Una oprimida joven con su loba adormecida por veneno huye hacia su destino al descubrir que el implacable Alfa del Norte es su predestinado.
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Capítulo 9: El refugio del Alfa y la sospecha en el salón
En la entrada principal del gran salón, Kael aguardaba con creciente impaciencia la llegada de su joven señor. A pocos pasos de allí, Gaspén, el viejo Alfa, observaba la escena con las cejas arqueadas en señal de interrogación. Al notar las miradas sobre él, Kael se encogió de hombros y le hizo un gesto sutil al veterano gobernante indicando que no tenía la menor idea de dónde se habia metído Harlan. Por su parte, el patriarca se limitó a disculpar a su hijo ante los cortesanos asegurando que aún se estaba preparando, mientras la reina sonreía con complicidad, disfrutando en silencio del carácter indomable de su primogénito. Los saludos oficiales y las primeras condecoraciones a los soldados comenzaron a transcurrir entre aplausos fingidos y murmullos.
Mientras tanto, Harlan había guiado a Mikeila a través de un pasillo secundario hasta adentrarse en su oficina privada, un espacio amplio y sobrio decorado con estanterías de roble oscuro y mapas estratégicos del territorio del Norte.
—Quédate aquí. No hace falta que salgas a saludar ni a dar explicaciones a nadie —ordenó Harlan con tono firme pero tranquilo.
Mikeila lo miró con desconfianza, cruzándose de brazos y evaluando el frío y elegante despacho.
—Tranquila, trabajo aquí. Este lugar es mío —añadió él, adivinando sus temores—. Le diré a uno de mis hombres de confianza que te traiga algo de comer. Cuando terminen las formalidades del banquete, volveré por ti y te llevaré a un lugar seguro.
—¿Y si mi tía pregunta por mí? —inquirió ella, todavía recelosa de la facilidad con la que él parecía controlarlo todo.
—Daré orden a los guardias de decir que no te han visto —respondió él con seguridad.
Mikeila asintió despacio, respirando un poco más aliviada aunque sin bajar del todo la guardia. Paseó la mirada por las paredes repletas de tomos antiguos y se volvió hacia él con un toque de genuino aburrimiento.
—Bien... ¿Puedo leer algo, o me pueden traer algo para entretener la vista mientras espero al señor? —preguntó con una chispa de sutil ironía en la voz.
—Por supuesto —contestó Harlan con una media sonrisa antes de girarse y cruzar la puerta.
Afuera, en los pasillos de piedra, Kael lo esperaba con la capa ceremonial y el broche de plata que identificaba su linaje real. Al verlo aparecer, el fiel caballero recibió las órdenes de inmediato: —en mi estudio privado ay alguien custodiaenlo.—exigió —también llevenle comida, bebida y algunos volúmenes de lectura.—hizo una pausa con una seriedad que desconcertó a su mano derecha, Harlan le ordenó —lleva discretamente que una de las curanderas de mayor confianza del castillo que se presente en mi habitacion personales más tarde esta misma noche.
Kael no entendía el propósito de semejantes peticiones ni para quién eran destinadas, pero asintió con lealtad absoluta y obedeció sin cuestionar.
Con los preparativos en marcha, el nuevo Alfa ingresó finalmente al centro del gran salón. Su presencia impuso un silencio inmediato entre los invitados. Caminó con paso firme hasta los pies del estrado donde se encontraban los asientos reales, se inclinó con orgullo ante su padre y, alzar la voz con autoridad, presentó formalmente a los clanes al heredero y legítimo Alfa de Vintergald.
—Saluden a su nuevo alfa Harlan Blockmonth
Los vítores, las reverencias y los festejos estallaron de inmediato en todo el recinto. Aprovechando el caos de las felicitaciones y el bullicio de la música, Harlan se abrió paso entre la nobleza, se inclinó hacia el oído de su madre y le susurró con urgencia que necesitaba hablar a solas con ella y con su padre antes de que concluyera la noche y se retiraran a descansar. Su madre asintió con severidad, comprendiendo que lo que se avecinaba cambiaría el destino del reino, mientras los festejos a su alrededor continuaban sin tregua.