilmente, así que a no preocuparse —añadió Della.
—Claro, ellos son muy fuertes —asintió Blake.
—¿Qué opinas, Leónidas? —preguntó Della.
—Mmm... no lo sé, tampoco me importa —respondió Leónidas con indiferencia.
—Una respuesta típica de ti —rio Della.
Blake miró el reloj: "Rápido, llegaremos tarde a clases".
—Claro —dijo Leónidas.
En una base secreta del reino, la interrogación continuaba.
—Dinos, ¿para quién trabajas? —exigió la Profesora Jill al Soldado Oscuro capturado.
—No diré ninguna palabra... —se negó él.
—¿Para Gull? —insistió Jill.
El Soldado guardó silencio: "...".
—¿Gull trabaja solo? —preguntó Jill.
Otra vez silencio: "...".
—¡Responde! —gritó Jill.
Más silencio: "...".
—Cálmate, Jill, ya hablará —intervino Hitoka.
El Soldado Oscuro rompió el silencio: "Son unos tontos... nuestro líder muy pronto vendrá y acabará con este reino...".
El Hombre Misterioso apareció: "¿Hablas de Byron?".
—¿Cómo lo sabes...? —preguntó el Soldado, sorprendido.
—Eso responde a mi pregunta —dijo el misterioso.
El Soldado desvió la mirada: "...".
—¿Creen que Gull trabaja para Byron? —preguntó Jill.
—Es posible... —confirmó el Hombre Misterioso.
Hitoka se quedó pensativa: "...".
—Prepárense —advirtió el misterioso—. Pronto habrá una reunión.
—Está bien —aceptó Jill.
—Por supuesto —añadió Hitoka.
Los ciudadanos y los magos del reino de Grand Village seguían bajo una amenaza mayor. ¿Estaría el número dos en esa reunión? El futuro del reino pendía de un hilo, con sombras acechando en cada esquina.
El reino de Grand Village se mantiene bajo una amenaza mayor. ¿Podrán protegerse a futuro de Byron y Gull?