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Ahora que me voy, ¿sí me amas?

Ahora que me voy, ¿sí me amas?

Status: En proceso
Genre:Maltrato Emocional / Malentendidos / Dejar escapar al amor
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Alma Varela

Durante seis años, Lucía Morales fue la esposa que Alejandro Valdés mantuvo en secreto. Ante el mundo, él seguía soltero. Con su primer amor, Valeria, era atento y cariñoso. Hasta dejaba que el hijo de ella lo llamara «papá».
Para Lucía, en cambio, solo había desprecio.
Ni siquiera después de una cirugía agotadora, en la que logró salvar una vida, recibió una palabra de preocupación de su marido. Alejandro solo quería exigirle explicaciones por haber tratado mal a Valeria.
Lucía ya había solicitado su traslado a otro hospital. Ahora también estaba lista para quitarse el anillo.
—Quiero el divorcio. Te dejo libre.
Por primera vez, no le pedía que la amara. Le pedía que la dejara ir.
Pero Alejandro se negó.
Creía que ella nunca sería capaz de abandonarlo. Cuando comprende que esta vez va en serio, empieza a perder el control.
Él quiere recuperar a su esposa.
Lucía quiere recuperar los años que perdió esperando que la eligiera.

NovelToon tiene autorización de Alma Varela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

Capítulo 14. No vale la pena por gente así

Alejandro apartó la mirada con indiferencia.

—No tienes por qué meterte en problemas por esa clase de personas.

Se dio la vuelta y se marchó. Desde su despacho, Lucía había oído cada palabra. Palideció.

A sus ojos, Andrés no era más que un inútil sin futuro. Y ella ni siquiera podía rebatirlo: su hermano había herido gravemente a alguien, eso era un hecho.

Sin embargo, Andrés era su hermano y ella lo conocía. Aunque Andrés había descuidado sus estudios y se metía en peleas con frecuencia, siempre habían sido los otros quienes empezaban. Nunca antes había dejado a alguien en estado grave. Ella también quería averiguar qué lo había llevado a hacerlo esta vez.

Agradecía que Alejandro hubiera aceptado ayudar, pero que juzgara a su hermano delante de Valeria, sabiendo que ella estaba allí… le dolía. Claro: para él, los Morales solo se interesaban por el dinero y el beneficio propio. No tenía una sola buena impresión de ellos.

Valeria miró satisfecha hacia el despacho y siguió a Alejandro. Sus sospechas de antes se disiparon. Alzó la voz a propósito.

—Alejandro, no digas eso. La doctora Morales es muy buena persona.

Él parecía detestar a Lucía. Si no, no habría hablado de ella como de «esa clase de personas». Aunque se conocieran, ¡sin duda no tenían aquella clase de relación!

Sonriente, se enlazó a su brazo.

—¿Me acompañas esta tarde a buscar a Nico? Podemos salir a cenar después.

—¿Viste lo de las tendencias?

Valeria se tensó instintivamente. Había hecho que los fotografiaran a propósito, creyendo que Alejandro no prestaría atención a lo que se dijera en internet. No esperaba que hicieran desaparecer el tema antes de que cobrara fuerza.

Eso confirmaba, de manera indirecta, que él ya no sentía por ella lo mismo que antes. Aun así, mientras siguiera sintiéndose culpable, ella conservaría una oportunidad. Tendría que avanzar con paciencia.

Soltó su brazo y adoptó una expresión arrepentida.

—Me enteré hoy. No imaginé que alguien fuera a fotografiarnos con malas intenciones solo porque me acompañaste a buscar a Nico. Lo siento muchísimo. Te metí en esto.

Alejandro respondió con un sonido breve.

—Al fin y al cabo, no es mi hijo. No puedo darle prioridad en todo. Ya contraté a una niñera. A partir de ahora, ella se encargará de llevarlo y recogerlo.

Valeria entendió perfectamente lo que insinuaba, pero no se atrevió a discutir. Bajó los ojos y apretó los dientes sin que se notara.

—Está bien…

Cuando Alejandro se marchó, volvió a su despacho y barrió de un manotazo los documentos del escritorio. Sí, él se sentía culpable, ¡pero sus sentimientos ya no eran los de antes!

¿De verdad habría otra mujer?

Tomó enseguida el teléfono y marcó un número, con el rostro endurecido.

—Soy yo. Necesito que investigues a alguien: Lucía Morales.

Lucía salió del trabajo muy tarde. Al llegar a Altavista y abrir la puerta, encontró a Alejandro recostado en el sofá de la amplia sala. Tenía el control remoto en la mano y no dejaba de cambiar de canal. Su chaqueta descansaba sobre el respaldo y la corbata floja le colgaba del cuello, casi a punto de caer.

Lucía se detuvo en la entrada, desconcertada. Últimamente él apenas iba por allí. Y ahora…

Alejandro ni siquiera estaba prestando atención a la televisión. En cuanto la vio, la apagó y la sala quedó en silencio. Dejó el control sobre la mesa y la miró.

—No he comido.

Lucía casi creyó haber oído mal. ¿No había vuelto para pedirle el acuerdo de divorcio y firmarlo?

Al verla inmóvil, él soltó una risa despectiva.

—¿Qué pasa? ¿No dije que dependería de cómo te portaras? ¿Ya no quieres abogados para ese hermano tuyo que no sirve para nada?

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