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¡FUERA CUCARACHO 5 LA MAMÁ GORDITA ES LA JEFA DEL CLAN MAFIOSO!

¡FUERA CUCARACHO 5 LA MAMÁ GORDITA ES LA JEFA DEL CLAN MAFIOSO!

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Autosuperación / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Eliana Casillas nunca soñó con gobernar un imperio criminal. Gordita, bondadosa y aparentemente inofensiva, siempre prefirió mantenerse al margen de las luchas de poder de su familia. Pero cuando las traiciones amenazan con destruir al clan Casillas y la vida de su pequeña hija Chloe corre peligro, descubre que su mayor fortaleza no está en las armas, sino en su inteligencia.
Entre enemigos disfrazados de aliados, secretos familiares y una conspiración que pretende arrebatarle todo, Eliana tendrá que demostrar que subestimarla fue el peor error de sus adversarios.
Con el destino de su hija en juego y la lealtad de los suyos puesta a prueba, la heredera inesperada deberá tomar el control del imperio.
Porque ser gordita no significa ser débil, y tocar a su familia tiene un precio.
¡Fuera cucarach@s! La nueva jefa ha llegado, y no piensa pedir permiso.

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El testimonio y la red oculta

Doña Inés sirvió dos tazas de té humeante, aunque nadie tenía muchas ganas de beber. Se sentó frente a ellos, juntó las manos sobre la mesa de madera y respiró hondo varias veces antes de empezar. Se notaba que llevaba días cargando con un peso demasiado grande para llevarlo sola.

—Todo empezó hace unos cuatro meses —empezó, con voz baja pero firme—. Valeria llegó como una visita más. Educada, amable, siempre diciendo lo que Don Julián necesitaba escuchar. Al principio me alegré por él. Después de perder a su señora, hacía diez años que vivía solo y se le veía cada vez más cansado. Pensé que por fin había encontrado compañía. Pero poco a poco las cosas cambiaron. Empezó a pedirme que le enseñara dónde estaban los archivos antiguos, cómo se organizaban las facturas, dónde guardaba las llaves de los cajones. Decía que quería ayudar a poner todo en orden, que Don Julián estaba muy ocupado y ella solo quería aliviarle carga. Y como él mismo me lo pidió, accedí. No sospeché nada malo. Hasta que un día… vi algo que no debía.

Hizo una pausa y miró hacia la ventana, como si quisiera asegurarse de que nadie estuviera escuchando afuera.

—Entré al despacho para dejar unos documentos y ella estaba sentada en el escritorio de Don Julián. Con su pluma en la mano. No estaba escribiendo una carta. Estaba practicando su firma. Una y otra vez, en una hoja aparte. Cuando me oyó entrar, escondió el papel de inmediato y se puso de pie muy nerviosa. Me dijo que solo estaba copiando una nota que él le había dejado para recordar cómo solía escribir. Pero su voz temblaba. Y yo vi cómo arrugaba esa hoja y la metía en su bolso. Ese día empecé a vigilar más de cerca. Y descubrí que recibía visitas cuando Don Julián no estaba. Hombres que llegaban en autos sin placas, que entraban por la puerta trasera y que nunca se registraban en la entrada. Hablaban en voz baja, cerca de la biblioteca, y siempre se marchaban antes de que él regresara. Una tarde escuché parte de una conversación. Dijeron algo sobre “cuando caiga él, la heredera será fácil de manejar” y que “la niña era el seguro más valioso”. No supe qué significaba hasta ahora. Cuando vi que se lo llevaron a Don Julián… supe que no era una coincidencia. Era todo planeado desde el principio.

Eliana sintió cómo se le helaba la sangre. No era solo dinero ni poder. Habían planeado dañar a su familia desde antes de que ella siquiera sospechara que existían. Y mencionar a Chloe… eso cruzaba una línea que jamás deberían haber cruzado.

—¿Reconoce a alguno de esos hombres? —preguntó Marcos, sacando su libreta y un bolígrafo—. ¿Vio rostros, escuchó nombres?

—Solo vi a uno con más claridad —respondió Doña Inés, cerrando los ojos para recordar mejor—. Un hombre alto, de unos treinta y cinco años, siempre vestido con traje gris oscuro. Se portaba muy educado, pero sus ojos… no eran amables. Una vez escuché a Valeria llamarlo Ramiro.

Eliana apretó los dientes. La imagen de ese hombre amable del hospital, ayudándole a recoger sus papeles, se transformó en algo repulsivo. Cada sonrisa, cada palabra suya, había sido una mentira calculada. Se acercó a ella sabiendo exactamente quién era y qué tenía que perder. Y lo peor de todo: había usado a su hija como puerta de entrada.

—Ese testimonio es muy importante —dijo Leonardo con seriedad—. Pero también es peligroso. Valeria no dudará en silenciarla si descubre que nos habló. Por eso le pedimos que se quede aquí, tranquila, pero atenta. Le enviaremos protección sin que se note. Nadie va a hacerle daño. Le doy mi palabra.

