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Gemelos genios y un CEO implacable

Gemelos genios y un CEO implacable

Status: Terminada
Genre:CEO / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Una noche que no debía ocurrir. Un secreto que dura siete años. Y dos niños dispuestos a cambiarlo todo.

Ariana lo había perdido casi todo: el cariño de su padre, su lugar en casa, su sueño de estudiar. Lo único que le quedaba era su tenacidad. Hasta que una trampa cruel la arroja a los brazos de Edgar Alcázar, el presidente del imperio empresarial más poderoso del país, un hombre tan atractivo como glacial. Al amanecer, ella huye con un secreto que jamás imaginó llevar.

Siete años después, Ariana ha rehecho su vida lejos de todo, convertida en madre de unos gemelos que no son niños comunes: Rayan y Zayan son dos pequeños genios capaces de hackear cualquier sistema... y de trazar el plan maestro para encontrar al padre que nunca conocieron.

Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, Edgar no piensa dejarla ir por segunda vez. Pero entre ellos se interponen viejas heridas, un comisario que la protegió en silencio durante años y una familia dispuesta a todo con tal de arrebatarle la herencia al heredero.

¿Podrá el amor sobrevivir a siete años de mentiras y a los secretos que aún no han salido a la luz?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24

Ramiro se movió veloz, atrapó la muñeca de Ariana, hizo girar el cuerpo de la mujer y la fue llevando despacio detrás de su espalda, interponiéndose adrede para apartarla del alcance de Edgar.

Edgar se sobresaltó. Aquel avance tan protector de Ramiro, con un aire hasta posesivo, le hizo hervir la sangre en el pecho.

Ja... ¿Este es el que dice considerar a Ariana como a una hermana, y ella a él como a un hermano? Pues desde donde yo lo veo no parece nada de eso... ¡Te comportas como un hombre celoso!, rumió Edgar por dentro, con la mirada afilada y la molestia a flor de piel.

Al sentir el alboroto adentro, los gemelos, que estaban en el porche, entraron corriendo. Sus pasitos se frenaron en seco al encontrar a Ramiro de pie, con el rostro tenso y encendido de rabia.

—Tío... ¿Cuándo entraste? ¡Si nosotros estábamos jugando en el porche! —dijo Rayan, extrañado.

Ramiro se esforzó por dominar su expresión y curvó una sonrisa leve.

—Entré por la puerta lateral, mientras ustedes estaban distraídos —respondió, tratando de sonar lo más suave posible.

Zayan, siempre perceptivo, notó de pronto que la atmósfera de la habitación estaba tensísima. Miró de reojo a su padre, plantado como una estatua, con la mirada fría clavada en Ramiro y los dos puños apretados a los costados del cuerpo.

Rayan se acercó a Ramiro, dispuesto a poner el pecho para explicar la presencia de Edgar. Claro que a Ramiro se le fue el alma a los pies al darse cuenta de que los gemelos ya sabían la verdadera identidad de Edgar Alcázar como su padre biológico.

—¿De dónde sacaron ustedes dos que este hombre es su papá? —preguntó Ramiro, perplejo, con las cejas muy juntas.

—¡Secreto, tío! Lo único que queremos es que papá Edgar pueda estar con mami. Te lo suplicamos, tío: deja que papá y mami conversen y aclaren todos esos malentendidos de estos años —respondió Rayan, firme y suplicante a la vez.

Al oír aquel ruego inocente salir de la boca de Rayan, a Ramiro se le oprimió el pecho. No lo aceptaba del todo, pero también sabía que no tenía derecho a impedir que aquella sangre se uniera.

Ramiro se dio media vuelta y miró de frente los ojos de Ariana.

—Ariana... todas las decisiones están en tus manos. Yo solo trato de protegerte a ti y a los niños de quien les quiere hacer daño.

Ariana dibujó una sonrisa dulce y sincera. Se acercó y le tomó los dedos con fuerza, para calmarlo y tranquilizarlo.

—Gracias, Ramiro... Sé que nos quieres muchísimo.

De un modo invisible, a Edgar se le incendió el pecho al presenciar la escena. Una desazón violenta lo sacudió al ver que la mujer que durante siete años había ocupado todo el espacio de su añoranza sujetaba con fuerza la mano de otro hombre, ahí, delante de sus ojos.

Edgar cerró los ojos un instante y soltó un suspiro pesado para contener la ira y no estallar allí mismo.

Domina tus emociones, Edgar. No pierdas la cabeza, o harás que Ariana y los gemelos te odien. Recuerda... Ramiro tuvo un papel enorme en salvarles y cuidarles la vida todos estos años, se advirtió Edgar a sí mismo.

Ariana respiró hondo, dio un paso al frente y habló con voz serena.

—Ramiro, no tengo intención de defender al señor Edgar. Él ya me explicó lo que de verdad pasó todo este tiempo, lo que yo no sabía... Sobre lo de David, que quiso hacerme daño aquella vez, no podemos culpar al señor Edgar por completo. Él también estuvo en la posición de víctima, igual que yo —dijo Ariana con honestidad y sin rodeos.

