Olivia Ivanov nunca creyó en el amor. Hija de un poderoso patriarca ruso, hermosa, filosa y dueña de su destino, está segura de una sola cosa: ningún hombre va a quitarle el control. Hasta que una noche besa a un jeque para provocarlo… y descubre, demasiado tarde, que jugó con fuego.
Fasal Al-Rashid Al-Mansour tiene un imperio, un palacio, una tigresa por mascota y una regla: siempre consigue lo que quiere. Y quiere a la única mujer que se atreve a desafiarlo, a reírse en su cara y a marcharse sin mirar atrás.
Lo suyo iba a ser solo una aventura. Sin promesas. Sin ataduras. Sin sentimientos.
Entonces Olivia huye del país sin despedirse… llevándose un secreto que lo cambiará todo.
Cuando el destino los reúne, entre lujo, deseo y una familia dispuesta a destruirlos, Olivia y Fasal tendrán que decidir hasta dónde están dispuestos a llegar por un amor que ninguno de los dos buscaba —y que ya no pueden negar.
Traición, pasión, venganza y segundas oportunidades. Una historia de amor tan ardiente como peligrosa, donde la mujer que lo abandonó es la única capaz de salvarlo.
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Capítulo 3 — Entre los dos
Fasal
Mis ojos siguen en ella.
En Olivia.
Intento prestar atención al movimiento del salón, a la gente alrededor y a las conversaciones, pero no puedo. Mi atención siempre vuelve a ella.
Entonces Olivia gira el rostro.
Está tan cerca que, por un instante, nuestros ojos se encuentran.
Antes de que yo alcance a decir nada, se inclina y roza sus labios con los míos.
Es solo un toque rápido.
Pero mi cuerpo reacciona al instante.
Cuando se aparta, todavía trae esa sonrisa provocadora en la cara.
—Sácame de aquí.
Aprieto la mandíbula.
Esta mujer sabe exactamente lo que está haciendo.
O quizá sea aún peor: quizá se esté divirtiendo con mi reacción.
Olivia se vuelve hacia la gente de alrededor y anuncia, como si no acabara de besarme:
—Yo me voy.
No discuto.
Le pongo la mano en la espalda y la conduzco fuera del salón.
En cuanto cruzamos las puertas, el ruido de la fiesta disminuye. El aire fresco de la noche golpea el rostro.
Mi limusina está estacionada justo enfrente.
Los soldados rusos se dirigen a su propio coche, mientras Youssef ya nos espera.
Cuando llegamos, abre la puerta trasera.
—Señor.
Le hago un gesto a Olivia para que entre primero.
Ella se acomoda el vestido y se instala en el asiento con la mayor tranquilidad, como si no acabara de robarme un beso y de sacarme de una fiesta.
Entro justo detrás.
La puerta se cierra.
Por unos segundos, nos quedamos en silencio.
Hasta que noto un movimiento en el asiento de al lado.
Malika despertó.
Mi pequeña fiera levanta la cabeza y mira a Olivia.
Después se pone de pie.
Camina despacio hacia mi mujer.
Olivia sigue cada uno de sus movimientos, sin retroceder.
Malika le olfatea la mano y después el vestido.
Observo con atención.
Cualquier otra persona ya se habría apartado. Olivia solo extiende la mano y le acaricia la cabeza a la tigresa.
Malika cierra los ojos unos segundos.
Después se echa a sus pies.
No puedo contener una risa.
—Parece que te ganaste una admiradora.
Olivia mira a Malika y luego a mí.
—Creo que le caí bien.
Cruza las piernas y se acomoda en el asiento.
—Y bien, ¿adónde va a llevarme el ilustre jeque?
Me inclino un poco hacia adelante.
—Tú me pediste que te sacara de ahí, dulzura.
Hago una pausa.
—Ahora vas a descubrir adónde llevo a las mujeres que me roban un beso y después fingen que no pasó nada.
Ella sonríe.
La limusina avanza por las calles de la ciudad. Las luces de los edificios pasan por el vidrio oscuro mientras el coche sigue su marcha.
Olivia observa el paisaje unos minutos.
Yo sigo mirándola a ella.
Malika permanece echada a sus pies, completamente tranquila.
Es curioso. Mi tigresa no suele confiar tan rápido en la gente.
—Está muy silencioso, jeque —comenta Olivia.
Sonrío.
—Vamos a un lugar donde el silencio no suele durar mucho.