—Gracias —susurró ella, con lágrimas en los ojos—. Solo quiero que Don Julián sepa que no todos le fallamos. Que yo no me fui por elección. Que me sacaron para que no estorbara.

—Él lo sabe —le aseguró Eliana, tomándole la mano—. Y le agradece profundamente su lealtad. Ahora necesito pedirle una cosa más: ¿recuerda qué documentos exactos revisaba Valeria con más frecuencia? ¿Había carpetas que sacaba una y otra vez del mismo lugar?

Doña Inés asintió con firmeza.

—La carpeta de propiedades del norte. Los terrenos que su abuelo compró allá. Y también los libros de actas del consejo familiar. Los llevaba a su habitación por las noches y los devolvía al amanecer. Nunca los dejaba fuera de su vista. Como si temiera que alguien los viera.

Eliana lo anotó todo en su propio cuaderno. Las piezas empezaban a encajar. No era dinero suelto lo que buscaban. Era tierras, propiedades, negocios enteros que pasaban de nombre mediante documentos que solo alguien dentro de la casa podía falsificar con éxito. Valeria era la llave, pero no era quien realmente manejaba todo el operativo. Alguien más grande estaba detrás. Alguien que la usaba como escudo mientras se quedaba con lo de verdadero valor.

—Tenemos que entrar a la mansión —dijo Santiago cuando salieron y se subieron al auto—. Si esos documentos están ahí, si hay copias originales que demuestren que las firmas fueron alteradas, necesitamos encontrarlas antes de que ella las destruya. Si las quema o las esconde, perdemos nuestra mejor prueba.

—No podemos entrar así nomás —respondió Marcos—. Hay seguridad privada nueva en la casa, gente que no conocemos. Si nos ven, nos culparán de allanamiento. Valeria usaría eso para decir que somos peligrosos y nos meterían presos también. No podemos caer en su trampa.

Eliana miró por la ventana, pensando. Tocó el anillo bajo su manga, sintiendo su presencia reconfortante. Tenía razón Marcos: no podían actuar como delincuentes. Pero tampoco podían esperar sentadas a que ella borrara todas las pruebas. Entonces la idea llegó a su mente, clara y precisa.

—No entramos nosotros —dijo de pronto—. Ella me invitó a irme de la casa. Pero no me prohibió entrar a recoger mis cosas. Ni las de mi padre. Mañana por la mañana iré. Sola. Diré que vine a buscar algunos objetos personales que se quedaron cuando me fui de visita la noche de la gala. No podrá negarme el acceso sin levantar sospechas ante los vecinos y el personal. Mientras la distraigo, uno de ustedes entra discretamente por la puerta trasera, donde Doña Inés decía que entraban los visitas secretas. Revisa el despacho, busca la carpeta del norte y los libros de actas. Los saca, los copiamos, y los devolvemos antes de que ella note que faltan. Nadie entra rompiendo nada. Nadie roba nada. Solo recuperamos la verdad.

Los tres primos se miraron entre sí. Era arriesgado. Si Valeria sospechaba, podría encerrarla allí dentro, acusarla de robo, de cualquier cosa. Pero era la única oportunidad que tenían de conseguir pruebas sin violar la ley.

—Voy contigo hasta la puerta —decidió Leonardo—. Si no sales en cuarenta minutos, entro. No importa qué haya adentro. No te dejo sola en esa casa más tiempo del necesario. ¿Trato hecho?

—Trato hecho —asintió Eliana.

Esa noche, al acostarse junto a Chloe, Eliana sintió el peso de lo que haría al día siguiente. No tenía miedo por sí misma. Pero el miedo a que algo saliera mal y su hija se quedara sola la helaba por dentro. Le acarició el cabello suavemente y le prometió en silencio: Mamá va a recuperar lo nuestro. Y nadie, nadie, nos va a volver a hacer daño.

Pero mientras ella cerraba los ojos, en una habitación de la mansión, Valeria hablaba por teléfono con voz cortante y fría, sin rastro de amabilidad:

—Ella sabe que estuvimos aquí. Doña Inés habló. Sí, me aseguraré de que no vuelva a ser problema. Y la carpeta… ya está a salvo. No se preocupe. Cuando Eliana venga mañana, la recibiré. Seré encantadora. Y veremos qué intenta buscar. Si se porta mal… tendré el motivo perfecto para que nadie la deje acercarse a esta casa nunca más. Que venga. Estoy lista para ella.

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Ivyta🇦🇷💙💛💙
amo tus novelas! te falta uno de amor entre mujeres 🙏🏾 porfis! ❤️
Ivyta🇦🇷💙💛💙: la que se te ocurra! tenés una escritura que me atrapa y varias veces me he ido a dormir tarde🤣
total 2 replies
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