Al escuchar aquella respuesta de Ariana, que no culpaba a Edgar y hasta parecía defenderlo, a Ramiro le dio de pronto una punzada de dolor en el pecho.

¿Por qué me duele tanto el corazón al oírte defenderlo, Ariana? ¿Acaso te gusta ese hombre... el que destrozó tu futuro? ¿Por qué le abres el corazón con tanta facilidad a un desconocido? Aunque sea el padre de los gemelos, eso no significa que tengas que estar con él... ¿Por qué no soporto la idea de que estés con él? Dios mío... resulta que Renata tenía razón: me enamoré de Ariana sin darme cuenta. El pensamiento golpeó a Ramiro, incrédulo ante sus propios sentimientos.

Ramiro esbozó una sonrisa amarga y forzada.

—Está bien, si esa es tu decisión... ya no puedo hacer nada. Mi tarea de cuidar a Rayan, a Zayan y a ti, Ariana, parece que ha terminado. Ya no necesitas mi presencia... Entonces, con permiso —dijo Ramiro en voz baja.

Sin esperar respuesta, Ramiro dio media vuelta y se marchó, perdiéndose en la bruma de la noche. La decepción se le notaba grabada en el rostro, y dejó atrás a una Ariana paralizada, sin comprender el cambio de actitud del hombre al que consideraba como a su propio hermano.

Tras la partida de Ramiro, un suspiro de alivio brotó del pecho de Edgar. La situación estaba ahora mucho más bajo control.

—Ariana, vente conmigo a la casa de campo. Mi padre está allá y tiene muchísimas ganas de conocerte —la invitó Edgar con suavidad.

Ariana se sobresaltó y el rostro se le llenó de dudas.

—Señor... me parece que yo no soy la más indicada para conocer al señor Alcázar. Nuestra posición es demasiado...

—¡Vamos, mami! ¡El abuelo es una persona muy buena y comprensiva! ¡Y tiene muchísimas ganas de conocerte! —la cortó Rayan enseguida, atajando las dudas de su madre.

Edgar dibujó una sonrisa encantadora y le tendió la mano a Ariana. Ella contempló esa mano extendida con una sensación desconocida.

—Yo... primero me cambio de ropa. No puedo ir con esta facha, hecha un desastre —dijo Ariana, esquivando la incomodidad, y salió disparada al baño del local para ponerse ropa limpia.

Al ver a Ariana mucho más serena y ablandada que antes, a Edgar se le quitó de pronto el peso de los hombros. Pero su alivio no duró mucho: los gemelos arrancaron enseguida su campaña para provocarlo.

—Uuuy, papá... ¡Qué capo, mira que convencer y ablandar a mami, que es dura como una roca! —lo picó Rayan, dándole un suave codazo en la cintura a su padre.

Zayan se sumó cruzándose de brazos, con una sonrisa traviesa.

—Parece que papá Edgar quiere muchísimo a mami... ¿A que sí, papá?

Al oír aquellas bromas inocentes de sus dos gemelos, Edgar Alcázar, el hombre frío, el empresario rígido al que temían sus rivales de negocios, se puso de pronto nerviosísimo. El rostro se le tiñó de un rubor leve y los dedos se le fueron solos a rascarse la nuca, que no le picaba para nada.

—Ustedes... tan chicos y ya tan buenos para molestar a los grandes —murmuró Edgar, apenado, lo que no hizo más que desatar la risa fresca de Rayan y Zayan.

En el baño en penumbra del local, el murmullo del agua de la llave llenaba el recinto. Ariana la cerró y, despacio, alzó el rostro para mirar fijamente su reflejo en el espejo ligeramente empañado.

La imagen de una mujer con los ojos hinchados y las mejillas aún con un rubor tenue le devolvió la mirada. En su cabeza, la ternura de Edgar de hacía un rato, la caricia suave en su rostro, aquella mirada apacible, el gesto de arrodillarse a pedir perdón, todo giraba una y otra vez como un casete rayado. Un calor había llegado a colársele en el pecho, pero Ariana lo apartó de un manotazo con firmeza.

Ariana se sujetó del borde del lavabo, lo apretó con fuerza y tomó aire hondo.

—¿La amabilidad del señor Edgar Alcázar es solo por los gemelos? —le susurró a su reflejo en voz baja, con un tono frágil y cargado de dudas.

Negó despacio con la cabeza, tratando de hacer entrar en razón a su propia mente para no dejarse arrastrar por lo que sentía.

—Sí... supongo que es justo así —continuó Ariana, susurrándose a sí misma—. Nunca pienses que un hombre rico como él es bueno contigo de corazón, Ariana. No dejes que tu corazón vuelva a tambalearse. Él hace todas estas cosas dulces solo por la felicidad de Rayan y de Zayan... no por ti.

Con las manos un poco temblorosas, Ariana se echó agua fría en el rostro, con la esperanza de que ese frío le enfriara también la cabeza y le cerrara con llave el corazón ante el encanto del empresario del Grupo Alcázar.

Continuará...

1
Noemi Fernandez
makdutos ambiciosos pero haci les va ir
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