NovelToon NovelToon
Señor Valdés, quiero el divorcio

Señor Valdés, quiero el divorcio

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / Juego de roles / Triángulo amoroso / Amante arrepentido
Popularitas:489
Nilai: 5
nombre de autor: Alma Varela

El día de su cumpleaños, Elena Robles recibe decenas de felicitaciones. Ninguna viene de su esposo.
Mientras ella espera un abrazo, sus mellizos preparan un regalo para Marina, la media hermana de Elena. Adrián Valdés también tiene claras sus prioridades: Marina siempre va primero.
Después de años intentando ganarse un lugar en su propia familia, Elena deja su anillo junto a los papeles del divorcio y se marcha. Esta vez, no busca que él la siga. Quiere recuperar su vida.
Vuelve a la empresa tecnológica que ayudó a fundar y retoma la carrera que dejó por su matrimonio. Quienes la subestimaban solo conocían a una esposa callada. Están a punto de descubrir de lo que es capaz.
Adrián está acostumbrado a que Elena siempre lo espere.
¿Qué hará cuando ella deje de hacerlo?

NovelToon tiene autorización de Alma Varela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Capítulo 13. Para ella sí tenía tiempo

Era Beatriz.

Elena miró hacia la terraza.

Adrián estaba con su hermana, fumando. La luz quedaba detrás de él y no le permitía distinguir su expresión.

No respondió.

Beatriz continuó.

—Puedo entender que te guste Marina. La he visto varias veces. Tiene veinticinco años, un doctorado de una de las mejores universidades del mundo y, por lo que dicen, sabe manejar los asuntos de su familia. Es bonita, tiene carácter...

Elena se quedó donde estaba.

—Claro que llama la atención —añadió Beatriz—. Pero ya sabes cómo empezó la relación de sus padres. ¿Estás seguro de que quieres...?

—Sé qué mujer quiero a mi lado —la interrumpió Adrián.

Beatriz frunció el ceño.

—Solo te estoy diciendo...

Vio su expresión y abandonó la frase.

No apreciaba a Elena, pero tampoco aprobaba a Marina. Aun así, su hermano no parecía dispuesto a escuchar ni una objeción.

—Está bien. Ya entendí. No se puede decir nada de ella.

Elena cerró las manos.

El aire de la noche le enfriaba las mejillas. Desde allí había escuchado a Adrián defender a Marina sin dudar.

No quiso oír más.

Se dio la vuelta.

En cuanto se alejó, Beatriz recordó otra cosa.

—Por cierto, Elena dice que va a dejar la empresa. ¿Ya renunció?

—Sergio me dijo hace dos días que había hecho algo mal. Le indiqué que siguiera el procedimiento si quería despedirla.

Beatriz soltó una risa.

—Entonces fue eso. Lo contó como si se hubiera ido por decisión propia. Ya me parecía raro que quisiera dejar de trabajar cerca de ti.

Adrián no aclaró nada.

Para él, el asunto no merecía más conversación.

***

Al volver al segundo piso, Elena estuvo a punto de chocar con Tomás, que iba bajando.

Los dos se detuvieron.

—Perdón —dijo él enseguida—. ¿Estás bien?

Tomás era, además de Carmen, el único miembro de la familia que solía tratarla con cariño.

—Sí, no pasó nada.

Era muy pequeño cuando ella y Adrián se casaron. No entendía bien los problemas de los adultos. Había conocido a Elena como una mujer amable que nunca discutía con su hermano y siempre parecía dispuesta a perdonarlo.

Con los años supo más de lo que había ocurrido. Eso no cambió el afecto que le tenía.

La vio seria y se rascó la cabeza.

—No te pongas triste. Eres muy buena con él. Algún día mi hermano va a darse cuenta.

Elena lo miró.

No quería explicarle allí que ya había pedido el divorcio.

—Gracias, Tomás.

—Voy por algo de tomar. Tú descansa. Ya es tarde.

—Buenas noches.