Ella arquea una ceja.
—¿Eso debería preocuparme?
—Tal vez.
Ella ríe bajito.
El coche toma una curva y entra en una de las zonas más sofisticadas de la ciudad.
Olivia vuelve a mirarme.
—¿Adónde vamos, a todo esto?
Cruzo los brazos.
—A mi emprendimiento más nuevo.
Ella parece sorprendida.
—¿Tuyo?
—Mío y de Enrico Lombardi.
El nombre le llama la atención.
—¿Enrico está metido en esto?
—Somos socios.
Hago una pequeña pausa.
—Es un polo gastronómico.
Ella frunce el ceño, curiosa.
—¿Un polo gastronómico?
—Restaurantes, bares, lounges, espacios exclusivos. Todo en un mismo complejo.
Ella vuelve a mirar por la ventana.
—¿Y decidiste traerme justo aquí?
—Lo decidí.
—¿Por qué?
Me inclino hacia adelante y apoyo los brazos sobre las rodillas.
—Porque quiero mostrarte algo que es mío.
Ella se queda en silencio unos segundos.
Después vuelve a sonreír.
—¿Estás tratando de impresionarme, jeque Fasal?
La forma en que pronuncia mi nombre hace que mi sonrisa se desvanezca por un instante.
—No, dulzura.
La miro directo a los ojos.
—Apenas estoy empezando.
Poco después, llegamos.
Youssef abre la puerta en cuanto la limusina se detiene frente a la entrada principal.
Bajo primero y le extiendo la mano a Olivia.
Ella la acepta.
—Ven.
La conduzco adentro.
En cuanto se abren las puertas, nos recibe el movimiento del lugar. Música, conversaciones, risas, copas que chocan y el aroma de los restaurantes esparcido por el ambiente.
Llevo a Olivia directo a la zona VIP.
Subimos hasta el mezzanine reservado.
Ella se acerca a la baranda de vidrio y mira hacia abajo.
Desde ahí, alcanza a ver prácticamente todo el complejo.
Los restaurantes, las mesas ocupadas, las luces, el ir y venir de los clientes.
—Guau…
Me acerco a ella.
—¿Te gustó?
Ella sigue observándolo todo.
—Es precioso.
Me detengo detrás de ella.
Mis manos encuentran su cintura.
Olivia nota que me acerco, pero no se aparta.
Giro su cuerpo despacio hasta quedar frente a frente.
Ella levanta el rostro.
Nuestros ojos se encuentran.
Esta vez, ninguno de los dos necesita decir nada.
Acerco el rostro y beso a Olivia.
Ella corresponde de inmediato.
El beso empieza tranquilo, pero enseguida se vuelve más intenso.
Su mano se apoya en mi pecho mientras sostengo su cintura.
Por unos segundos, me olvido por completo de dónde estamos.
Cuando Olivia se aparta, me quedo mirándola.
Respira hondo y me sostiene la mirada, como si intentara entender qué estoy pensando.
Inclino la cabeza.
—¿Qué pasa, dulzura?
Ella tarda unos segundos en responder.
Luego cruza los brazos.
—Esto solo va a funcionar entre nosotros si es algo casual.
Me quedo en silencio.
Casual.
La miro, tratando de entender si habla en serio.
—¿Casual? —repito.
Ella asiente.
—Exacto. Sin reclamos. Sin promesas. Sin expectativas.
Doy un paso hacia ella.
—¿Y de verdad crees que voy a conformarme con tan poco?
Olivia inclina la cabeza.
—No sé, Fasal. Me trajiste hasta aquí. Tal vez estés dispuesto a intentarlo.
Me paso la lengua por los labios mientras sigo mirándola.
Esta mujer acaba de poner reglas para algo que ya se está volviendo difícil de controlar.
—¿Me estás proponiendo un trato, dulzura?
—Estoy poniendo una condición.
Mi sonrisa se ensancha.
—¿Y si no acepto?
Ella se encoge de hombros.
—Entonces volvemos a esa fiesta y fingimos que este beso nunca pasó.
Suelto una risa.
De verdad cree que puede simplemente volver a la fiesta después de esto.
Me acerco hasta quedar lo bastante cerca para hablar en voz baja.
—Puedes llamarlo casual todo lo que quieras.
Mantengo mis ojos en los suyos.
—Pero no esperes que logre tratarte como algo pasajero.