Elena volvió al dormitorio. Apagó la luz principal y dejó encendida la lámpara junto a la cama.

Apenas se acostó, oyó los pasos de Adrián.

Abrió los ojos.

Él entró y la miró.

Antes, Elena se habría levantado. Habría recibido su saco, buscado su pijama y preparado el baño. Le habría preguntado si necesitaba algo y habría aprovechado cualquier respuesta para hablar con él.

Esa noche se quedó en la cama.

Volvió a cerrar los ojos.

Adrián notó la diferencia.

No le interesaban las atenciones de su esposa, pero estaba acostumbrado a recibirlas. Supuso que se había molestado por algo y estaba haciendo un pequeño reclamo.

No quiso preguntar qué le ocurría.

—Los trámites de la escuela ya están listos. Mañana llevas a Lucía y Mateo.

—Está bien.

Él fue al vestidor.

Elena lo observó unos segundos.

Quería preguntarle cuándo podrían formalizar el divorcio. Llevaba más de dos semanas esperando una respuesta.

Pero Adrián tenía mucho trabajo. Ella suponía que, cuando todo estuviera listo, se lo comunicaría sin necesidad de insistir.

Al fin y al cabo, creía que él deseaba separarse todavía más que ella.

Por eso no había vuelto a preguntarle.

Sonó el celular de Adrián.

—Hola.

Elena reconoció el cambio en su voz.

Con ella hablaba como si cada palabra le quitara tiempo. Ahora su tono era suave.

No necesitaba ver la pantalla para saber quién estaba llamando.

Adrián soltó la puerta del armario.

—Voy para allá.

Salió del dormitorio con paso rápido.

No le dijo adónde iba. Tampoco le preguntó si necesitaba algo.

Elena no lo llamó.

Unos minutos después oyó el auto alejarse de la casa.

Apagó la lámpara.

***

Se despertó poco después de las seis. Tenía que llevar a los niños a la escuela y la casa quedaba lejos.

El otro lado de la cama seguía vacío.

Adrián no había regresado.

Elena miró la hora y se levantó. Fue al cuarto de los mellizos.

La puerta seguía cerrada con seguro.

Tocó.

Tuvo que esperar antes de que Lucía abriera.

—Mamá, ¿por qué haces tanto ruido? Me duele la cabeza.

La niña había hablado con Marina la noche anterior. Marina le había dicho que era normal que su mamá los acompañara, pero Lucía creyó escuchar tristeza en su voz.

Se había sentido culpable. Había dormido mal.

Ahora descargaba el enojo en Elena.

Mateo se incorporó en la otra cama y preguntó la hora.

—Hay que salir temprano —respondió Elena—. Si no se levantan, llegamos tarde.

Lucía volvió a dejarse caer sobre su colchón.

Ni siquiera tenía ganas de ir a la escuela si no podía ir con Marina.

Sabía, sin embargo, que no podía faltar por eso.

—Ya voy.

Pasaron unos segundos.

—Mamá, ¿me pones la pasta en el cepillo?

—Sí.

Elena fue al baño. Preparó el cepillo de Lucía y dejó el de Mateo a su alcance.

Mientras tanto, la niña tomó el celular.

«Buenos días, Marina».

Después se levantó para lavarse los dientes.

Mateo fue detrás, todavía medio dormido.

Elena les alcanzó unas toallas húmedas para la cara y abrió el armario.

—¿Qué quieren ponerse?

Lucía miró hacia el interior.

—Ya sé vestirme sola. Puedes salir.

Mateo asintió.

—Yo también.

Elena cerró el armario.

—Está bien.

En cuanto se fue, Lucía sacó la chamarra con estampado de camuflaje que había llevado desde casa. Marina la había escogido para ella el día anterior.

Mateo buscó la sudadera y la gorra que Marina había elegido para él.

Aquella noche querían ir a verla competir.

Lucía se puso la chamarra frente al espejo.

Iba a usarla para animar a Marina.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play